¡Gracias a Dios por los sacerdotes!

El sábado 28 de junio, la Arquidiócesis fue bendecida con la ordenación de cinco nuevos sacerdotes para servir al pueblo de esta Iglesia local. ¡Han pasado 23 años desde que hayamos tenido una clase tan grande de ordenación! Además de estos nuevos sacerdotes recientemente he ordenado un sacerdote en la Abadía de San Gregorio y tres diáconos transitorios que, si Dios quiere, serán ordenados sacerdotes para la Arquidiócesis el próximo año. El Señor está, en efecto contestando nuestras oraciones y el cumplimiento de su promesa, proporcionando pastores según la mente y el corazón de Cristo. ¡Este es sin duda un motivo de alegría y de acción de gracias para la Iglesia en Oklahoma!
Durante muchos años hemos estado confiando en el generoso espíritu misionero de un gran número de sacerdotes internacionales de varias naciones para proveer cuidado pastoral en torno a la Arquidiócesis. Nos estamos preparando para dar la bienvenida a tres nuevos sacerdotes internacionales, dos de India y uno de Myanmar. Estos hombres han proporcionado una experiencia enriquecedora de la catolicidad, es decir, la universalidad de la Iglesia. Ellos han compartido no sólo su fe y sus generosos corazones sacerdotales con nosotros, sino también nos han enriquecido al compartir sus culturas con nosotros aquí en Oklahoma. Estoy muy agradecido por su ministerio y presencia.
Vamos a seguir en deuda con estos hombres y dependiendo de sacerdotes misioneros hasta que seamos capaces de proporcionar un número suficiente de sacerdotes de nuestras propias familias y parroquias para cubrir las necesidades pastorales de la Iglesia local. Mi oración y mi meta es ver el momento en que ya no estemos recibiendo misioneros, sino enviando misioneros para servir a la Iglesia en general. Ese es el signo de una Iglesia local madura. La Iglesia es misionera por su propia naturaleza.
Para que esto ocurra, todos necesitamos reconocer y aceptar nuestra propia responsabilidad en el fomento de una cultura de las vocaciones dentro de nuestros hogares y parroquias. Comienza con el fomento de los matrimonios y familias fuertes y llenos de fe. ¡Según vaya la familia, así irá la  Iglesia! Así va la sociedad. Dios sigue llamando a hombres y mujeres a una vida de servicio especial en su Iglesia como sacerdotes y como mujeres y hombres consagrados. Tenemos que desarrollar en nuestros hogares el clima favorable que animará la apertura y generosidad a estas vocaciones.
Damos tanto por hecho. Normalmente tomamos nuestra fe por hecho. Se nos llama a la conversión, a cada uno de nosotros. La conversión es un proceso de toda la vida que fluye de un encuentro con la persona de Jesucristo. ¡La alegría de ese encuentro lo cambia todo! Transforma nuestros horizontes y cambia radicalmente nuestros valores. ¡Reconocemos que lo que hemos recibido como un don, debemos dar como un don! No es suficiente convertirnos en discípulos, aunque esto es necesario; estamos llamados a ser discípulos misioneros!
En las próximas semanas nuestros nuevos sacerdotes comenzarán sus deberes pastorales al irse reportando a las parroquias a las que están siendo enviados. Al mismo tiempo, muchos de nuestros sacerdotes están siendo enviados para comenzar nuevas tareas pastorales en parroquias alrededor de la Arquidiócesis. Estos cambios pastorales presentan nuevas oportunidades tanto para nuestros sacerdotes como para la feligresía. Sé que van a darle la bienvenida a estos hombres de la misma manera como acogen a Cristo. Ellos son sus ministros y representantes entre ustedes. Por favor oren por ellos y por más vocaciones.