Una invitación personal

17 de Septiembre, 2017

Arzobispo Pablo S. Coakley

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

Cuando regresé a mi segundo año en el Seminario Monte Santa María en Emmitsburg, Maryland, todo el mundo estaba hablando de la muerte del Padre Stanley Rother, un sacerdote de Oklahoma que había muerto en su parroquia misionera en Santiago Atitlán, Guatemala. Era     ex-alumno del Seminario Monte Santa María. Fue una noticia de gran impacto y aparecía en todos los periódicos. Capturó mi atención y despertó mi imaginación. Desde entonces siempre estuve ansioso por aprender todo lo que pude sobre la vida de este heroico párroco.

Así que, en el 2010, tan pronto acepté mi nuevo nombramiento para convertirme en el próximo arzobispo de Oklahoma City (incluso antes de que se anunciara), me dirigí a Okarche, Oklahoma, de manera incógnita, para visitar la tumba del Padre Rother y la parroquia de su infancia. Me sorprendió la solemne comprensión de que ahora era mi responsabilidad llevar adelante la causa de beatificación y canonización del Padre Rother y dar a conocer su historia de generosa caridad pastoral y sacrificio valeroso al mundo.

Siguiendo el ejemplo de Jesús, el Buen Pastor, el Padre Rother había derramado todo su corazón en el servicio a sus feligreses. Durante sus años de ministerio sacerdotal estaba siendo transformado en un ícono vivo del Buen Pastor por el espíritu del Dios viviente que moraba dentro de él. Él dio su todo; Como Cristo dio todo.

Dios ha bendecido a la Iglesia en Oklahoma con esta oportunidad de compartir nuestro buen pastor, e hijo nativo, con el mundo entero y presentar su ejemplo de santidad para las generaciones venideras.

El 23 de septiembre, celebraremos la vida del Venerable Siervo de Dios Stanley Francis Rother en su Misa de Beatificación en el centro de Oklahoma City. La ceremonia será sólo la segunda beatificación en Estados Unidos y la primera beatificación de un sacerdote y mártir nacido en Estados Unidos. ¡Este evento, único en la vida, no debe perderse!

Por favor, únanse a mí, y al Cardenal Amato, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas y los fieles laicos de todos los Estados Unidos y de Guatemala para honrar a un hombre ordinario que fue llamado a hacer cosas extraordinarias.

Todos estamos llamados a ser santos. Alabamos y damos gracias a Dios por levantar a este heroico testigo y modelo ejemplar de santidad sacerdotal para toda la Iglesia. A través de su beatificación, obtenemos un poderoso intercesor en el Beato Stanley Rother. Que continúe orando por nosotros mientras seguimos buscando el camino donde el valiente Pastor ha ido delante de nosotros.

Sinceramente suyo en Cristo


Reverendísimo Pablo S. Coakley
Arzobispo de Oklahoma City