Por que las escuelas católicas importan

Arzobispo Paul S. Coakley

La Arquidiócesis de Oklahoma City completó recientemente un estudio de investigación sobre nuestras escuelas católicas realizado por la Universidad Católica de América. Los resultados de este amplio estudio se darán a conocer en los próximos meses después de que hayamos tenido la oportunidad de digerir y priorizar las conclusiones y recomendaciones. Una cosa está clara. A pesar de los muchos desafíos que enfrentan nuestras escuelas católicas, son una buena inversión. Y están dando buenos frutos. En este Sooner Catholic ofreceremos el perfil anual de nuestras escuelas católicas. ¡Tenemos una gran historia que contar y que no debemos dudar en hacerlo!

¡Las escuelas católicas en Oklahoma, y en todo el país, están funcionando muy bien! Estos son algunos datos interesantes para tener en cuenta. Partiendo de un costo promedio en las escuelas públicas de $12,054 por alumno las escuelas católicas ofrecen $24 billones en ahorros cada año a los contribuyentes. El porcentaje de graduandos en las escuelas católicas es de 99 por ciento, el más alto entre todas las escuelas religiosas, públicas, privadas y otras. El mismo nivel de excelencia es evidente en el hecho de que el 85 por ciento de los graduados de las escuelas católicas asisten a universidades de cuatro años, una tasa mayor que las escuelas religiosas no católicas, privadas, públicas y otras.

Estos son hechos impresionantes. Pero ciertamente no cuentan toda la historia. Nuestras escuelas católicas ofrecen excelencia académica y una educación llena de fe. Al enfocarse en la fe,  conocimientos y servicio las escuelas católicas están ofreciendo a sus estudiantes una formación integral y estarán preparados para tomar su lugar en la vida de la Iglesia, la comunidad, en la educación superior y en la fuerza laboral.

Parte de la singularidad de la experiencia de la escuela católica es que las escuelas católicas no compartimenta la fe, por lo contrario, se esfuerzan por integrar las riquezas de nuestra fe y los valores católicos en todos los segmentos del currículo total, incluyendo los deportes, las artes y el servicio comunitario.

En el corazón y el centro de la misión de la educación escolar católica está la persona de Jesucristo. Mientras que las escuelas católicas han educado tradicionalmente a los estudiantes sin importar credo, la misión está inspirada y sostenida por nuestra fe en Jesucristo como es vivida en la Iglesia Católica.

Nuestra misión es educar a toda la persona y proporcionar al menos la oportunidad para cada estudiante para oír y responder al Evangelio. La misión de la escuela católica no es simplemente perseguir la excelencia académica, ni simplemente proporcionar una base firme para el trabajo o para la educación superior. Estos son importantes. El propósito de las escuelas católicas, sin embargo, es despertar la fe en los estudiantes mediante la propuesta, la enseñanza, celebrar y vivir el Evangelio de Jesucristo en todo lo que hacemos. Aparte de la familia, no hay ambiente más propicio para el logro de ese objetivo. Nosotros hemos fallado en nuestra misión si no somos intencionales en la formación de discípulos de Jesucristo, que sean buenos administradores con corazones de siervos que persiguen la excelencia en cualquier vocación que Dios les llama a abrazar.

Para la época del año 1800 las escuelas católicas se establecieron en prácticamente todas las parroquias de los Estados Unidos como una expresión vital de la misión de la Iglesia para evangelizar, enseñar y formar a los jóvenes católicos que estén dispuestos a ocupar su lugar como miembros productivos de la sociedad en la gran experimento americano de la libertad y la democracia.

Las escuelas católicas han hecho contribuciones invaluables a la sociedad estadounidense mediante la educación de jóvenes llenos de principios que han tomado sus lugares en el servicio público, profesiones, la atención de la salud, negocios y oficios, la educación, artes, Iglesia y vida familiar.

Las escuelas católicas de hoy son parte de este rico patrimonio y dejarán un legado rico para los que vengan después de nosotros en la medida en que valoremos sus frutos tanto como lo hicieron aquellos que vinieron antes que nosotros.