Sea cual sea el calendario que usemos, todo el tiempo pertenece a Cristo

El año litúrgico comienza el primer domingo de Adviento. El año nuevo según el calendario solar comienza el 1 de enero. El año nuevo lunar comienza con la celebración TÈT. Recientemente el Arzobispo Coakley celebró TÈT en las Misas con dos comunidades vietnamitas en Oklahoma City: el 31 de enero en la parroquia San Andrés Dung Lac y el 1 de febrero en la Catedral de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. El siguiente es el texto de la homilía del Arzobispo para la celebración TÈT en la parroquia San Andrés Dung Lac.

Es un gran placer estar con ustedes para celebrar la fiesta del Tét de nuevo este año. Es una alegría compartir en esta hermosa celebración de nuestra fe católica expresada en ya través de la riqueza de la cultura vietnamita. ¡Estoy muy feliz de desearles a ustedes y a sus familias todas las bendiciones y prosperidad que Dios pueda derramar sobre ustedes en este nuevo año!

Cristo es el principio y el fin de la historia. Todas las cosas son creadas por medio de él y todas las cosas están destinadas a encontrar su realización en él. ¡Él es la Palabra a través de quien Dios crea y redime al universo y por quien Dios dirige todos los eventos de acuerdo a sus propósitos sabios y amorosos! Esta certeza nos da una gran esperanza y consuelo en momentos de dificultad, confusión y dolor. Los acontecimientos de nuestras vidas no son aleatorias, sino gobernados y redimidos por Cristo a través de la voluntad salvífica y Providencia amorosa de Dios

A través de los siglos, las grandes culturas y civilizaciones del mundo han desarrollado muchas formas de marcar el paso del tiempo. Tradicionalmente estos diversos calendarios y formas de medir el tiempo, se han basado en la observación cuidadosa de los movimientos de los grandes cuerpos celestes: el Sol y la Luna, de cuya creación hemos oído hablar hoy en la primera lectura del libro de Génesis. De cualquier manera que podamos medir el comienzo y el final de cada año que pasa, es decir, si de acuerdo con un calendario solar o lunar, ¡nuestra fe católica afirma que todo el tiempo le pertenece a Cristo! ¡Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre!

 

Para nosotros, los creyentes, por lo tanto, la celebración del Año Nuevo es una ocasión de gran alegría y esperanza espiritual. Vemos como trabaja la mano de Dios y la Providencia amorosa para renovar sus bendiciones entre nosotros. San Pablo nos impulsa en la segunda lectura de hoy, diciendo: " Alégrense siempre en el Señor. " ¡Esa alegría debe ser especialmente evidente en la actualidad, al celebrar el comienzo de un año nuevo! No creemos que el tiempo o la historia como un ciclo sin fin de la repetición de acontecimientos sin sentido ni propósito o dirección. Dios tiene un plan para el mundo que él creó y redimió en Cristo. Dios tiene un plan para nuestras vidas, para la de cada uno de ustedes, y para la mía. Por lo tanto, como dice San Pablo: " ¡No se inquieten por nada!”

¡En el Evangelio Jesús nos insta a no preocuparnos por el futuro! ¡Fíjense cómo Dios provee para todas las criaturas sobre la faz de la tierra! Él cuida de toda la creación: los animales y las plantas. ¡Y cuánto más valioso somos a sus ojos? No sabemos lo que el mañana pueda traer, pero estamos llamados a vivir por fe y eso significa vivir en la esperanza y la confianza de la continua providencia amorosa de Dios y el cuidado de cada uno de nosotros hoy, mañana y todos los días.

No sé si es una costumbre con Tét, pero en la cultura americana el Año Nuevo es una ocasión para hacer nuevas resoluciones. Al comenzar este nuevo año tomemos la determinación de volverse hacia Cristo y aprender de él. Vivamos en paz unos con otros, dejando ir todo el miedo y la desconfianza. Hagamos el propósito de perdonarnos unos a otros de las heridas del pasado, así como Cristo nos ha perdonado. Hagamos el propósito de ser pacientes con las debilidades y defectos de los demás, como Cristo es paciente para con nosotros. ¡Alegrémonos en el Señor siempre! Si resolvemos a vivir de esta manera la paz de Cristo morará aquí en esta parroquia, y en sus hogares, y en sus corazones.

A medida que continuamos nuestra celebración de la Eucaristía de esta mañana demos gracias a Dios por las bendiciones del año recién terminado. Con renovada esperanza y confianza encomendemos el año que nos ocupa a la amorosa Providencia de Dios. ¡Que el Señor les bendiga a ustedes y a todos sus seres queridos en el Año Nuevo!