Su misericordia perdura para siempre

Arzobispo Paul S. Coakley

Este domingo pasado, tuve el privilegio de sellar ritualmente una de las puertas de la Catedral de Nuestra Señora que ha sido designada como una "puerta santa" en anticipación del Jubileo de la Misericordia, que comienza el 08 de diciembre

¿Qué es una "puerta santa"? Cada una de las cuatro basílicas mayores de Roma tiene una puerta sagrada que permanece cerrada hasta el inicio de cada Año Santo, que se produce normalmente cada 25 años. El 8 de diciembre, el Papa Francisco estará quitando el sello de la puerta sagrada de la Basílica de San Pedro en Roma, y en las semanas siguientes quitará los sellos a las otras tres basílicas mayores.

Como un símbolo visible de la comunión universal de la Iglesia, el Papa Francisco ha otorgado el permiso para que cada catedral tenga una puerta sagrada, así como cualquier otra iglesia que el obispo diocesano desee designar. El 13 de diciembre, estaré abriendo oficialmente la puerta sagrada de la catedral de Nuestras Señora.

Cuando el Santo Padre abra la puerta santa para inaugurar el Jubileo de la Misericordia, esta puerta se convertirá en una puerta de misericordia. Aquellos que pasan a través de la Puerta de la Misericordia durante todo el año jubilar están invitados a "experimentar el amor de Dios, que consuela, perdona, e infunde esperanza", como dice el Papa Francisco en su "Misericordiae Vultus," la bula papal que anuncia formalmente este año extraordinario jubilar.

Muchos miles de peregrinos viajarán a Roma durante el Jubileo de la Misericordia, que culminará con la Solemnidad de Cristo Rey en el 2016. Ellos se irán preparando durante su peregrinación para recibir las indulgencias especiales jubilares que otorga a los que cruzan el umbral de las puertas del Jubileo. Como la mayoría de los católicos no pueden viajar hasta Roma, deseo animar a la mayoría a que participen como peregrinos durante este Jubileo de la Misericordia, he designado ocho iglesias de la arquidiócesis como lugares de peregrinación, cada una con su propia puerta de Jubileo.

Cuando se han cumplido las condiciones apropiadas (por ejemplo, la confesión sacramental, la recepción de la Eucaristía, oración por el Papa y ningún apego al pecado) los que pasen a través de las puertas del Jubileo pueden recibir una indulgencia plenaria para la remisión temporal del castigo por los pecados. Esta indulgencia es ofrecida como un signo de la misericordia desbordante del Padre. El Papa Francisco escribe: "Cuando nos enfrentamos a la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud de la misericordia. La Misericordia siempre será más grande que cualquier pecado, y nadie puede poner límites en el amor de Dios, que está siempre dispuesto a perdonar".

"Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Estas palabras bien podrían resumir el misterio de la fe cristiana".

Con estas declaraciones simples pero poderosas, el Papa Francisco inicia su proclamación del Jubileo de la Misericordia. Este año se ha destinado como un tiempo de gracia especial para que la Iglesia se reubique en la misericordia que Dios nos ofrece a cada uno de nosotros enviando a su Hijo, nacido de la Virgen María, para sufrir, morir y resucitar victorioso para nuestra salvación. La misericordia es el corazón del Evangelio. Podemos decir esto, y hasta lo podríamos creer. Pero, con demasiada frecuencia, no somos capaces de experimentar esta verdad. No logramos experimentar la alegría del Evangelio, que es el fruto normal de un encuentro con la misericordia de Dios.

Este año jubilar nos ofrece a cada uno de nosotros la oportunidad de encontrarnos con la misericordia, especialmente a través del sacramento de la reconciliación, que es el sacramento por excelencia de la misericordia.

Misericordia, sin duda, será el centro especial de homilías y catequesis a lo largo de este año. El Jubileo de la Merced ofrece la oportunidad y el estímulo para redescubrir y practicar las obras espirituales y corporales tradicionales de la misericordia tales como acercarnos a los marginados de la sociedad y aquellos que se encuentran en la periferia de la vida y el ministerio de la Iglesia. Estos olvidados, los menos de nuestros hermanos y hermanas, son a los que estamos siendo llamados a reconocer y abrazar con la propia misericordia de Cristo. ¿Quiénes son en nuestras comunidades los que más necesitan experimentar la misericordia? ¿En cuales aspectos de nuestra propia vida necesitamos experimentar la misericordia? ¿Con quién tenemos que buscar la reconciliación? ¿Cómo podemos nosotros mismos llegar a ser canales de la misericordia?

Usted escuchara y leerá mucho acerca del tema de la misericordia en los próximos meses. Sin embargo este Jubileo no se puede reducir a un programa más. No puede seguir siendo abstracto. Misericordia tiene una cara. Misericordia tiene un nombre: Jesús. Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. Es él quien nos invita a pasar a través de la Puerta del Jubileo, que es una imagen de su propio Corazón traspasado, para experimentar la misericordia que el Padre desea prodigar sobre cada uno de nosotros.