Un viaje de fe y solidaridad

Por el Arzobispo Pablo S. Coakley                          6 de marzo, 2016

Al sentarme para escribir esta columna mi mente y memoria se inunda con los recuerdos e imágenes de los últimos once días cuando viajé con Catholic Relief Services (CRS por sus siglas en inglés) a dos muy diferentes partes del mundo.

La primera etapa del viaje fue a Oriente Medio donde visitamos el trabajo a que CRS se dedica con sus distintos interlocutores en el Líbano y Jordania. Después viajamos a Ghana, por invitación de los obispos de África Occidental para participar en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Regional de África Occidental. CRS y la USCCB (la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos) han participado en proyectos humanitarios y de pastoreo durante muchos años en solidaridad con la Iglesia en África. Lo que sigue son algunos relatos de lo que tuve el privilegio de presenciar y ahora me siento obligado a compartir.

En el contexto de paisajes sorprendentes, variedad de culturas y la rica historia del Líbano y Jordania me llamó la atención el enorme sufrimiento humano que está barriendo esa región del mundo. Debido a la inestabilidad política y el extremismo violento en Irak y Siria los países vecinos han sido inundados con millones de refugiados y desplazados que huyen de la persecución. CRS y sus socios de Cáritas han intervenido para apoyar proyectos increíbles que traen esperanza y salvan vidas todos los días.

En Beirut visitamos un centro de retención donde las personas indocumentadas se encuentran detenidas, en condiciones precarias, en una instalación del gobierno debajo de un puente urbano. CRS y sus socios están proporcionando un poco más de comodidad y alivio, e incluso ayudando con la construcción de una nueva instalación donde estas personas vulnerables serán capaces de explorar los recursos legales disponibles para ellos de manera digna.

Visitamos un refugio para decenas de mujeres, víctimas del tráfico humano de patrones sin escrúpulos que las atraían como trabajadoras domésticas sólo para retenerles sus salarios y pasaportes. Esto no es otra cosa que una forma moderna de esclavitud que se ha vuelto muy común en todo el mundo.

No es sorprendente que muchas de estas mujeres, en su mayoría de África, también han sido víctimas de abuso sexual y físico. Ellas ahora están siendo amadas y muy bien cuidadas en un lugar secreto encima de una escuela católica en Beirut por un equipo de religiosas y laicas con el apoyo de CRS.

Tuvimos almuerzo con una notable hermana del Buen Pastor, la Hermana Marie Claude Naddaf, quien describió su trabajo, que hace con la ayuda de CRS, como un apoyo a los refugiados en el Líbano y Siria. Su alegría y su espíritu indomable me hicieron pensar en que ella era la Madre Teresa de Calcuta del Siglo XXI.

Uno de los lugares realmente esperanzadores que visitamos fue un centro interreligioso llamado en árabe, Adyan, que significa "religiones". Este instituto dirigido por un sacerdote maronita y una erudita mujer musulmana está trabajando para construir puentes y la comprensión a través de la educación y las iniciativas interculturales. Es uno de los esfuerzos de construcción de paz verdaderamente eficaces en la región.

En Jordania CRS ha trabajado en colaboración con Cáritas Jordania en muchos proyectos. Uno de los sitios que visitamos fue localizado en el moderno Hospital Italiano en Amman. Allí refugiados, principalmente de Siria, pueden inscribirse y  recibir asistencia que va desde servicios de salud y asesoramiento psicosocial hasta la distribución de alimentos básicos y vivienda.

Sin lugar a dudas uno de los proyectos de los cuales me sentí más orgulloso fue el fruto de una nueva asociación entre CRS, los Caballeros de Colón, y Caritas Jordania. Los Caballeros de Colón han proporcionado fondos para apoyar un proyecto de educación para niños refugiados sirios desplazados y alojados en una escuela parroquial católica local. Estos niños, que han estado fuera de la escuela hasta por tres años debido a la guerra y por haber tenido que huir de su tierra natal, pueden ahora asistir a clases que les ayudan a ponerse al día con su grado escolar normal.

En la misma parroquia también celebramos Misa con un grupo de refugiados católicos iraquíes que habían huido a Amman desde Mosul después de que su antigua ciudad cristiana fuera invadida por ISIS. Sus historias son desgarradoras, pero su esperanza está intacta.

En Ghana, fuimos recibidos por los obispos de los doce o más países de África Occidental que componen su conferencia episcopal regional, (RECOWA por sus siglas en inglés). Además de participar en las sesiones generales de la reunión, la ocasión también nos proporcionó una oportunidad para que la Doctora Carolyn Woo, presidenta y directora ejecutiva de CRS, el equipo de trabajo, el personal regional, así como personal de la USCCB y yo pudiéramos interactuar con los obispos sobre asuntos de mutuo interés en nuestras colaboraciones actuales.

Uno de los proyectos de CRS que pude visitar en Accra, la capital de Ghana, donde se llevó a cabo la reunión, fue un programa alojado en una parroquia local con el apoyo de la Oficina de la Arquidiócesis para Matrimonio y Vida Familiar. CRS ha ayudado a desarrollar un programa llamado Fiel Hogar. Surgió en respuesta a la epidemia del VIH/SIDA en África como una forma de frenar la propagación de esta terrible enfermedad mediante la promoción de la fidelidad en el matrimonio. Se ha convertido en un programa de enriquecimiento matrimonial con enorme éxito.

Un elemento que se añadió posteriormente a Fiel Hogar ha sido un componente de planificación familiar natural robusta que le enseña y da apoyo a las parejas que desean alcanzar o espaciar sus embarazos y mantenerse fiel a las enseñanzas de la Iglesia sobre la paternidad responsable.

Cada vez que he tenido el privilegio de viajar a uno de los países en los que CRS trabaja en nombre de los Católicos de los Estados Unidos, he sido enriquecido de manera inimaginable. Este viaje no defraudó. Catholic Relief Services, CRS, les da a los católicos estadounidenses la oportunidad de practicar la solidaridad global como una expresión de nuestra fe católica a través de obras de justicia y misericordia.