Cuaresma: Una época de renovación

Arzobispo Pablo S. Coakley                    7 de febrero de 2016

Cada año la Iglesia nos ofrece la hermosa época de Cuaresma como tiempo de arrepentimiento y renovación. Comenzamos nuestro itinerario cuaresmal esta semana el Miércoles de Ceniza. A medida que nos dejan la señal de la cruz con las cenizas nos están recordando nuestra propia mortalidad; del polvo venimos y al polvo volveremos. Estamos llamados a arrepentirnos y a creer en la Buena Nueva del Evangelio.

Desde sus inicios la Cuaresma era el tiempo final de preparación y purificación de los catecúmenos. Estos fueron los hombres y mujeres que se preparan para el bautismo y la iniciación plena en la Iglesia que iban a celebrar durante el sagrado Triduo Pascual.

Con el paso de los años la época de Cuaresma se convirtió en una temporada de observancia especial para todos los miembros de la Iglesia que acompañaron a los catecúmenos con sus oraciones y se preparaban para renovar sus promesas bautismales en la Pascua. Tal es el rico significado que esta época sigue teniendo hoy día.

El viaje que comenzamos al recibir la señal de la cruz con cenizas el Miércoles de Ceniza conduce a la celebración gloriosa de nuestra victoria sobre el pecado en la fiesta de la Resurrección del Señor. Compartimos su camino pascual de la muerte hacia la vida nueva. Es un tiempo de arrepentimiento durante el cual reconocemos los pecados, pedimos misericordia y buscamos un cambio de corazón.

En el Evangelio de la misa del Miércoles de Ceniza Jesús nos exhorta a estar seguros de que nuestras prácticas religiosas fluyan de una disposición interior del corazón que busca agradar a Dios antes que a impresionar a los demás: "Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean." Nuestras celebraciones cuaresmales necesitan tener tanto una calidad interior y una expresión externa.

En ese mismo evangelio Jesús cita las tres prácticas tradicionales de la Cuaresma: oración, ayuno y la limosna. Estas prácticas siempre son válidas. Podemos ser creativos en la forma en que las usamos, pero es importante que nuestras celebraciones cuaresmales impliquen algún aspecto de los tres.

El ayuno es una forma de expresar nuestra oración corporal mientras buscamos la libertad sobre nuestros apetitos autocomplacientes. La oración es lo que le da nuestro ayuno y otras obras de penitencia una verdadera calidad interior. La limosna es importante para que nuestros ejercicios espirituales no nos lleven a centrarnos en nosotros mismos, sino que nos ayuden a reconocer las necesidades de los demás en actos de misericordia. El camino cuaresmal nos ayuda a expresar nuestro arrepentimiento abriendo nuestros corazones tanto al Señor como también a nuestros hermanos y hermanas, especialmente a los pobres.

Individuos, familias y parroquias podrán tener sus propias costumbres Cuaresmales especiales. Las tradicionales Estaciones de la Cruz de los viernes son una forma probada y verdadera de compartir con el Señor el viaje de su amarga pasión. La lectura y la oración con las Escrituras, especialmente las lecturas litúrgicas del día pueden hacer de esta época un profundo y rico tiempo de gracia. Algunos hacen un compromiso de asistir a las Misas entre semana con más frecuencia. Dejando a un lado algo para los pobres como el fruto de nuestra propia auto-negación es una forma importante de la combinación de las disciplinas del ayuno y la limosna.

El Plato de Arroz de CRS es una ayuda práctica para las familias, las aulas y las personas que nos ayuden práctica limosna. (Incluso hay materiales catequéticos y una aplicación móvil para el CRS Plato de Arroz disponible en www.crsricebowl.org/es.) Como un énfasis especial durante el Año de la Misericordia, un enfoque renovado en las obras corporales y espirituales de misericordia pueden guiar nuestra práctica cuaresmal y hacerla aún más fructífera. Visitar a los enfermos o aquellos que por sus limitaciones no pueden salir de sus hogares, o visitar a los encarcelados, el ofrecerse como voluntario para ayudar a alimentar a los hambrientos o llevar una colecta de ropa en la comunidad son algunas de las muchas formas en las que se les invita a entrar de lleno en la época de Cuaresma con el fin de llegar a un cambio profundo y duradero del corazón.

Las formas de observar la Cuaresma son tan numerosas y variadas según lo creativos que seamos. No obstante, la Iglesia pide que estemos conscientes de la seria obligación de abstenerse de comer carne los viernes de Cuaresma y ayunar y abstenerse el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Algunos de nosotros somos procrastinadores. Podemos esperar hasta que la Cuaresma este casi terminada antes de empezar. Ahora es el momento de decidir en oración que es lo que el Señor nos está llamando a hacer esta temporada. ¿Cuáles son los pecados que tenemos que erradicar de nuestras vidas? ¿Cuáles son las virtudes que tenemos que cultivar? ¿Cuáles son los pasos que tenemos que tomar con el fin de realizar estos deseos? Comience con estas preguntas para formular un plan simple y realista para esta cuaresma.

La Cuaresma es una peregrinación compartida en la fe. Oremos unos por otros.