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Quincena por la Libertad

“Ninguna disposición de nuestra Constitución debería ser más valiosa para un hombre que aquella que protege los derechos de conciencia contra las empresas de la autoridad civil”. (Tomás Jefferson, Carta a la Iglesia Metodista de New London, 1809)

Las noticias en los últimos meses han estado llenas con síntomas alarmantes de la erosión de los derechos de conciencia y crecientes amenazas a la libertad religiosa bajo la dirección o con la aprobación tácita de los más altos niveles del gobierno. ¿Los padres fundadores de esta gran nación aprobarían estas "empresas de la autoridad civil?" Como ciudadanos y personas de fe debemos estar preocupados. Más que eso, tenemos que tomar medidas. Como creyentes, nuestra primera respuesta es la oración.

Una vez más, los obispos de Estados Unidos han pedido la celebración de una Quincena por la Libertad, un período de 14 días de oración, reflexión y acción para promover una mayor apreciación por la libertad religiosa en el período previo al Día de la Independencia. En nuestra Arquidiócesis, la Quincena comenzará con una Misa a las 7 pm, viernes, 21 de junio en la Catedral de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Invito a todos a unirse a nosotros ya que nos centramos en las amenazas reales a nuestra primera y fundamental libertad y oraremos por la preservación y protección de nuestro derecho dado por Dios a la libertad religiosa que ha sido sabiamente consagrada en la Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU..

¿Por qué toda esta preocupación? ¿Por qué ahora? Hay razones tanto a corto plazo y largo plazo para continuar con la Quincena por la Libertad después de su celebración inicial el año pasado. A corto plazo, existe una gran preocupación porque la mayoría de las organizaciones religiosas se verán obligadas a cumplir con el mandato anticonceptivo del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE.UU.  que inicio el 1 de agosto de este año. A pesar de las objeciones religiosas y de conciencia, tanto de las organizaciones religiosas como los empleadores privados, ellos estarán obligados por ley a proporcionar por medio de sus seguros médicos cobertura para los costos de anticonceptivos, medicamentos para inducir el aborto y la esterilización. Ellos tendrán que pagar por los servicios a los que tienen objeciones morales y religiosas, o se enfrentaran a multas extraordinariamente caras. Este es un nivel injustificado e inaceptable de interferencia del gobierno en la libertad religiosa.

 

Además de esta amenaza inmediata, también hay preocupación sobre los efectos de largo alcance de los numerosos intentos legales recientes de redefinir el matrimonio. En cualquiera de los dos casos pendientes en la Corte Suprema, la Corte podría derribar la capacidad de los estados para proteger a la definición tradicional del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Las sentencias del Tribunal Supremo, que se espera muy pronto, podrían en efecto conceder a las uniones del mismo sexo  igualdad con el matrimonio. Los efectos a largo plazo sobre la libertad religiosa y los derechos de conciencia de tales decisiones de los tribunales serán trascendentales para nuestras instituciones católicas, así como para muchas otras instituciones religiosas y sociales.

El matrimonio no es meramente una institución humana. Al igual que la libertad religiosa, sus orígenes están en el plan del Creador, que es ordenado hacia la prosperidad humana y la preservación de los designios de Dios para los seres humanos y las comunidades humanas, empezando por la familia. El matrimonio no es principalmente sobre el amor compartido entre los adultos, pero está destinado a proteger la transmisión de la vida y para proporcionar el entorno más favorable para la crianza de los niños. Los niños merecen una madre y un padre y la estabilidad de una familia amorosa. Lamentablemente, ese no es siempre el caso, pero sigue siendo el ideal.

Ha habido una tendencia insistente y reductiva en nuestra sociedad hacia equiparar la libertad religiosa con la libertad de culto. La libertad religiosa comprende, ciertamente, la libertad, pero es mucho más. También incluye la libertad de los particulares a vivir su fe en el lugar de trabajo y en la plaza pública y avanzar en las verdades y los valores que se derivan de la fe públicamente. Incluye los derechos de las instituciones religiosas, tales como escuelas, centros de salud y organizaciones de servicios sociales para llevar adelante sus actividades en pleno acuerdo con sus convicciones de fe y sin interferencia del gobierno. Éstos están llegando cada vez más bajo asalto.

La Quincena por la Libertad llama la atención sobre estas amenazas muy reales y nos llama a que apreciemos nuestra rica herencia como americanos y católicos. Damos la bienvenida a la oportunidad de unirse con otras iglesias y personas de fe para celebrar y preservar nuestra primera y fundamental libertad.