Un primer vistazo a 'Laudato Si'

Arzobispo Pablo S. Coakley

 No hay duda de que "Laudato Si," encíclica del Papa Francisco "Sobre El Cuidado de la Casa Común", ha sido el documento papal más ampliamente anticipado en recientes generaciones.

 Muchas organizaciones de los medios de comunicación, comentaristas sociales y religiosas, y candidatos políticos prepararon puntos de conversación sobre el documento incluso antes de leer lo que realmente dijo el papa.

 Habiendo finalmente tenido la oportunidad de leer este extenso texto, me gustaría compartir algunas de mis propias reacciones y les invito a ustedes a tomar tiempo para leer y reflexionar sobre este notable texto. Es hermoso. Es un reto.

 Una encíclica es una carta del Papa preparado en el ejercicio de su magisterio. Esta encíclica se convierte en parte del creciente cuerpo de Doctrina Social Católica que aplica los principios de la ley natural y Divina Revelación a los problemas y preocupaciones de nuestros días. Desde el nacimiento de la Doctrina Social Católica moderna en el siglo 19, los papas han abordado los problemas y las amenazas a la prosperidad humana planteada por los retos tales como la revolución industrial o la subida de las ideologías totalitarias.

 Esta es la primera encíclica papal dedicado exclusivamente a las preocupaciones ambientales. Dicho esto, lo que llama la atención al lector es su clara continuidad con la enseñanza de los obispos de todo el mundo, y especialmente los predecesores del Papa Francisco, San Juan Pablo II y Benedicto XVI.

 Hoy día, el Santo Padre se dirige no sólo a los católicos o incluso los creyentes, sino "a cada persona que habita este planeta." Él escribe: "En esta encíclica, intento especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común." (3) El tema de "Laudato Si," cuyo título viene de San Francisco de Asís y su hermoso Cántico a las Criaturas, es la crisis ecológica que enfrenta la humanidad.

 Una de las contribuciones más importantes que el Papa Francisco hace al diálogo sobre la degradación del medio ambiente, así como sus causas y efectos se plasma en lo que él llama la ecología integral. Repetidamente, enfatiza cómo todo está conectado. La tierra es nuestro hogar. El modo en que vivimos en nuestra casa afecta a la red de relaciones con otros que comparten nuestra casa común.

 "El descuido en el empeño de cultivar y mantener una relación adecuada con el vecino, hacia el cual tengo el deber del cuidado y de la custodia, destruye mi relación interior conmigo mismo, con los demás, con Dios y con la tierra." (70) Y añade: "No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza."(138-139)

 El Papa Francisco dedica uno de los seis capítulos de este documento a lo que nuestra fe bíblica enseña acerca de nuestra relación con el mundo en que vivimos y nuestra atención a este hogar que compartimos.

 "No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada."(67) De hecho, él nos recuerda que la palabra "creación" "es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado."(76)

 Tenemos que evitar un sentido exagerado de "dominio" sobre la creación, que es excesivamente "antropocéntrica" ​​y conduce a la visión distorsionada que el mundo en que vivimos es nuestro para simplemente usar y consumir para nuestros propios beneficios de corto plazo. En cambio, estamos llamados a una administración responsable de nuestra casa común, recordando que también debe ser desarrollada y preservada para nuestros hijos y nietos.

 Hay muchas afirmaciones inequívocamente claras de la dignidad de la vida humana que quizás algunos no esperaban encontrar en una encíclica sobre la ecología y el medio ambiente.

 El Papa escribe: "No hay ecología sin una adecuada antropología. Cuando la persona humana es considerada sólo un ser más entre otros, que procede de los juegos del azar o de un determinismo físico, "se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad" (118) O también: "Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto."(120) "Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad –por poner sólo algunos ejemplos–, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado." (117)

 Cuando se trata de la degradación del medio ambiente, las personas no son el problema. El problema es el consumismo y una "cultura del descarte". "Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas." (50) "En lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo a proponer una reducción de la natalidad."(50)

 "Laudato Si" es un análisis comprensivo, una visión contemplativa y una llamada profética  a la acción para nuestro tiempo. Mucha gente van a encontrar aquí cuantiosos puntos para ser ofendidos y para discrepar. Es un reto. Es profético. Es esperanzador. El Santo Padre acepta el amplio consenso de los científicos que el cambio climático es real y que las actividades humanas contribuyen a la misma, al menos en parte.

 "Hay discusiones sobre cuestiones relacionadas con el ambiente donde es difícil alcanzar consensos. Una vez más expreso que la Iglesia no pretende definir las cuestiones científicas ni sustituir a la política, pero invito a un debate honesto y transparente, para que las necesidades particulares o las ideologías no afecten al bien común."(188)

 Después de un análisis amplio que incluye una crítica de las tendencias culturales, así como los desafíos económicos y políticos que afectan a nuestra casa común, el Papa Francisco concluye con un llamamiento a la conversión y a una profunda espiritualidad, lo único que puede consolidar nuestros esfuerzos para hacer cambios permanentes y significativos.