La Convocatoria de Líderes Católicos un momento histórico de gracia

6 de Agosto, 2017

Arzobispo Pablo S. Coakley

Después de años de planificación, más de 3,500 católicos de todos los Estados Unidos se reunieron en Orlando del 1 al 4 de julio para un evento histórico. Como iniciativa de los obispos estadounidenses, "La Convocatoria de Líderes Católicos: La Alegría del Evangelio en América" reunió a delegaciones de todo el país dirigidas por obispos, así como otros apostolados y movimientos católicos para orar, reflexionar y participar en un evento crucial. Diálogo sobre los retos y oportunidades significativos que se ofrecen a la Iglesia en este momento de nuestra historia.

Nuestra delegación arquidiocesana consistió en 14 participantes, muy dedicados todos, que con otros católicos compartieron perspectivas, experiencias y esperanzas, y aprendieron unos de otros.

El impulso único para este acontecimiento provino de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco "Evangelii Gaudium" la "Alegría del Evangelio". En la "Alegría del Evangelio", el Santo Padre convoca a todos los bautizados a abrazar nuestro papel de discípulos misioneros que han sido tocados y transformados por nuestro encuentro con Jesucristo.

Movidos por ese encuentro gozoso, somos enviados en misión para compartir esa alegría con los demás. Toda la Iglesia está llamada a estar en permanente estado de misión. Esta convocatoria desafía a la Iglesia y a todas sus instituciones y miembros a pasar del mantenimiento de la comunidad de fe a la acción misionera. Sólo seguir haciendo lo que hemos estado haciendo porque "siempre lo hemos hecho de esta manera" no es un plan pastoral adecuado.

Desde el día de Pentecostés hemos sido una Iglesia misionera. Nuestra misión es proclamar y dar testimonio del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Con una especial urgencia, el Papa Francisco nos invita a ir hacia las periferias, no sólo como un lugar geográfico, sino especialmente a las personas en nuestras vidas, en nuestras comunidades y en nuestra iglesia que viven en los márgenes existenciales y que a menudo son ignoradas y olvidadas.

Durante la convocatoria, pasamos mucho tiempo examinando la realidad social de nuestra nación. ¿Cuáles son esas periferias? ¿Cómo está presente la Iglesia en esos lugares? ¿Qué está funcionando? Además de las presentaciones magistrales diarias de algunas de las principales voces católicas en los Estados Unidos, hubo decenas de sesiones organizadas por expertos destacados en una variedad de temas para los participantes. Gran parte del beneficio real de la convocatoria se produjo a través de la interacción entre los delegados que tuvo lugar espontáneamente entre las sesiones, durante las comidas y en conversaciones casuales sobre temas de interés mutuo.

Ciertamente uno de los aspectos más importantes de esta convocatoria fue la Sagrada Liturgia. La preparación para el culto divino se hizo con gran cuidado: la belleza de la música, las artes visuales, la experiencia de orar todos juntos la Liturgia de las Horas, y especialmente en la celebración de la Misa. Hubo también una bella procesión con el Santísimo Sacramento. Se ofrecieron además oportunidades para el Sacramento de la Reconciliación, la devoción mariana, la adoración eucarística, la alabanza y la adoración.

Honestamente, la convocatoria superó mis esperanzas y expectativas. Mis expectativas sin duda eran bastante modestas ya que nunca habíamos intentado hacer un evento como este antes. Uno de los frutos alentadores de la convocatoria para mí, y para muchos de los miembros de nuestra delegación, fue una clara afirmación de que muchas de las iniciativas que hemos emprendido en los últimos años aquí en la arquidiócesis van por el mismo camino que el Espíritu Santo está guiando a la Iglesia en nuestro tiempo.

Continuaremos reflexionando sobre los frutos de la convocatoria para poder compartir lo recibido. En las próximas semanas, miembros de nuestra delegación de la Arquidiócesis trabajarán para articular las gracias y las ideas de la Convocación de Líderes Católicos para que puedan ser incorporadas en nuestra planificación pastoral para la Arquidiócesis de Oklahoma City.

¡Ven, Espíritu Santo!