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Alabado sea el Señor, que levanta a los pobres

En la Visitación, incluso antes de que las palabras del saludo alegre de su prima Isabel hubieran dejado de sonar en el aire, María proclamó las grandes cosas que Dios había hecho por ella en el cántico conocido como el Magníficat.

"Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador", exclama María. "El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: ¡Santo es su Nombre!" (Lucas 1:46-47, 49).

¿Qué había hecho Dios por María? "Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes.", continúa. "Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías." (Lucas 1:52-53).

Dios había dado a María la gracia de creer que lo que el ángel Gabriel había hablado con ella se iba a cumplir. Con el consentimiento de María, Dios se encarnó en su vientre.

Jesús todavía no había nacido, aún no había anunciado el Reino, aún no había muerto ni resucitado de entre los muertos, y aún no había establecido su Iglesia.

Sin embargo, María sabe con la certeza que nace de la fe que por su encarnación Dios ha iniciado ya su reino de justicia y misericordia. Él ha tenido compasión de los pobres y de los humildes y de nuestra condición humana débil y caída. En este reino, los que tienen hambre están llenos de la gracia y justicia que anhelan.

Por lo menos, las palabras del Magníficat nos deberían intrigar. Tienen el poder de despertar el deseo en nuestro corazón para conocer más íntimamente al Dios que María conoce y de quien canta; el Dios que hace grandes obras por nosotros y que exalta a los humildes. Reflexionando en oración sobre las palabras de María nos ayude a reconocer el plan de Dios para nuestras vidas, ya que María había descubierto su voluntad por ella.

Cuando lo hacemos, nos encontramos con que " La vocación de la humanidad es manifestar la imagen de Dios y ser transformada a imagen del Hijo Único del Padre.," como el Catecismo de la Iglesia Católica nos lo enseña (CIC 1877). Cuando comenzamos a reconocer esta vocación,  con razón nos preguntamos cómo cumplirla. El Catecismo nos da más orientación: "La persona humana necesita la vida social. Esta no constituye para ella algo sobreañadido sino una exigencia de su naturaleza. Por el intercambio con otros, la reciprocidad de servicios y el diálogo con sus hermanos, el hombre desarrolla sus capacidades; así responde a su vocación (CIC 1879, énfasis añadido).

Es, pues, a través de este intercambio con los demás, el servicio mutuo y el diálogo que desarrollamos nuestro potencial para vivir como personas creadas a imagen de Dios.

Nos encontramos en el tema de este año para la Colecta Anual de Caridades Católicas un eco del Cántico de Alabanza de María. Tomadas del Salmo 113, el tema es "¡Alabado sea el Señor, que levanta al pobre!”

La misericordia y el amor de Dios resplandecen en el trabajo de Caridades Católicas, tanto en aquellos a quienes sirven y los que sirven. Caridades Católicas es una organización que se caracteriza precisamente por el "intercambio con otros, la reciprocidad de servicios y el diálogo."

Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Oklahoma City depende de nuestro apoyo. Se recibe relativamente poca ayuda de fuentes externas. Nuestro apoyo a las Caridades Católicas no sólo ayuda a desarrollar el potencial de la agencia para cumplir su misión y el potencial de sus clientes a vivir con dignidad como hijos de Dios, sino que también nos ayuda a desarrollar nuestro propio potencial para reconocer a nuestro prójimo como a un hermano y una hermana. Nos ayuda a reconocer, con María, que Dios ha hecho grandes cosas por nosotros y que debemos compartir esas bendiciones con los demás.

A menudo es difícil ser consciente de las cosas buenas que Dios ha hecho por nosotros, si tenemos hambre, estamos sin hogar o perdidos. Tal vez sea aún más difícil si estamos satisfechos, pero contentos e indiferente a las necesidades de los que nos rodean. Nuestro apoyo a Caridades Católicas beneficia a los demás, y también nos ayuda a vivir como hijos de Dios, creado a imagen de un Dios de misericordia y compasión.

La Colecta Anual de Caridades Católicas, de la cual leerá un poco más en este número del Sooner Catholic, ofrece la oportunidad de ser generosos con los demás y reconocer la generosidad de Dios ha tenido con nosotros. “¡Alabado sea el Señor, que levanta al pobre!