Reconstruyendo vidas despues del Súper-Tifón Haiyan

Nota del Traductor: Catholic Relief Sevices, CRS por sus siglas en inglés, se traduce como Servicios de Auxilio Católico, una agencia internacional humanitaria fundada por los Católicos de los Estados Unidos.

Desde mi incorporación a la Junta de Catholic Relief Services hace dos años he hecho tres visitas a diversos lugares con proyectos de CRS en todo el mundo. Ha sido una bendición extraordinaria ser testigo de la buena labor que se realiza en todo el mundo en nombre de los católicos en los Estados Unidos. Mientras que muchos nobles esfuerzos se llevan a cabo en nombre de católicos individuales y comunidades locales, CRS es la agencia de desarrollo humanitario y auxilio de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

Mi visita a principios de febrero a las Filipinas fue la primera vez que había visto CRS en acción en uno de sus programas claves, respondiendo a emergencias. Esta visita se produjo a raíz del Súper-Tifón Haiyan, o Yolanda como es llamado localmente, ocurrido el pasado noviembre. Tres meses después de la devastadora tormenta que destruyó la nación/isla, participé en una delegación que incluyó entre otros a la Dra. Carolyn Woo, Presidenta y Ejecutiva Principal de CRS, el Arzobispo Joseph Kurtz, Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos. Nuestra delegación pasó un tiempo con el personal local de CRS, los dirigentes de la Iglesia local y los socios internacionales de Caritas que han estado en la vanguardia de la respuesta al desastre en Tacloban y Palo en la isla de Leyte, donde pasamos una gran parte de nuestro tiempo.

Ya que Catholic Relief Services ya estaba en las Filipinas en el momento que la tormenta golpeó la respuesta de CRS fue rápida. A pesar de la pesadilla logística CRS comenzó la distribución de servicios de emergencia una semana después de la catástrofe. Dos meses después de la tormenta se habían atendido a casi 45,000 hogares. La operación de socorro alcanzará 60,000 hogares con refugios de emergencia, agua, saneamiento y artículos domésticos básicos. Eso es sólo el comienzo.

Este devastador tifón trajo los más altos vientos sostenidos de cualquier tormenta que haya tocado tierra en cualquier lugar del mundo. Además de los vientos de 200 millas por hora Haiyan trajo una devastadora oleada de tormenta de más de tres metros que infligió daño inimaginable a través de una vasta franja de tierra a través de la parte central de las Filipinas. Como resultado 4 millones de personas han sido desplazadas y más de 1.1 millones de viviendas dañadas. En total se estima que la tormenta afectó a 14 millones de personas y dio lugar a más de 6,000 muertes, con más de 1,700 personas todavía desaparecidas y presuntamente muertas. Miles de familias perdieron sus medios de vivir. El daño a la infraestructura tomará años para ser reconstruida.

 

En este momento la respuesta de CRS está en transición de una de socorro a una de recuperación dirigidas a 20,000 hogares de refugios de transición y otros 15,000 hogares que serán ayudados en la recuperación de sus medios de subsistencia. Vastas áreas de tierras de cultivo de coco y miles de barcos pesqueros fueron destruidas por la tormenta. La economía local se ha visto gravemente perturbada. Miles de refugios de transición se están construyendo a partir de abundantes madera derribada de las palmas de coco, cortado a mano con motosierras y cubiertos con techos de metal. Estos esfuerzos están haciendo disponibles viviendas más que adecuadas para un gran número de familias.

Toda la experiencia fue un poco abrumadora. Entre las impresiones duraderas que mi visita a las Filipinas me han dejado es la asombrosa fe del pueblo filipino. Nunca he visitado un país donde la fe católica es tan evidente y los fieles tan fervientes, incluso en la cara de tal devastación y las penurias. Al visitar ciudades y pueblos la gente estaba siempre lista con una sonrisa, siempre dispuesto a pedir una bendición. En un país en el que la fe Católica es una parte tan integral del tejido de la cultura que la respuesta a las necesidades humanitarias dice sólo una parte de la historia. La infraestructura de la Iglesia también ha sido devastada. En la Archidiócesis de Palo, que fue una de las zonas más afectadas, el 90 % de los edificios de las Iglesias fueron dañadas o completamente destruidas. La Catedral del Sagrado Corazón, que había sido recientemente renovada en la preparación para el 75 º Aniversario de la creación de la Arquidiócesis, fue gravemente dañada. Perdió su techo y celebramos la Misa una noche en un transepto de la iglesia devastada con luz de las estrellas como nuestro único techo.

Obviamente hay mucho trabajo que queda por hacer. Quedé profundamente impresionado por la dedicación del personal nacional e internacional de CRS presente para facilitar esta recuperación a largo plazo. Durante los últimos tres meses muchos miembros del personal han sido alojados en la cancillería de la arquidiócesis local en Palo donde duermen en tiendas de campaña y trabajan desinteresadamente con tremenda habilidad y competencia profesional. Estoy muy orgulloso de nuestro personal de CRS y del tremendo apoyo financiero que se ha dirigido a CRS y USCCB para ayudar en las operaciones de socorro y recuperación. Mientras que CRS tiene el mandato de ayudar con los esfuerzos humanitarios, la Conferencia de Obispos es capaz de dedicar una parte importante de una Colecta Nacional por Haiyan para ayudar a reconstruir las iglesias que han sido dañadas y destruidas.

Poco a poco, la vida volverá a la normalidad. Ellos reconstruirán, incluso después de esas pérdidas devastadoras. Su fe es su mayor recurso.  Recuerden a las víctimas de este desastre en sus oraciones junto con aquellos que generosamente dan y trabajan para ayudarles.

El Arzobispo Coakley fue elegido a la Junta Administrativa de CRS en noviembre del 2011. Fue nombrado Presidente de la Junta en noviembre de 2013.