Campaña de fondos para los Seminaristas es una oportunidad para apoyar y dar gracias

Reverendísimo Pablo S. Coakley

La semana pasada, durante una visita a una de nuestras escuelas católicas, un estudiante preguntó: "¿Qué es lo que más le gusta hacer como arzobispo?" "Ordenar a los nuevos sacerdotes", fue mi respuesta entusiasta. Lógicamente la próxima pregunta fue, "¿Qué es lo más difícil que tienes que hacer?" La respuesta que ofrecí vino sin una reflexión seria, "¡Las reuniones del Consejo de Finanzas!" Se rieron.

Si hubiera pausado un poco para considerar realmente la pregunta, mi respuesta habría reflejado lo que me estaba preparando para hacer la mañana siguiente cuando presidí en el funeral del Padre Shane Tharp. El Padre Tharp tenía tan sólo 42 años de edad. Hombre bendecido con muchos dones, entusiasta y encontrando su ritmo como uno de nuestros pastores verdaderamente eficaces. Si una de las mayores alegrías de un obispo es la ordenación de nuevos sacerdotes, uno de sus penas es el tener que enterrar a los sacerdotes que han llegado al final de su viaje. Es muy duro perder a un pastor tan fiel, sobre todo cuando muere tan joven. Reflexionado tanto en las alegrías y las tristezas provocadas por esas preguntas de los estudiantes, me di cuenta de lo mucho en que mi vida como obispo está atada al bienestar de nuestros sacerdotes.

Creo que lo mismo podría decirse de la mayoría de los católicos. Valoramos a nuestros sacerdotes. Ellos son una parte importante de nuestras vidas.

Incluso mientras se experimenta el dolor de perder a un joven sacerdote, mi corazón se enalteció en agradecimiento por todos los buenos sacerdotes quienes el Señor ha llamado a servir en la Arquidiócesis de Oklahoma City. Hemos sido bendecidos con la oportunidad de ordenar a ocho nuevos sacerdotes para la arquidiócesis en los últimos dos años. Muchos más han trabajado durante muchos años en la viña del Señor. Ellos han tocado nuestras vidas.

Al acercarse el Día de Acción de Gracias, me acuerdo de una fuente particular de agradecimiento es cuando veo el último cartel de seminaristas en los pasillos del Centro Pastoral. Estamos verdaderamente bendecidos al tener a estos jóvenes en formación en su intento de responder a la llamada de Dios. Estos jóvenes, si Dios quiere, son nuestros futuros sacerdotes. Cada una de sus vidas es un misterio. Dios tiene un plan para cada uno de ellos, como lo hace para todos nosotros.

En los próximos días, todos los hogares de los feligreses registrados en la Arquidiócesis de Oklahoma City recibirán un correo que contiene una versión más pequeña de este mismo cartel de seminaristas. Incluye tres mensajes, uno del Padre Hamilton, nuestro director de vocaciones, uno de nuestros seminaristas, así como uno mío. El propósito de esta iniciativa anual es presentarles a ustedes, el pueblo de la arquidiócesis, a nuestros seminaristas e invitarlos a apoyarlos. Son NUESTROS seminaristas.

Un objetivo muy importante de esta iniciativa es estimular la conversación sobre las vocaciones dentro de nuestros hogares, parroquias y en las aulas. El correo también contiene una oración pidiendo al Señor que siga bendiciendo a nuestra Arquidiócesis con una abundancia de vocaciones sacerdotales.

Es mi esperanza que esta iniciativa proporcionará el estímulo para la oración de acción de gracias y de petición al pedirle al dueño de la mies que envíe más obreros para que cuiden de su mies. Os animo a colocar este cartel en su casa, tal vez en la puerta del refrigerador, y haga esta oración con regularidad en sus hogares y parroquias durante todo el año.

Otro aspecto importante de esta iniciativa es pedirles su ayuda financiera. El costo de la educación de nuestros seminaristas sigue aumentando. Este año, el costo es de aproximadamente $ 50,484 por cada seminarista. Sé lo mucho que nuestro pueblo católico aman el sacerdocio y aprecian nuestros sacerdotes. Por esta razón, les estoy pidiendo su ayuda financiera para cubrir los costos de la educación de nuestros futuros sacerdotes. El alto costo de la educación de nuestros seminaristas requiere múltiples fuentes de ingresos. Esta solicitud anual de fondos para la educación de nuestros seminaristas cubrirá parte de ese costo.

Ya sea que su regalo financiero sea grande, pequeño, o ningún regalo en este momento, por favor, continúe orando por las vocaciones y alienten a los jóvenes a estar abiertos al llamado de Dios en sus vidas. Hábleles acerca de las vocaciones. Invite a los hombres y mujeres jóvenes a considerar una vocación al sacerdocio o a la vida religiosa.

Los jóvenes necesitan nuestro aliento y apoyo para escuchar la invitación de Dios y para responder con generosidad. Gracias por su generosidad.