Una Reflexión Adicional Sobre Las Próximas Elecciones

10/21/2012

“Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos.” Con esta línea memorable Charles Dickens comienza su clásica novela Historia de Dos Ciudades describiendo un período particularmente turbulento de la historia de Europa, no muy diferentes a las nuestra. Mientras que nadie podría llamar nuestros días como “el mejor de los tiempos,” podríamos decir con toda honestidad que nuestros días pueden los más consecuentes de los tiempos. Las decisiones que nosotros los estadounidenses haremos en las próximas elecciones están entre las más consecuentes para las generaciones futuras de nuestra nación y sociedad. A medida que la retórica política se va calentando en estos días cercanos a las elecciones generales, les corresponde a todos los ciudadanos católicos a considerar en oración y concienzudamente los asuntos de peso que están en juego para nuestra nación. Ningún partido político o candidato expresa plenamente todas las preocupaciones que afectan a la persona humana, el bien común y la sociedad justa que fluyen de nuestra fe Católica. Sin embargo, existen algunos asuntos importantes que no debemos pasar por alto a la hora de juzgar entre los candidatos.
El Papa Benedicto XVI, hablándole a un grupo de políticos en 2006, declaró: “Por lo que atañe a la Iglesia católica, lo que pretende principalmente con sus intervenciones en el ámbito público es la defensa y promoción de la dignidad de la persona; por eso, presta conscientemente una atención particular a principios que no son negociables. Entre estos, hoy pueden destacarse los siguientes:
— Protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural;
— Reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social;
— Protección del derecho de los padres a educar a sus hijos.”
El Santo Padre habla de estos como principios no negociables para los Católicos en la vida política porque implican acciones que son intrínsecamente malas, es decir, siempre moralmente malo, sin importar las circunstancias. Un católico con una conciencia bien formada nunca podrá optar a favor de éstos, u otros males intrínsecos. (He escrito sobre esto en una columna anterior).
Hay, por supuesto, otros asuntos que merecen nuestra consideración en oración al acercarnos a las urnas. Debido a que estos otros asuntos no tienen que ver con la elección de un mal intrínseco, dejan espacio para que católicos de buena conciencia puedan llegar a conclusiones diferentes basados en sus mejores y prudentes juicios. Estos incluyen los diferentes caminos que los candidatos pueden proponer para hacer frente a la mitigación de la pobreza, la provisión de servicios de salud, el uso de la pena de muerte, y la reforma migratoria. Estos son temas importantes para nuestro tiempo, aunque no a la par con nuestro deber de proteger la vida humana inocente y defender la santidad del matrimonio.
Una preocupación que ha surgido en forma especialmente fuerte, re-cientemente ha sido la creciente amenaza a la libertad religiosa en los Estados Unidos y alrededor del mundo. Entre estas amenazas, por supuesto, es el mandato federal HHS, la cual obligaría a los que tienen objeciones religiosas a ofrecer tipos de cobertura de seguro médico que incluye males intrínsecos tales como las drogas que inducen el aborto, la esterilización y los anticonceptivos. En algunas partes del mundo, incluyendo los Estados Unidos, el derecho fundamental a la libertad religiosa y los derechos de conciencia están siendo eclipsados por una marea creciente secular de relativismo moral y de ateísmo militante.
En última instancia, no importa quién gane o pierda en las próximas elecciones vamos a hacer bien en aferrarnos a la convicción que nuestra fe proclama: “Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.” (Salmo 124:8). En Dios confiamos. No buscamos nuestra salvación en términos políticos, o a través de los programas políticos. Nuestra salvación viene por medio de la Cruz de Jesucristo. Esto significa que en realidad tendríamos que sufrir por nuestra fe y nuestras profundas convicciones. Dada la gravedad de muchas de las amenazas que se ciernen hoy en día, tales como la erosión de la libertad religiosa, y el flagrante desprecio por la santidad de la vida, del matrimonio y de la familia, los creyentes están llamados a estar dispuestos a abrazar la Cruz.