Verano, ocio y el Día del Señor

Arzobispo Pablo S. Coakley

 En el Evangelio, Jesús nos invita a “Vengan… para descansar un poco.” (Mc. 6: 31). Este es un tema oportuno para el verano ya que ahora es el momento en que muchos de nosotros reconocemos nuestra necesidad de descanso, y esperamos un cambio en el ritmo en nuestras vidas tan ocupadas.

 Sea cual sea el ritmo de nuestras vidas, de vez en cuando tenemos que reanimarnos y revitalizarnos. Necesitamos tiempo lejos de nuestro trabajo ordinario y las preocupaciones diarias para restaurar nuestras energías, para disfrutar de las bellezas naturales de la creación, para pasar tiempo con la familia y amigos, para recordar a nuestro Creador. El ritmo de un descanso "sabatino" regular es una parte muy importante del plan de Dios para nuestro bienestar: "El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado" (Mc. 2: 27).

 Por desgracia, el disfrutar del verdadero ocio es casi un arte perdido en nuestra cultura. Muchos de nosotros nos hemos vuelto adictos al ajetreo y actividad. Dependemos demasiado de nuestros teléfonos inteligentes y dispositivos electrónicos para poder relajarnos. Incluso durante nuestras vacaciones, si tenemos la suerte de tener una, a menudo nos sentimos obligados a mantenernos en contacto con el trabajo o llenar nuestros días con tanto viaje y actividad que volvemos aún más cansados y disipados en el espíritu que antes.

 Por supuesto, a veces las cargas y responsabilidades de la vida o las dificultades financieras prohíben el tipo de vacaciones que podríamos desear. Aun así, el Señor desea reanimarnos y revitalizarnos. “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.” (Mt. 11:28).

 El descanso y el reanimarnos y revitalizarnos que tanto anhelan nuestros corazones siempre nos estará eludiendo hasta que reconozcamos la naturaleza espiritual de nuestro anhelo. San Agustín escribió hace muchos siglos, "Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto ¡hasta que descanse en ti!"

 Para los cristianos, el domingo es nuestro día de reposo semanal, nuestro día de descanso. Domingo, el Día del Señor, es parte del ritmo que la ley de Dios y la ley de la Iglesia han establecido y hecho santo para nuestro bienestar y redención. Necesitamos el Día del Señor.

 Desafortunadamente, hemos perdido de vista la singularidad del Día del Señor y lo hemos reemplazado con la idea de "el fin de semana." Los dos no son en absoluto equivalentes.

 En el centro del Día del Señor está el reconocimiento de todo lo que Dios ha hecho mediante la creación y redención en Cristo. Es el día en que se conmemora la Resurrección del Señor. Es nuestro principal día santo, que va enraizando nuestras vidas en culto a Dios a través de la celebración de la Misa con la comunidad cristiana.

 La Eucaristía Dominical establece el ritmo para el resto de nuestra semana. Renovamos el sacrificio de Cristo nuestro Sumo Sacerdote, que a su vez nos alimenta con su Palabra y el Sacramento de su Cuerpo y Sangre. La Misa es la fuente de la que brota la gracia que vivifica y santifica todas nuestras actividades de trabajo y de ocio.

En nuestra cultura secular es imposible sostener una fe viva, o vivir en la amistad con Cristo como discípulos misioneros a menos que estemos comprometidos en mantener la santidad del Día del Señor.

 Este es un desafío muy real. A pesar de cómo nuestra sociedad ha disminuido la importancia del domingo, no es un día como cualquier otro. Tampoco es simplemente parte del "fin de semana."

 Nuestra fiel observancia del Día del Señor nos recuerda que somos ante Dios miembros de una comunidad arraigada en los misterios de Cristo. Es un día para el culto, para el santo ocio, para los amigos y la familia; un día para construir relaciones dentro de la comunidad cristiana, y para formar y ejercer nuestra fe en el servicio a los demás.

 Es un día para estar más conscientes de los ritmos del mundo creado e incluso sumergirnos en las bellezas de la naturaleza. Nos recuerda nuestra dignidad como hijos e hijas, creados a imagen y semejanza de Dios.

 “Vengan… para descansar un poco.” Jesús nos invita a cada uno de nosotros a reanimarnos y revitalizarnos en las fuentes de la vida que el Día del Señor nos ofrece cada semana.