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Servir y no ser servido

Entre las mayores alegrías que tengo como un obispo es la oportunidad de ordenar nuevos sacerdotes. Hay un gran sentido de la paternidad en la ordenación de los hombres que se convertirán en los padres espirituales de tantos a lo largo de toda una vida de ministerio sacerdotal. Estos hombres se unen a las filas de los colaboradores más cercanos y más queridos de un obispo para el servicio a toda la Iglesia.

El sábado 29 de junio ordené Padre Brian Buettner un sacerdote de Jesucristo para servir a la Arquidiócesis de Oklahoma City. ¡Le damos la bienvenida! Las ordenaciones son un motivo de gran alegría y de acción de gracias, no sólo para el nuevo sacerdote y su familia, sino para toda la Iglesia. La ordenación sacerdotal marca el comienzo de un ministerio permanente de enseñar, santificar y pastorear al pueblo de Dios como un icono de Jesucristo, que no vino a ser servido, sino a servir.

Entre las mayores responsabilidades que cada obispo diocesano tiene esta la de proveer y asignar sacerdotes para servir al pueblo de Dios. Este año tenemos un nuevo sacerdote. El año que viene, si Dios quiere, esperamos ordenar a cinco. ¡Por favor, continúen orando para que el Señor provea abundantes obreros para su viña! La mies es mucha, pero cada vez es más difícil el proporcionar sacerdotes como trabajadores para nuestras parroquias.

 

La próxima semana muchos de nuestros sacerdotes comenzarán a servir en sus nuevos nombramientos pastorales. Ellos tienen que decir sus adioses y prepararse para comenzar nuevos ministerios en otra parte de la viña del Señor. Estas transiciones pueden ser momentos de dolor e incertidumbre tanto para los sacerdotes y sus pueblos. Estos pueden ser momentos difíciles. También pueden ser tiempos de renovación. Tengo una gran admiración por la generosidad de nuestros sacerdotes que aceptan estas nuevas responsabilidades pastorales con el corazón de un verdadero siervo y pastor. También estoy agradecido por la comprensión de los feligreses para quienes estos cambios pueden ser a menudo difíciles.

Estos cambios se producen debido a muchas circunstancias diferentes. Después de una vida de servicio algunos sacerdotes se jubilan, o sus energías disminuyen. Recientemente hemos tenido la dolorosa experiencia de la muerte inesperada de uno de nuestros amados pastores, el Padre Roberto Quant. Nuestros sacerdotes internacionales, que constituyen una parte cada vez más significativa de nuestro presbiterio, finalmente, tendrán que regresar a sus diócesis. Por estas y toda una variedad de otras razones los cambios en las responsabilidades pastorales son a menudo necesarios.

Cada sacerdote y cada parroquia es única. Después de mucha oración y una considerable consulta hago la mejor decisión posible, dada nuestra limitada reserva de personal y toda la variedad de circunstancias. Cada decisión tiene que tener en cuenta el bien de los sacerdotes, las necesidades de cada parroquia, así como las necesidades de toda la Arquidiócesis. ¡No existe una un programa de computadoras para solucionar eso! No existe una fórmula fácil y nítida. Confío sin embargo, en el Espíritu Santo está guiando este proceso. Por favor, continúen orando por sus sacerdotes. Oremos por las vocaciones. Oren por mí. Y si usted es un feligrés cuya parroquia está recibiendo un nuevo pastor, por favor, dele la bienvenida con el corazón abierto y un espíritu de cooperación voluntaria.