Nuestros Deberes Morales Como Ciudadanos Católicos (Parte 1)

8/26/2012

Con las elecciones generales acercándose rápidamente ahora es el momento para que todos los ciudadanos se preparen para emitir nuestro voto de manera consciente e informada. Es nuestro derecho y nuestra responsabilidad. No es sólo una obligación civil, sino también un deber moral. Ser ciudadanos responsables es una virtud y la participación en la vida política es una obligación moral. Nosotros los Católicos tomamos esta responsabilidad muy en serio. O por lo menos deberíamos hacerlo.

A través de nuestras diversas declaraciones pastorales de los obispos Católicos de los Estados Unidos a través de los años han reafirmado en repetidas ocasiones el papel de la Iglesia en la vida pública. Hemos hecho hincapié en nuestra responsabilidad de participar en la formación del carácter moral y ético de la sociedad en que vivimos. Nosotros no hacemos esto de una manera partidista. De hecho, a menudo los Católicos pueden sentirse políticamente marginados dado que no hay un partido político, y solo hay pocos candidatos que comparten plenamente nuestro compromiso global para toda la gama de auténticos bienes humanos. Estos compromisos comienzan con la protección de la vida y dignidad humana desde su concepción hasta su muerte natural. Estos incluyen la promoción y defensa del matrimonio, la preservación de la libertad religiosa y los derechos de la conciencia, así como una gran cantidad de otros bienes, tales como el cuidado de la salud, una economía justa y muchas preocupaciones que llevan directamente al florecimiento humano y del bien común.
El clero y los laicos tienen roles importantes que son complementarios en la vida pública. Como obispos y sacerdotes tenemos el deber de transmitir la enseñanza moral y social de la Iglesia. No es nuestro papel ni nuestra intención, decirles a los católicos cómo votar con respecto a un candidato en particular o a un puesto político. Más bien, es nuestra responsabilidad como maestros de la fe  ayudar a los Católicos a formar una  conciencia correcta para que puedan emitir sus votos a la luz de los principios morales fundamentales que están arraigados en la verdad que surge de un discernimiento a través de la razón e iluminada por la fe Católica.
El Papa Benedicto XVI escribe en su carta encíclica, Deus Caritas Est, con relación a la responsabilidad específica de los laicos en la vida pública. Él dice: "El deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos." Este deber de los laicos exige un compromiso serio y verdadera participación en la vida pública. Nuestra fe requiere un compromiso político, sin embargo, uno que vaya más allá de citas ligeras, la política partidista y estrecho interés propio. Más bien los Católicos deben participar en este proceso fundamentándose en  las convicciones morales de una conciencia bien formada y enfocada en la promoción de la dignidad de cada ser humano, la búsqueda del bien común y la protección de los débiles y vulnerables.
Cuando nosotros los católicos presentemos nuestro voto debemos de ser guiados por convicciones morales enraizadas tanto en nuestra fe como en nuestra razón humana, y no sólo por nuestra afiliación política. Como Católicos debemos trabajar para influir y transformar el partido al que pertenecemos, en lugar de permitir que el partido influya en nosotros de tal manera que dejemos a un lado las verdades morales fundamentales, como el derecho a la vida, la naturaleza del matrimonio, o la dignidad de los pobres y de los inmigrantes.
La Fe y la razón son las fuentes de nuestros principios morales. La Fe nunca es incompatible con la razón humana. Más bien, expande los horizontes de la razón. Nuestra Fe Católica, tal como se revela a través de la Palabra de Dios e interpretada por el Magisterio de la Iglesia, nos da una visión clara de lo que es verdadero y bueno para cada persona, para la familia y para la sociedad. Es la visión que Cristo nuestro Maestro ha revelado para estar en acuerdo con nuestra naturaleza humana y nuestro destino como hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios, redimidos por Cristo y dotados por Dios con dignidad, derechos y responsabilidades. (Continuará).