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Jesús, la puerta

Nota del editor: La siguiente es la transcripción de la homilía del Arzobispo Paul Coakley a la graduación de la clase de 2014 del Colegio Seminario de la Concepción. Dada el 11 de mayo de 2014.

Estoy muy agradecido por esta oportunidad para dar hoy la homilía, en presencia de la comunidad monástica y del seminario, así como los familiares y amigos de nuestros graduandos, al despedirnos de la Clase Graduanda del 2014 del Colegio Seminario Concepción.

Este IV Domingo de Pascua se conoce tradicionalmente como Domingo del Buen Pastor. Jesús se llamó a sí mismo el Buen Pastor y el arte cristiano lo ha retratado como tal desde el momento en que el arte distintivamente cristiano fue creado en las catacumbas. Es una imagen hermosa. El Buen Pastor es aquel que se preocupa por el bienestar de sus ovejas, las guía a las verdes praderas, los protege de las amenazas de los ladrones y los animales salvajes, busca a la oveja perdida y la regresa a un lugar seguro llevándola sobre sus propios hombros. El Buen Pastor es, como el Papa Francisco nos ha dicho recientemente, y de manera muy conmovedora, ¡aquel que adquiere el olor de sus ovejas!

Este fin de semana estamos conscientes de los muchos pastores - los sacerdotes de parroquia, los miembros de la comunidad monástica y del seminario y muchos otros que a lo largo de los años han sido tan decisivos en la formación de estos graduandos y ayudándoles a escuchar y responder a la voz del Buen Pastor. En esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones le pedimos humildemente al Señor que siga llamando a muchos hombres y mujeres jóvenes a una vida de santidad y discipulado en el servicio de su Iglesia, especialmente como sacerdotes y hombres y mujeres para la vida consagrada.

La semilla de toda vocación, sin embargo, se siembra y florece con mayor eficacia en el suelo fértil de la familia cristiana. Los buenos matrimonios son la clave para abundantes vocaciones. Un hogar amoroso en el que los padres tomen en serio su responsabilidad como primeros educadores de sus hijos ofrece el mejor ambiente para la transmisión de la fe, para la formación en las virtudes y el discernimiento de una vocación. Mientras que toda la comunidad cristiana tiene la responsabilidad de cultivar y orar por las vocaciones, la familia es el primer y más ideal seminario, o "semillero" para cultivar y fomentar este regalo. En este Día de las Madres, que coincide con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quiero reconocer la importancia de ustedes, madres en el apoyo a sus hijos en el camino que ha llevado a cada uno de ellos al día de hoy. Ustedes le han dado la vida, los ha nutrido con su amor y de maneras misteriosas que sólo Dios conoce han fomentado su fe y los han acogidos en sus corazones a través de sus oraciones y sufrimientos. Gracias.

En la sección del evangelio de hoy que acabamos de escuchar en este Domingo del Buen Pastor, Jesús usa una imagen diferente del mismo entorno campestre. En lugar de referirse a sí mismo como el pastor Jesús llama a sí mismo la puerta. Sólo quien entra en el redil de las ovejas por la puerta es el pastor. ¡Los que saltan el cercado están entrando en el redil de las ovejas con malas intenciones! Son ladrones que entran no para proteger al rebaño, sino para robar y destruir. Estas palabras son un desafío, especialmente para aquellos de nosotros que estamos llamados a ser pastores, ya sea como obispos o sacerdotes o seminaristas.

La pregunta que Jesús plantea es "¿quién le interesa más?"  ¿Se preocupan más por el bienestar de los que están a su cuidado o buscan primero su propio beneficio? Jesús nos dice que cualquier persona que está simplemente velando por su propio bien es un ladrón y un salteador. Un sacerdote que piensa primero sobre su propia popularidad o progreso no es pastor; es un ladrón que seduce a sus oyentes con palabras halagadoras. Él no va a arriesgar su reputación por el bien de la proclamación de la plena verdad del Evangelio, ni por sus palabras o por el testimonio de su vida. Cuídense de los falsos pastores.

El Papa Francisco se hace eco de este desafío en Evangelii Gaudium: "Hoy se puede advertir en muchos agentes pastorales… una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión, que lleva a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida, como si no fueran parte de la propia identidad… Llama la atención que aun quienes aparentemente poseen sólidas convicciones doctrinales y espirituales suelen caer en un estilo de vida que los lleva a aferrarse a seguridades económicas, o a espacios de poder y de gloria humana que se procuran por cualquier medio, en lugar de dar la vida por los demás en la misión. ¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!"

Cuando Pedro se puso delante de las multitudes en el día de Pentecostés, como escuchamos en la primera lectura, proclamó a Jesucristo como el camino, la verdad y la vida: "Que toda la casa de Israel sepa con certeza que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" Cuando el pueblo oyó su testimonio respondieron: "¿Qué haremos hermanos?" Las personas reconocieron en Pedro la auténtica voz del Buen Pastor. Estaban deseosos por responder. ¡Dejen que su voz resuene en las palabras y testimonio de todos los que son llamados al ministerio sacerdotal y episcopal hoy!

Algunos de ustedes graduandos han pasado cuatro años aquí, otros menos. Estos han sido años de gracia y crecimiento a medida que han entrado en el camino de la conversión y una formación cristiana y sacerdotal más intencional. Espero que hayan reconocido la voz del Buen Pastor y que sus corazones se hayan encendido en llamas de amor y un deseo de conocerlo, seguirlo e imitarlo. Algunos de ustedes pasarán al seminario mayor para continuar su formación sacerdotal. Otros que llegaron a discernir si el Señor les estaba llamando al sacerdocio han descubierto que el Señor los llama a servirle por otro camino hacia la santidad. En cualquier caso, su formación para el discipulado y la misión continúa más allá de estos años y esta experiencia de fraternidad y de vida cristiana.

Nuestro Santo Padre escribe en la "Alegría del Evangelio": "En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de «salida» que Dios quiere provocar en los creyentes. Abraham aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva. Moisés escuchó el llamado de Dios: «Ve, yo te envío», e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa. A Jeremías le dijo: «Adondequiera que yo te envíe irás». Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera.".

Mis hermanos, hoy es una "salida" para cada uno de ustedes. Todos están llamados a participar en esta misión. Ustedes van de salida de esta su alma mater para seguir el camino que el Buen Pastor va caminando delante de ustedes. Con cierto grado de certeza, les puedo decir que es un camino que conduce, inevitablemente, más allá de sus zonas de comodidad. No temas, porque el Señor nos asegura: "Yo estoy con ustedes." Ustedes vinieron aquí en respuesta a la llamada de Dios con el fin de encontrar a Jesús, para experimentar la alegría del Evangelio y ser formados como discípulos. Ahora hay que ir de "salida." Están siendo enviados como discípulos misioneros y agentes de la Nueva Evangelización para la Siglo XXI. Que Dios que ha comenzado la buena obra en ustedes, la lleve a la perfección.