¿Qué podemos aprender de la muerte de Mark Costello?

Arzobispo Pablo S. Coakley

 La semana pasada todo Oklahoma lamentó públicamente la muerte de Mark Costello quien fue trágicamente asesinado por la mano de su propio hijo, Christian. El gobernador ordenó banderas voladas a media asta en memoria de Mark y en reconocimiento a su dedicado servicio al pueblo de Oklahoma como comisionado del trabajo, cargo que ocupó desde su elección en 2010. Como se hizo evidente en la notable cobertura mediática a lo largo de los días siguientes a su muerte, Mark fue muchas cosas para muchas personas.

 Mark era un esposo y padre dedicado y amoroso. Fue católico, dedicado con pasión a su fe en Jesucristo. Era un hombre de negocios y empresario exitoso. Fue sin duda un republicano comprometido. Era un generoso benefactor de muchas instituciones católicas y otras causas en que él creía. Mark fue amigo de muchos, incluyendo muchos olvidados y pasados por alto.

He conocido a Mark desde 1976, cuando como estudiantes de la Universidad de Kansas participamos juntos de un semestre en el extranjero, en Irlanda. Cuando se casó con Cathy Cerkey en 1982 (en la parroquia a la que Cathy y yo pertenecíamos) fui acólito para la Misa Nupcial.

 Los Costellos estuvieron entre el puñado de personas que conocí cuando llegué a la Arquidiócesis de Oklahoma City y que me dieron una calurosa bienvenida. Esos son algunos de los recuerdos que atesoro de Mark. Lo sorprendente es que muchas otras personas en Oklahoma, y más allá de Oklahoma, tienen sus propias historias y recuerdos de Mark, muchos de los cuales se han compartido a lo largo de estos días. Mark Costello fue una figura pública. Pero también fue un hombre, como todos los hombres y mujeres, que mantienen su consejo sobre algunas de las cosas que más le importaban.

 Entre las cosas que Mark llevaba en su corazón era la carga diaria que sentía por su hijo, Christian. Christian, como la mayoría de la gente ahora sabe, sufre de enfermedad mental. Estaba atormentado por esta enfermedad, al igual que su familia que lo amaba y sufría compasivamente con él. Ellos nunca se dieron por vencidos con Christian, aun cuando se vieron impotentes para detener su comportamiento destructivo.

 Por supuesto, no todo el mundo que sufren de una enfermedad mental se vuelve violento; por lo contrario. Sin embargo, muchas personas que padecen o sufren con amigos y miembros de la familia que sufren de enfermedades mentales se encuentran aisladas, sin recursos y la comprensión adecuada para aliviar el sufrimiento muy real de la enfermedad mental, por parte de la comunidad en general. Como los lectores de esta columna sabrán, se trata de una afección que afecta a muchas más personas que los usualmente reconocidos. Todavía hay un estigma asociado a esta dolencia.

 Mi esperanza es que la terrible experiencia, muy pública y dolorosa, que los Costellos han soportado ayudará a fomentar una mayor comprensión de la realidad y la prevalencia de las enfermedades mentales que afectan nuestras comunidades, nuestras parroquias y nuestras familias. Rezo para que este tomar conciencia de lugar a medidas eficaces que aporten una mayor comprensión y recursos para influir en este problema que tiene un costo sobre personas, familias y la sociedad.

 Cuando Papa Francisco desafía a la Iglesia ya todos los cristianos a salir de las periferias de la sociedad para llevar la luz del Evangelio a todos los necesitados, nos recuerda nuestro deber de recordar y abrazar a los olvidados, los más abandonados de nuestros hermanos y hermanas. Ciertamente, entre estos hay que contar los que sufren el estigma, el aislamiento y la falta de comprensión por las enfermedades mentales.

Recursos para servicios de salud mental en Oklahoma

Reachout Hotline (800) 522-9054

Prevención del suicidio (800) 273-8255

Juegos de azar Hotline (800) 522-4700

Caridades Católicas, San José Asesoramiento (800) 375-8514

Oklahoma Departamento de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias http://ok.gov/odmhsas