Una verdadera brújula

19 de febrero, 2017

Arzobispo Pablo S. Coakley

Hace unas semanas, "compartí" una publicación en Facebook. Fue una breve declaración pastoral emitida por el presidente y vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. El Cardenal DiNardo y el Arzobispo Gómez ofrecieron un mensaje conjunto como obispos en respuesta a la reciente orden ejecutiva del Presidente Trump sobre los refugiados. Los comentarios de Facebook fueron tan duros y divisorios que rápidamente eliminé lo que había publicado. Fue doloroso recordar lo difícil que a menudo es el involucrarse en el discurso civil sin recurrir a las ofensas e imputar motivos a otros.

El mensaje conjunto de estos dos obispos no fue subversivo, excepto en la forma en que el Evangelio es subversivo al pensamiento convencional. Hablando de la experiencia de los millones de refugiados que huyen de sus hogares en el Medio Oriente y otras partes turbulentas del mundo, dijeron: "Nuestro deseo no es entrar en la arena política sino proclamar a Cristo vivo en el mundo de hoy. En el mismo momento en que una familia abandona su hogar bajo la amenaza de la muerte, Jesús está presente. Y él nos dice a cada uno de nosotros: "Todo lo que hiciste por uno de mis hermanos más pequeños, a mí me lo hiciste" (Mt 25, 40)." Estas son verdades de nuestra fe. Estas son verdades de las cuales necesitamos ser recordados.

Es preocupante que el nivel del discurso en nuestro país en este momento sea tal que los líderes pastorales y otros que buscan iluminar con la luz del Evangelio y con nuestra fe católica a las situaciones sociales y morales verdaderamente desafiantes de nuestro tiempo son frecuentemente callados por aquellos que gritan o son desacreditados por alegaciones de partidismo político.

Un día después me encontré con otra publicación en Facebook que describía bien la sensación de desplazamiento que estaba experimentando. (¡Honestamente no gasto tanto tiempo en Facebook o medios sociales!) Habló de la experiencia de estar "políticamente sin hogar" en nuestros tiempos tan políticamente cargados.

El punto era que vivir con integridad como cristianos y católicos nunca nos permitiría ser adecuadamente identificados por categorías políticas o partidarias. Nunca estaremos plenamente en casa dentro de los confines de cualquier plataforma o agenda política. El Evangelio de Jesucristo trasciende las clasificaciones comunes entre rojo y azul, liberales/conservadoras, que parecen ser nuestro valor predeterminado para analizar nuestro mundo y evaluarnos unos a otros.

El creyente será siempre un enigma para el mundo. Un católico que constantemente se esfuerza por vivir su fe y acatar la verdad liberadora de la Iglesia con respecto a la singularidad del matrimonio, la dignidad de la sexualidad humana y la santidad de los no nacidos se considerará como un conservador. Pero, cuando esa misma persona habla en nombre del migrante y del refugiado, o llama la atención sobre la situación de los pobres y la dignidad de los desamparados o la degradación de nuestro medio ambiente, se le acusa de promover la agenda liberal.

Nuestro reto en estos tiempos políticos es reconocer que la Iglesia debe siempre hablarle a nuestra humanidad común y dignidad humana compartida. Debe proclamar la misericordia de Dios revelada en Cristo para toda la humanidad, especialmente nuestros hermanos y hermanas más pequeños.

Estoy tremendamente orgulloso de ser un estadounidense y un ciudadano de los Estados Unidos. Pero estoy aún más agradecido por haber recibido el don de la fe y haber sido bautizado en Cristo como miembro de su Cuerpo, la Iglesia.

En nuestros tiempos confusos necesitamos una verdadera y confiable brújula para negociar las complejidades de la vida. Nuestras lealtades y alianzas políticas pueden ayudarnos a ordenar y construir una sociedad más justa. Pero sólo nuestra fe puede mantenernos arraigados y orientados hacia nuestra verdadera identidad y destino en Cristo que es el camino, la verdad y la vida.