La cosecha es abundante

12 de Noviembre, 2017
Arzobispo Pablo S. Coakley

Comencé mi observancia del Día de Todos los Santos celebrando Misa en la Escuela Católica All Saints en Norman. Para ser honesto, ¡no me lo perdería! Cada año, cada estudiante de cuarto grado se prepara para observar su fiesta patronal eligiendo un santo, aprendiendo acerca de ese santo y vistiéndose como ese santo para la Misa.

¡La procesión litúrgica es algo para contemplar! Como se imaginarán, hubo santos de todos los ámbitos de la vida: hubo obispos como San Agustín; hubo sacerdotes como el Beato Stanley Rother; había hermanas religiosas como Santa Teresa de Lisieux e incluso un diácono (San Francisco de Asís). Había personas casadas (María y José) y personas solteras (San Juan Diego). Hubo santos que sirvieron a los pobres como Santa Teresa de Calcuta; y aquellos que se dedicaron a la educación como Santa Elizabeth Ann Seton.

Fue una oportunidad maravillosa para enseñarle a los estudiantes y recordarles que todos estamos llamados a ser santos. Los santos provienen de todas las naciones y culturas, de todos los períodos de la historia y de todos los ámbitos de la vida.

Una parte importante de nuestra respuesta al llamado de Dios a la santidad es el discernimiento cuidadoso de nuestra propia vocación. Dentro de nuestro llamado a la santidad hay una vocación personal al discipulado moldeado por los patrones tradicionales de la vida cristiana: matrimonio, vida consagrada o ministerio ordenado. A veces nos encontramos viviendo nuestro llamado bautismal a la santidad como solteros o viudos.

Estamos concluyendo la celebración anual de la Semana Nacional de Concientización Vocacional, que se celebra la primera semana de noviembre. Esta celebración anual es un tiempo para que toda la comunidad católica reconozca la importancia de cada vocación en la vida de la Iglesia.

Como nos lo recuerda el Día de Todos los Santos, la Iglesia se enriquece con una gran variedad de vocaciones y todas pueden conducirnos a la santidad. Es importante para todos nosotros, empezando en nuestros hogares y parroquias, fomentar una cultura en la que se valore cada vocación. Los padres, pastores y catequistas obviamente tienen un papel importante en alentar y guiar a los jóvenes a responder generosamente al llamado de Dios en sus vidas. Pero, todos nosotros tenemos un papel que jugar.

Hace unas semanas, celebré la Misa Anual de Aniversarios Matrimoniales, en honor a las parejas que han estado casadas durante 25, 40, 50 o más años. Es una forma de afirmar la importancia del matrimonio sacramental en la vida de la Iglesia. El matrimonio es una vocación santa.

El 3 de noviembre tuve el privilegio de ordenar a 22 hombres al diaconado permanente. Ellos y sus esposas habían completado un proceso de formación de cuatro años. Estos hombres ahora están ordenados para el ministerio en las parroquias de toda la arquidiócesis. Se han beneficiado del aliento de sus familias y parroquias a lo largo de este proceso. ¡Doy gracias a Dios por nuestros diáconos!

Este año, tenemos la bendición de tener 18 jóvenes en el seminario en varias etapas de formación. Si Dios quiere, estos son nuestros futuros sacerdotes. Ellos serán nuestros pastores y confesores. Serán testigos de sus bodas y traerán los sacramentos de curación cuando estén enfermo. Ellos te acompañarán en el viaje de tus vidas desde el seno materno hasta la tumba. No dudo en que el Señor está llamando a muchos más jóvenes a escuchar y responder a su llamado al sacerdocio.

Estoy seguro de que el testimonio heroico del Beato Stanley Rother será un gran estímulo para los hombres, nuestros jóvenes, que buscan una vida significativa de servicio a Dios y los demás. Nuestros seminaristas necesitan nuestro apoyo, al igual que aquellos a quienes Dios llama al seminario necesitan nuestro aliento.

¡La cosecha es abundante! Es claro para mí qué Dios está derramando ricas bendiciones sobre nuestra arquidiócesis. Por favor, únanse a mí en alentar a más trabajadores para que ayuden a recoger la cosecha de Dios.

Nuestra Colecta Anual para los Seminaristas llegará muy pronto. Por favor, recuerden a nuestros seminaristas en sus oraciones. ¡Mire a su alrededor y anime a otros jóvenes a quienes el Señor pueda estar llamando para que le sirvan como sus sacerdotes y colaboradores en la viña!

Gracias por sus oraciones, aliento y apoyo financiero de nuestros seminaristas. ¡Beato Stanley Rother, ruega por nosotros!