Padre Stanley Francis Rother, martyr

11 de diciembre de 2016

Arzobispo Pablo S. Coakley

El viernes 2 de diciembre recibimos la tan esperada noticia de que el Papa Francisco había declarado al Padre Stanley Rother, sacerdote y misionero de Oklahoma, un mártir de la Iglesia Católica. Este anuncio oficial abre el camino para su eventual beatificación, en algún momento en 2017, después de lo cual será conocido como el Beato Stanley Francis Rother. Una vez beatificado su nombre será incluido en el martirologio romano, la lista oficial de santos y beatos de la Iglesia Católica.

Aunque esta noticia ha sido seguramente recibida con gran regocijo aquí en Oklahoma, es un regalo y una bendición para todo nuestro país y para la Iglesia universal. Nacido en Okarche en 1935, ordenado sacerdote en la ciudad de Oklahoma en 1963, el Padre Rother se ofreció voluntariamente para servir en la misión de Oklahoma en Guatemala. Pasó el resto de su vida, desde 1968 hasta su muerte en 1981, pastoreando a su rebaño en los remotos pueblos de Santiago Atitlán y Cerro de Oro a lo largo de las orillas del hermoso Lago de Atitlán. El Padre Rother, o Padre Aplas, como era conocido por sus feligreses mayas, fue asesinado en la rectoría de la Parroquia de Santiago Apóstol la noche del 28 de julio de 1981. 

 

Aunque el Padre Rother ha sido oficialmente reconocido como un mártir, fue uno de muchos que sufrieron por su fe durante esos tiempos difíciles en Guatemala. Por negarse a dejar a su rebaño desatendido durante un tiempo de terribles persecuciones, época cuando presenció cómo muchos de sus parroquianos fueron secuestrados y asesinados, lo que lo llevó a su martirio. Esta declaración de martirio es especialmente significativa para la Iglesia en Guatemala, que ha sufrido años de violenta persecución durante su larga y brutal guerra civil.

La santidad del Padre Rother y su heroico testimonio fueron inmediatamente reconocidos por sus amados parroquianos que no querían dejar que su cuerpo regresara a Oklahoma para ser enterrado. La decisión fortuita fue tomada de dejar su corazón en Santiago Atitlan, donde ha sido guardado religiosamente y venerada en la iglesia parroquial y entre los feligreses por los que dio su vida y derramó su sangre.

Su reputación de santo y el modo en que vivió y murió eventualmente llevó al Arzobispo Eusebio Beltrán a abrir la causa para su canonización en 2007. La fase diocesana de este esfuerzo se concluyó en 2010. Desde entonces la causa del Siervo de Dios Padre Stanley Rother Ha estado en manos de la Congregación para las Causas de los Santos. Su decisión de recomendarle al Papa Francisco que reconociera al Padre Rother como un mártir, habiendo sido verdaderamente asesinado por odio a la fe, es lo que ha llevado a este anuncio.

Agradezco al Arzobispo Beltrán y a los muchos miembros de la comisión y el personal de la archidiócesis que trabajaron para reunir el testimonio de decenas de testigos aquí en Oklahoma, así como en Guatemala y otros lugares, y que prepararon la documentación necesaria para que esta importante causa avanzara. Ha sido una obra de amor para muchos.

El Padre Rother ha sido declarado mártir. Es el primer mártir nacido en Estados Unidos y el primer sacerdote nacido en Estados Unidos que ha sido aprobado para ser beatificado. Su ceremonia de beatificación tendrá lugar aquí en Oklahoma City. Estamos esperando información e instrucciones sobre cómo proceder hacia ese maravilloso día para la Iglesia en Oklahoma y más allá.

Una vez beatificado, nuestra tarea en nombre del Padre Rother aún no termina. Para que finalmente sea canonizado como santo de la Iglesia Católica debe atribuirse un milagro a su intercesión. Tales milagros son generalmente milagros médicos, es decir, curaciones que no pueden ser explicadas por la ciencia médica. Hasta este momento hemos estado orando por la beatificación del Padre Rother. Ahora, mientras seguimos orando por su canonización, podemos buscar su intercesión y ayuda para obtener favores celestiales para nosotros y para nuestros seres queridos.

El Padre Rother está siendo ofrecido a toda la iglesia como un testimonio del Evangelio y del poder de la gracia de Dios en nuestras vidas. Fue un hombre ordinario, de una familia católica ordinaria. Él respondió al llamado de Dios al sacerdocio y a los trabajos misioneros en una tierra extranjera. Fue su fidelidad a la gracia lo que le permitió convertirse en todo lo que Dios deseaba para él.

Ruego que su testimonio inspire a muchos jóvenes a estar abiertos al llamado de Dios al sacerdocio y a todos los fieles a darse cuenta de que la santidad no es nada más y nada menos que el pleno florecimiento de nuestra gracia bautismal. Todos estamos llamados a ser santos.