Una Invitación a la Oración

Desde el sorprendente anuncio del 11 de febrero de que nuestro amado Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, dimitiría de su Oficio el 28 de febrero, la Iglesia y el mundo han lidiado para encontrar palabras y gestos apropiados para responder a esta nueva realidad. Sólo en dos ocasiones anteriores, en 1294 y 1415, algo similar ocurrió.

Preguntas surgieron inmediatamente; preguntas prácticas. Cuando me reuní con los medios de comunicación en el día del anuncio se me preguntó: "¿Qué va a ser llamado después de su renuncia?" y "¿Qué va a traer puesto?" Hubo también preguntas de más sondeo: "¿Cuál será el legado del Papa Benedicto XVI? "" ¿Qué pasa después? "

Estas y muchas otras preguntas han estado en las mentes de muchos católicos así como de  personas de otra fe y de sin fe en absoluto. El interés que despierta este evento improbable nos recuerda la importancia del Obispo de Roma, el Papa, no sólo para los católicos que suman más de un billón de miembros en todo el mundo, pero su importancia para toda la humanidad. La suya es una voz singular de  autoridad religiosa y moral que no siempre puede ser atendida, pero rara vez es ignorada.

Las preocupaciones que han llenado la mente de muchos durante los primeros días después de este anuncio, tal como su título (después de la dimisión) o incluso su legado ciertamente no son las preguntas que el Santo Padre paso tiempo pensando en llegar a su decisión. Como él mismo reconoció esta fue una decisión tomada delante de Dios, y sólo Dios. Se baso únicamente en lo que el Papa Benedicto determinó que era mejor, no para sí, pero para la Iglesia. Tras reconocer que su fuerza, debido a su avanzada edad y la debilidad física concomitante, ya no era adecuada para cumplir con las responsabilidades y asumir la carga de su Oficio, él resolvió renunciar al ministerio Petrino. Al hacerlo, él abre el camino a otro hombre a quien los Cardenales electores, guiados por el Espíritu Santo, deberán seleccionar para ocupar la Cátedra de Pedro, en el curso del próximo Cónclave. Es difícil imaginar una demostración más humilde del amor duradero y la preocupación por la Iglesia, que este Siervo de los Siervos de Dios ha hecho el fundamento de su vida y ministerio.

Los próximos años darán una oportunidad adecuada para evaluar el legado del papado del Papa Benedicto XVI y sus otras contribuciones importantes como sacerdote, teólogo, obispo y cardenal. Este momento, sin embargo, es un momento para dar gracias. Aquí no tenemos algún paradigma determinado a seguir. A pesar de que pronto va a renunciar, él todavía estará con nosotros. No estamos de luto por la muerte de un Papa. Nos ofrece una oportunidad para expresar nuestra gratitud de varias maneras.

Estoy proponiendo que todos los sacerdotes, diáconos, mujeres y hombres consagrados, y todos los fieles de la Arquidiócesis de Oklahoma City se unan juntos en oración durante estos días. Les pido que empecemos una novena el martes, 19 de febrero que concluye el jueves, 28 de febrero, el día de la dimisión del Santo Padre. La misma oración de gratitud y de súplica puede ser utilizada después de esa fecha y hasta que la elección de un nuevo Papa se haya logrado.

La oración, desarrollada por el Capellán Supremo de los Caballeros de Colón, el Arzobispo William Lori, debe ser utilizada para concluir la Plegaria Universal (Oración de los Fieles) en cada misa. También se puede rezar personalmente, en el hogar, en reuniones parroquiales, y en escuelas.

Gracias por aceptar esta invitación a orar por la Iglesia. En este momento, nuestros corazones se llenan de gratitud por el ministerio del Papa Benedicto XVI. Encomendamos el futuro de la Iglesia y de la Sede de Pedro a Cristo, el Buen Pastor, quien prometió nunca dejar sin atención a su rebaño. 

Oración por la Iglesia

Señor Jesucristo, Supremo Pastor de Tu Iglesia,

te damos gracias por el ministerio del Papa Benedicto XVI

y el generoso cuidado con el que nos ha guiado

como sucesor de Pedro, y tu Vicario en la tierra.

 

Buen Pastor, que fundaste Tu Iglesia

en la piedra de la fe de Pedro

y nunca dejas a tu rebaño desatendido,

míranos con amor ahora,

y sostén a tu Iglesia en la fe, esperanza y caridad.

 

Concede, Señor Jesús, en tu infinito amor por nosotros,

un nuevo Papa para tu Iglesia

que te agrade por su santidad

y nos guie fielmente hacia Ti,

que eres el mismo ayer, hoy y siempre.

 

Amén.

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