Nuestros Deberes Morales Como Ciudadanos Católicos (Conclusión)

9/23/2012

En mis dos columnas anteriores he escrito sobre la importancia de una conciencia bien formada en la práctica de la ciudadanía responsable. Sin una conciencia rectamente formada arraigada en los principios morales universales e iluminada por nuestra fe Católica, se corre el riesgo de seguir a un guía ciego. Es probable que nuestra conciencia haga juicios erróneos acerca de las políticas y los candidatos que promueven o se oponen a los derechos fundamentales y bienes auténticos necesarios para que una sociedad justa prospere. El votar de acuerdo con su conciencia, rectamente formada es ayudada, tanto por la virtud de la prudencia y de la oración. Pero también tenemos que hacer nuestra tarea. Tenemos que conocer a los    candidatos y sus posiciones, especialmente en las cuestiones más importantes. Si tenemos la intención de cumplir con nuestro deber cívico y moral como ciudadanos Católicos responsablemente tenemos que examinar estas cuestiones no principalmente desde la perspectiva de la política partidista o de interés propio bien entendido, pero en la luz de la fe.
En nuestra vida personal y pública tenemos la obligación tanto para perseguir el bien y oponernos al mal. Mientras que los Católicos de buena conciencia legítimamente pueden diferir en sus opiniones sobre el mejor curso de acción con respecto a las diversas propuestas y estrategias que permitan avanzar en el bien común, como en los debates sobre la reforma de salud o la economía, hay algunas cuestiones sobre las que no podemos estar en desacuerdo sin abandonar las enseñanzas fundamentales del Evangelio y de la Iglesia Católica.
Como Católicos, nunca debemos elegir algo que es intrínsecamente malo, incluso como un medio para un fin bueno. El principal de estos males intrínsecos es la destrucción deliberada de la vida humana inocente. “Este ejercicio de la conciencia comienza siempre por oponerse a las políticas que violan la vida humana o debilitan su protección. Los que a sabiendas, voluntariamente, y directamente apoyan las políticas públicas o leyes que socavan los principios morales fundamentales cooperan con el mal.” (Formando la Conciencia para ser Ciudadanos Fieles, USCCB).
Vivimos en un mundo imperfecto. No todas las leyes son justas. Algunas existen en grave violación de la ley natural y de los principios morales universales. Piense en el más obvio: la protección jurídica que permite la destrucción de la vida humana inocente a través del aborto o mandatos del gobierno que obligan a los ciudadanos a violar sus conciencias a fin de obtener acceso a la atención de la salud. Cuando las leyes moralmente defectuosas ya existen, los que formulan las leyes y todos los que participan en la vida pública tienen la obligación por su conciencia de trabajar para corregir esas leyes moralmente defectuosas. Si nosotros, los ciudadanos y aquellos en  cargos de autoridad legítima descuidamos tratar de limitar el daño y anular estas leyes también nosotros estamos cooperando en esa maldad. Tenemos la obligación de hacer todo lo que podamos y buscar mejoras incrementales incluso con consideración a la supresión, de la injusta ley o política.
Del mismo modo, un Católico no puede votar correctamente por un candidato que apoya un mal intrínseco, como el aborto o la eutanasia, si la intención del votante es apoyar esa posición. Esta sería una cooperación formal en el mal grave y sería un pecado grave. Un candidato puede parecer atractivo porque sus posiciones sobre una serie de cuestiones son consistentes con nuestros valores y principios Católicos. Pero ¿y si él o ella toma posiciones en apoyo de ciertos males intrínsecos también? Tenemos que reconocer que no todos los productos tienen un peso moral de igualdad. No podemos pasar por alto las cuestiones más fundamentales. Incluso antes de que la promoción de determinados bienes, hay una reclamación previa en nuestra conciencia para oponerse a los actos que son siempre malos. Con el fin de justificar el votar por un candidato que apoya un mal intrínseco, como el intento de redefinir el matrimonio, esto requeriría una razón moral proporcionalmente grave para ignorar tal falla profunda. ¡Esto puede ser más fácil de concebir en la teoría que descubrir en la práctica real! Esto es particularmente evidente cuando se considera la destrucción de decenas de millones de vidas humanas a través del aborto. ¿Cuál podría ser la razón moral proporcionalmente grave que permitiría a un votante Católico  ignorar este mal?
Por último, si todos los candidatos que ocupan cargos en favor de algunos males intrínsecos, los votantes Católicos con buena conciencia se enfrentan a un dilema. Debido a que tenemos una obligación moral a votar, decidir no votar no es normalmente una solución aceptable. Después de una cuidadosa deliberación podemos decidir votar por el candidato que sea menos probable para avanzar en la posición moralmente errónea y que haga el menor daño, mientras se promuevan otros productos auténticos.
El votar no es sólo un acto cívico o político. El votar es un acto moral que implica deberes y responsabilidades. Exige una conciencia rectamente formada. Se requiere una evaluación cuidadosa y honesta de los candidatos, las cuestiones y los principios que están en juego para nuestra sociedad. Como siempre en las próximas elecciones hay asuntos muy serios. Nuestra elección de candidatos requiere oración y  una cuidadosa consideración de las consecuencias morales de nuestras opciones políticas.
Como obispos no les decimos a los ciudadanos Católicos por cuales candidatos deben votar. Nuestro deber es enseñar. Nuestro deber es ayudar a los Católicos en la adecuada formación de nuestras conciencias para que podamos tomar nuestras decisiones políticas sobre temas y candidatos a la luz de las verdades de nuestra fe Católica y los principios morales universales.
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