Una mirada a “La Alegría del Amor”

Arzobispo Pablo S. Coakley          17 de abril, 2016

"La Alegría del Amor" (Amoris Laetitia) es la recién publicada exhortación apostólica del Papa Francisco "Sobre el Amor en la Familia". Sirve como un complemento adecuado a su primera exhortación apostólica, "La Alegría del Evangelio" (Evangelii Gaudium) lanzado en el 2013.

Mientras ambas se caracterizan por su modo de escribir accesible, fresco y muy concreto, esta última exhortación es mucho más larga, y considerablemente más compleja al tratar de las muchas realidades que enfrentan las familias y parejas casadas en todo el mundo. “La Alegría del Amor” es el fruto de las deliberaciones de los últimos dos Sínodos de los Obispos sobre el matrimonio y la familia, que se llevaron a cabo en 2014 y 2015.

"Si se tiene en cuenta la innumerable diversidad de situaciones concretas", escribe Francisco, "puede comprenderse que no debía esperarse del Sínodo o de esta exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos”. (AL 300)

El Papa toma un enfoque muy diferente. El no ofrece nueva enseñanza ni tampoco cambia doctrinas de la Iglesia, lo que muchas personas habían esperado o temido. Sitúa esta exhortación dentro de la tradición viva de la Iglesia enraizada en las Escrituras, las enseñanzas de los papas anteriores, el Concilio Vaticano II y de las conferencias episcopales. Es una enseñanza sin embargo, que debe ser aplicada a través de un discernimiento pastoral cuidadoso de las situaciones particulares en las que las personas se encuentran y a través de un acompañamiento amoroso por los pastores de la Iglesia y agentes de pastoral.

"El matrimonio cristiano, reflejo de la unión entre Cristo y su Iglesia, se realiza plenamente en la unión entre un varón y una mujer, que se donan recíprocamente en un amor exclusivo y en libre fidelidad, se pertenecen hasta la muerte y se abren a la comunicación de la vida, consagrados por el sacramento." Este es un buen resumen de la concepción tradicional del ideal cristiano del matrimonio. “Otras formas de unión contradicen radicalmente este ideal, pero algunas lo realizan al menos de modo parcial y análogo." (AL 292)

Hablando de los primeros, Francisco afirma que "No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia… Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia.” (AL 251)

Al mismo tiempo se habla de personas que sufren de la atracción al mismo sexo, el Papa reafirma "que toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar todo signo de discriminación injusta y particularmente cualquier forma de agresión y violencia". (AL 250)

En la introducción a “La Alegría del Amor” Francisco escribe: "No recomiendo una lectura general apresurada. Podrá ser mejor aprovechada, tanto por las familias como por los agentes de pastoral familiar, si la profundizan pacientemente parte por parte o si buscan en ella lo que puedan necesitar en cada circunstancia concreta." (AL 7) Uno de los riesgos, por supuesto, es que ciertos pasajes del documento pueden tomarse fuera de contexto o que el texto se utilizara sólo para recoger fragmentos de citas, sin hacer el esfuerzo necesario para comprender realmente la enseñanza en su riqueza y matices.

El texto de casi 270 páginas incluye dos meditaciones extendidas de las Escrituras, el Salmo 128 en el capítulo 1 y El Himno al Amor de San Pablo (1 Corintios 13). Esta última meditación se encuentra en el Capítulo 4 que lleva por título "El Amor en el Matrimonio", que es sin duda el corazón de esta exhortación. Es el capítulo que probablemente será de mayor interés para las parejas casadas. Las percepciones psicológicas y la apreciación del mundo emocional de los cónyuges, incluyendo las dimensiones eróticas de su amor no tiene precedentes en los documentos papales.

Otros capítulos tratan las experiencias reales y complejos desafíos de las familias, las variedades de formas que el amor se hace fecundado en el matrimonio, incluyendo, por supuesto, a través de la procreación y recibimiento alegre de los hijos. Hay capítulos sobre la educación de los hijos y la espiritualidad matrimonial y familiar.

Mientras que apoya el ideal completo del matrimonio cristiano y llama a todos a una respuesta más completa a la gracia de Dios, Francisco vuelve a una imagen que se ha utilizado a menudo: la Iglesia como hospital de un campo de guerra. (AL 291) Todos nosotros experimentamos quebrantamiento en nuestras vidas. Necesitamos experimentar el toque sanador de la misericordia a través de la Iglesia.

El capítulo ocho se titula, "Acompañar, Discernir e Integrar la Fragilidad". Este es el capítulo que probablemente será de mayor interés para los sacerdotes que están llamados a atender a aquellas parejas cuya experiencia vivida es a menudo menos que ese ideal completo.

El enfoque pastoral que el Santo Padre propone llama a un discernimiento personal y pastoral cuidadoso de todas las circunstancias y en esos casos "irregulares", incluyendo aquellas parejas que se divorcian, la cohabitación, o que no están en un matrimonio sacramental, o que están divorciados y se volvieron a casar civilmente solamente. Se invita a los pastores a acompañar pacientemente estas parejas con la esperanza de reintegrarse gradualmente en la medida posible a la vida de la comunidad cristiana.

El acompañamiento es la clave. Francisco escribe, "un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones ‘irregulares’, como si fueran rocas que se lanzan sobre la vida de las personas." (AL 305) Mediante el acompañamiento y discernimiento pastoral pastores ayuda parejas a encontrar posibles formas de responder a Dios y crecer en medio de los límites. El Santo Padre reconoce los retos y enmarañado que puede ser este enfoque.

"Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna. Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, 'no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino.' "(AL 308)

En última instancia, Francisco señala que es providencial que estas reflexiones vienen durante el Jubileo de la Misericordia como nos advierte, “Es verdad que a veces ‘nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas’." (AL 310)