Verded Y Tolerancia

 1/27/2013

En una homilía pronunciada en presencia del Colegio Cardenalicio antes del cónclave de 2005, el cual lo eligió como Papa Benedicto XVI, el Cardenal Joseph Ratzinger habló de las amenazas que el nuevo Papa, quienquiera que fuese, tendría que enfrentar. Entre los muchos desafíos que enfrenta la Iglesia al comienzo del siglo XXI, el cardenal Ratzinger observo,  lo que él llamó "la dictadura del relativismo".

El relativismo es el principio filosófico que niega cualquier verdad objetiva, es decir, cualquier verdad que es verdad para todos. Su corolario niega que existan normas morales universalmente válidas. Sólo hay opiniones subjetivas: "Lo que es verdad para ti no lo es necesariamente verdad para mí." Teniendo en cuenta estos principios del relativismo, ¡podemos fácilmente imaginarnos la malísima e inevitable situación que nos está esperando a la vuelta de la esquina!

De hecho, la mente humana está ordenada de manera que busquemos naturalmente la verdad y seamos capaces de captar la verdad una vez que la descubramos.

De una forma u otra, el relativismo ha existido por mucho tiempo. Jesús dio testimonio ante Poncio Pilato, que Él había venido para dar testimonio de la verdad. Pilato sólo pudo responder: "¿Y qué es la verdad?" (Jn. 18:37-38). El relativismo es un asalto a los fundamentos mismos de la sociedad y a la comunicación humana. Si no existe una verdad objetiva, ¿qué ocurre con la honestidad y la integridad? ¿Cuál ha de ser el principio y el fundamento que rige nuestras relaciones y acciones humanas? Tristemente, es la crudeza del poder que usualmente llena este vacío.

Al referirse a la forma contemporánea de este error filosófico como la "dictadura del relativismo", el Cardenal Ratzinger (Benedicto XVI) destacó su fuerza y naturaleza agresiva.

El relativismo es un peligro tanto en la cultura religiosa como en la secular. Cuando se divorcia de la verdad, la verdad que puede ser comprendida no sólo por la fe sino también a través de la razón, la religión corre el riesgo de ser secuestrada por las diversas formas de extremismo y fundamentalismo. Fe y fervor religioso irracional puede rápidamente hacer uso de la violencia en búsqueda de sus objetivos, como el mundo ha presenciado con demasiada frecuencia, incluso en nuestros días.

Pero este principio relativista está también en el corazón de la cultura secular en países como el nuestro. En efecto, a menudo es adoptado con un fervor cuasi religioso. En la forma secular del relativismo, la tolerancia ha derrotado la verdad. Careciendo de un fundamento en la verdad, la tolerancia de las opiniones y conductas subjetivas de cada persona se convierte en la regla y ley más importante para guiar la conducta moral. Hoy en día tal vez el peor insulto es acusar a alguien de ser intolerante. ¡Y sería muy intolerante (según se desarrolla el argumento)  decir que las uniones del mismo sexo, la clonación humana, el aborto, la pornografía, la explotación de los vulnerables o cualquier otra insulto a la ley natural o de la verdad religiosa es un error! De hecho nosotros si le debemos respeto a cada persona y se debe de tolerar su derecho a tener sus propias ideas y opiniones. Pero eso no nos absuelve de la obligación de evaluar la verdad de esas opiniones y la calidad moral de las acciones que se derivan de ellas.

Al comentar sobre la cultura secular que en gran parte ha adoptado un credo relativista, el Papa Benedicto XVI dijo que, “en una sociedad… (Relativista), falta la luz de la verdad, más aún, se considera peligroso hablar de verdad, se considera "autoritario"”.  Puedo percibir un tiempo en un futuro no muy lejano cuando se le considerará como "discurso de odio" el sostener y  defender públicamente  las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio. Irónicamente, la así llamada tolerancia la cual el relativismo secular  toma como su único valor absoluto se vuelve altamente intolerante hacia cualquier afirmación basada en la fe en que la verdad puede ser conocida con certeza.

La tolerancia es en verdad una virtud. Sin embargo, divorciada de la verdad, la tolerancia ideológica ciega se convierte en una de las fuerzas más agresivamente intolerantes y corrosivas en la sociedad.