Roe vs Wade: Una tragedia nacional

Arzobispo Paul S. Coakley                                    24 de enero, 2016

Hay ciertas fechas en la historia de nuestra nación que "viven en la infamia", como comentó una vez el presidente Franklin D. Roosevelt. Estas fechas se han grabado en nuestra conciencia porque están siempre ligados a la memoria de algún ataque sin precedentes contra la vida inocente y en la estructura misma de los principios y valores de nuestra nación. El 7 de diciembre de 1941, el ataque a Pearl Harbor provocó la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, la guerra más costosa en la historia de la humanidad. El 11 de septiembre de 2001 trajo nuestra cara nación a cara con una nueva clase de enemigo, el terrorismo internacional en forma de Al Qaeda.

El 22 de enero de 1973 marca uno de esos momentos claves en nuestra historia también. En esa fecha la Corte Suprema de los Estados Unidos dio a conocer su decisión histórica en el caso de Roe vs. Wade que legalizó el aborto en demanda en los Estados Unidos.

Las consecuencias de esta decisión judicial se han traducido en decenas de millones de víctimas. Las víctimas del aborto no sólo son los niños inocentes cuyas vidas han sido terminados incluso antes de llegar a ver la luz del día. Las víctimas son las madres y los padres de estos niños que viven con las heridas emocionales y espirituales que son las consecuencias de su decisión de abortar.

Toda nuestra nación ha sufrido la pérdida incalculable de dones y talentos humanos no realizados. Entre las 55 millones de víctimas directas del aborto en los Estados Unidos podría haber sido el próximo Martin Luther King Jr., la siguiente Madre Teresa de Calcuta, o la mujer o el hombre que podría haber encontrado una cura para el cáncer. El costo del aborto es incalculable.

Otra consecuencia de esta decisión legal es el desmoronamiento continuo del respeto por la vida y la dignidad de la persona humana. Cuando los más inocentes y los más vulnerables son despojados de la protección legal hemos dado un paso decisivo hacia una pendiente resbaladiza que conduce inevitablemente a promover violaciones de la dignidad humana y el desprecio aún más extendido de lo sagrado de la vida humana.

Aborto sin duda no es el único problema exigiendo nuestra atención y preocupación. Pero es el más sintomático de algo terriblemente mal en nuestra cultura. Es la más atroz afrenta a la vida porque es un ataque contra la inocencia misma.

El abogar por la vida y el promover esfuerzos legislativos han llevado a algunos éxitos notables en limitar la amenaza a los niños no nacidos que Roe vs. Wade representa. Pero estos no son suficientes. Lo que se requiere es un cambio de actitud entre los que son indiferentes al mal del aborto. Lo que se requiere es la esperanza y la conversión. He sido alentado por los diversos esfuerzos para involucrar a la gente en orar por el fin del aborto.

Cuarenta Días por la Vida ha sido una iniciativa valiosa para educar y movilizar a la gente en la oración y testimonio para acabar con el aborto y afirmando la dignidad de cada vida desde la concepción hasta la muerte natural. La importancia de la oración se ha puesto de relieve con el establecimiento de la Capilla de los Santos Inocentes, cuyo principal objetivo ha sido el de acabar con el aborto en Oklahoma City y ofrecer una alternativa a la elección mediante la conexión de las mujeres que tienen en mente el  abortar con organizaciones como Birth Choice que promueven como válida opción el nacimiento. El Señor ha escuchado nuestras oraciones y la clínica de aborto adyacente a la Capilla de los Santos Inocentes recientemente cerro y el abortista que dirigía la clínica fue despojado de su licencia médica.

Incluso mientras oramos para lograr el fin del aborto en nuestro país no podemos descuidar las "otras víctimas" del aborto, las madres y los padres de los niños abortados. Hay gente en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, tal vez en nuestras familias que llevan el peso de su propia participación en el aborto. Ellos necesitan nuestra compasión y comprensión. Afortunadamente, un efectivo ministerio post aborto está disponible en nuestra Arquidiócesis. Se llama Rachel’s Vineyard (Viñedo de Raquel). Rachel’s Vineyard es una experiencia de retiro de fin de semana que se ofrece en un entorno confidencial cuyo enfoque total es la sanación y reconciliación. Animo a los que llevan heridas por el aborto, o conocen a alguien que los está llevando, a considerar este camino de sanación.

Además de las diversas celebraciones locales que se producen cada año en el aniversario del caso Roe vs. Wade la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos ha establecido 22 de enero como un día de penitencia por violaciones a la dignidad de la persona humana cometidas a través del aborto y de oración por la plena restauración de la garantía legal del derecho a la vida.

En el espíritu de oración y de penitencia cada año renovamos nuestro compromiso de convertir la oleada destructiva que se ha desatado a través de la decisión Roe vs. Wade. Nuestro objetivo es construir una cultura de la vida en la que se valora la dignidad de todo ser humano y que a toda vida humana se le otorgue la debida protección desde la concepción hasta la muerte natural.