Deportes juveniles y el espíritu deportivo

Arzobispo Pablo S. Coakley

 Karol Wojtyla, el hombre que llegó a ser el Papa San Juan Pablo II, fue un atleta ávido. De joven jugaba al fútbol. Cuando era un joven sacerdote invitaba estudiantes universitarios en excursiones en kayak. Después de llegar a ser Papa, continuó a esquiando e incluso tenía una piscina en el Vaticano.

 Al reflexionar sobre la importancia del deporte San Juan Pablo observó que muchos valores humanos importantes, como la lealtad, el juego limpio, la generosidad, la solidaridad y el respeto son comunes tanto en los deportes como en el discipulado cristiano: "¿No son estos los valores deportivos", el Papa reflexionó, "las aspiraciones y exigencias del mensaje cristiano más profundas?" Estos valores son la base de las virtudes humanas sólidas y un carácter sólido.

 Reconociendo que los programas deportivos proporcionan una excelente oportunidad para entrenar y formar hombres y mujeres jóvenes, la Iglesia Católica siempre ha valorado el atletismo como un campo fértil para la pastoral juvenil. Un enfoque bien equilibrado con el deporte ayuda a inculcar los valores humanos y cristianos que preparan a los jóvenes a ser buenos ciudadanos y buenos católicos.

 Por desgracia, hay amplia evidencia hoy que muchos programas deportivos juveniles han perdido ese equilibrio y claro sentido de propósito. Muchos programas deportivos se han convertido en costosas actividades durante todo el año, con la participación amplia de viajes que a menudo le quitan tiempo a la familia e incluso la oportunidad de participar en la Misa. Un estilo de entrenamiento que enfatiza ganar por encima de todo a menudo muestra una preocupante falta de respeto por los jugadores y los opositores. Surgen demasiados ejemplos de "padres rabiosos" que son profundamente perturbadores.

 ¿Qué ha pasado con el viejo refrán: "jugar limpio por encima de ganar o perder"?

 El cínico diría que esto es sólo una racionalización de los perdedores. Pero solía haber un entendimiento común que, si bien el atletismo enseña a los jóvenes a desarrollar sus talentos y utilizar sus habilidades al máximo, el ganar no es el fin último del participar en los deportes. La calidad del trabajo en equipo y el espíritu deportivo que los jugadores y entrenadores presentan en el campo de juego es al menos tan importante como el resultado final. Ganar nos puede enseñar mucho, pero a veces perder nos puede enseñar aún más. Una victoria es hueca si se gana a costa de sacrificar la integridad.

 Como los estudiantes regresan a la escuela este es un buen momento para reflexionar sobre el papel del deporte en nuestras comunidades. Como padres católicos, entrenadores, atletas y aficionados tenemos una responsabilidad compartida dentro de nuestros hogares, parroquias y escuelas para promover una cultura deportiva que sea verdaderamente cristiana.

 ¿Vemos el atletismo como una manera de llevar a cabo una Pastoral Juvenil y Pastoral Familiar? ¿Reconocemos y valorizamos a los deportes como una manera de fomentar el desarrollo del carácter y la construcción de comunidades cristianas? Nuestro comportamiento en la cancha, en el campo y en las gradas es parte de nuestra forma de vivir y dar testimonio de nuestra fe. ¿Cómo nos va este proyecto?