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Y Jesús aún llora

"Y Jesús lloró" (Jn. 11:35). Los que han visitado el Monumento Conmemorativo Nacional de Oklahoma City que conmemora a las víctimas, sobrevivientes y rescatistas del bombardeo del Edificio Federal Alfred P. Murrah reconocerá este de los más breves de los versículos del Nuevo Testamento. Está representado en la icónica escultura enfrente del Monumento Nacional en los terrenos de la Antigua Catedral de San José, donde estuvo la antigua rectoría antes de la explosión.

"Y Jesús lloró." La respuesta de Jesús es un recordatorio consolador de que en momentos de profunda tristeza y dolor Dios está con nosotros. Nosotros no sufrimos solos. Él ha hecho nuestros sufrimientos suyos. Ha probado nuestras lágrimas. Al hacerse hombre, Jesús ha respondido totalmente a nuestra humanidad, incluso sufrir la muerte con nosotros y por nosotros. Nuestro sufrimiento encuentra redención y significado en el misterio de la Cruz y Resurrección, que lleva en sí la semilla de la esperanza invencible.

El 19 y 20 de mayo, comunidades a través del centro de Oklahoma fueron devastadas por tornados poderosos y mortales. Mientras escribo esta columna, servicios de emergencia, personal de asistencia humanitaria, consejeros, capellanes, amigos, vecinos y extraños se unen para llevar alivio y mantener la esperanza donde la esperanza ha sido sacudida. Y Jesús aún llora. Dios está con nosotros.

La efusión de oración, amor y apoyo de todos partes de nuestro gran estado y de todo el país ha sido impresionante. Está trayendo consuelo a aquellos que han perdido a sus seres queridos, sufrido lesiones y a quienes sus casas, negocios y propiedades han sido dañados o destruidos.

 

Nuestra comunidad católica está hombro con hombro con las organizaciones y los organismos religiosos, gubernamentales y de voluntarios para ayudar en los esfuerzos de recuperación de emergencia. Cada uno tiene una tarea diferente en la respuesta. Algunos son los primeros en responder. Otros ofrecen ayuda con la limpieza y con las necesidades inmediatas, como refugios temporeros, alimentos y ropa. Algunos ayudan a facilitar la sanación espiritual, física y emocional. Y aun otros se concentran en las necesidades a largo plazo y en el acceso a recursos comunitarios.

Las medidas de emergencia siguen siendo fluidas y se están adaptando a las cambiantes necesidades y circunstancias. Nuestro clero parroquial y miembros del personal en las zonas afectadas han participado desde el principio. Ellos han estado en contacto con los feligreses y evaluando necesidades. Otras organizaciones católicas se han movilizado también. Caridades Católicas, Caballeros de Colón y la Sociedad de San Vicente de Paúl han estado acercándose brindando apoyo en las diversas zonas afectadas por estas tormentas devastadoras. Los Caballeros de Colón han estado disponibles para ayudar con las necesidades inmediatas de respuesta. ¡Han sido increíbles! Además de abordar las necesidades inmediatas y ofrecer consejería, Caridades Católicas y San Vicente de Paúl están manejando casos a largo plazo para ayudar a los sobrevivientes de la tormenta a reconstruir sus vidas a lo largo de muchos meses.

La respuesta Católica no ha sido únicamente desde dentro de Oklahoma. El día después del tornado en Moore recibí un telegrama del Papa Francisco asegurándonos de sus oraciones y expresó su solidaridad con nosotros en la Audiencia General de los miércoles. También me sentí alentado por la respuesta inmediata de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y Caridades Católicas EE.UU. El Cardenal Timothy Dolan, presidente de la USCCB (Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos por sus siglas en inglés), rápidamente ofreció autorizar una colecta especial para ayudar con los esfuerzos de recuperación de los tornados en Oklahoma. Muchos obispos me han asegurado que van a auspiciar una colecta. Los fondos recibidos a través de estas colectas en otras diócesis serán administrados por Caridades Católicas EE.UU., que ya han estado con nosotros ayudando en nuestros esfuerzos de coordinación. Estos fondos serán utilizados principalmente para la asistencia humanitaria. Los fondos para fines específicamente religiosos, de ser necesario, se pondrán a disposición a través de la USCCB.

Tenemos la suerte de que los daños en las instituciones religiosas han sido mínimos. Solamente el Campamento Juvenil de Nuestra Señora de Guadalupe (Campamento OLOG) sufrió daños significativos - y que el daño fue sólo a ciertos edificios. Esperamos comenzar el campamento en la fecha prevista. Los daños de la tormenta en el campamento nos aseguró que nuestros procedimientos de seguridad son sólidos: Las cabañas, que también sirven como refugios para tormentas para acampar durante el verano, resistieron los vientos sólidamente.

Muchos de nosotros nos gustaría hacer algo ahora mismo para ayudar a nuestros hermanos y hermanas que sufren. ¿Qué podemos hacer? ¡Orar! A través de la oración estamos espiritualmente cerca de los que sufren y podemos sostenerlos en formas misteriosas que sólo Dios conoce. Podemos contribuir a la colecta especial Arquidiocesana para el alivio que ha sido autorizada para cada parroquia. También podemos contribuir directamente a Caridades Católicas de Oklahoma City a través de su sitio web. Oportunidades de voluntariado están disponibles a través de los esfuerzos de la comunidad local. Habrá necesidad de muchos voluntarios, pero éstos tienen que ser cuidadosamente coordinados. Esto será un maratón, no una carrera corta.

Nunca estamos solos en nuestro dolor y sufrimiento. A través del amor y la bondad de tanto vecinos y desconocidos Jesús está demostrando su fidelidad: "He aquí, yo estoy con vosotros" (Mt. 28:20).