Sacerdote de Oklahoma es instalado como obispo de Tucson

Por Michael Brown
Catholic News Service

TUCSON – Con la homilía de la Misa de investidura como punto de partida para su episcopado, el obispo Edward J. Weisenburger, séptimo obispo de Tucson, utilizó la lectura del Evangelio sobre el llamado de Jesús a sus discípulos a ser amigos, no esclavos, como presentación de su plan de acción ministerial.
 
"Seamos amigos de todos, porque sin duda es así que el amor se extiende, el Reino se construye, y la gran Diócesis de Tucson entrará en su próxima era. Hermanos y hermanas, demos comienzo a nuestra amistad", dijo el obispo.

La investidura el 29 de noviembre fue el último paso en la transferencia de liderazgo que comenzó el 3 de octubre con el anuncio del papa Francisco de que había aceptado la renuncia del obispo Gerald F. Kicanas y designado como sucesor al Obispo Weisenburger, anteriormente el 11o obispo de la Diócesis de Salina, Kansas. El obispo Kicanas sirvió a la Diócesis de Tucson por 16 años, primero como obispo adjunto del obispo Manuel Moreno, y luego como sexto obispo de Tucson.
 
Ése era el día de presentación del obispo Weisenburger, y él, en su homilía, usando como ejemplo las bienaventuranzas, sentó las bases para continuar la labor pastoral sobre el legado de su predecesor abriendo los brazos a los pobres, y acompañando a aquellos a quienes la sociedad ha marginalizado.
 
Jesús quiso que su mensaje diera paso a un cambio radical, dijo el obispo. "No son los ricos, los sanos, los felices y los favoritos quienes han sido elegidos por él. Son los pobres, los que sufren, los olvidados y los humildes -- no humildes por elección, sino por necesidad. Así, Jesús cambió la narrativa y eso le trajo muchos problemas".
 
"Hasta que nosotros comencemos a darle la vuelta a todo en nuestra mente, lo miremos desde una perspectiva diferente, y aceptemos de corazón al mundo como él lo hizo, a su manera, no creo que podamos realmente llamarnos amigos suyos".
 
El obispo luego se concentró en dos elementos de las Escrituras: en que Jesús nos eligió, y en que nos eligió como amigos.
 
"Considerando todas las grandes religiones del mundo, y teniendo en cuenta que en todas ellas hay alguna verdad, casi siempre nos encontramos con una lucha cuesta arriba, literal o figurada, de la humanidad para encontrar a Dios. Es esa lucha, es nuestra la energía, nuestro el esfuerzo, encontrar a Dios", dijo el obispo. "Jesús dio vuelta todo eso. Él dijo no, no es así, es Dios en mí, y con amor perfecto, quien los ha estado buscando a ustedes, persiguiéndolos desde siempre".
 
"Al asumir esta nueva función, mi deseo es que sea en esencia una amistad santa con todos", añadió. "Esta celebración de hoy, este día, no es en realidad mi día. Es una celebración de la Iglesia, y más que nada de lo que ustedes y yo juntos seremos para la iglesia y para el mundo".
 
El obispo Weisenburger demostró humildad y buen humor durante su homilía, presentada inicialmente en español y seguida del inglés. El obispo, quien estudió español cuando era seminarista pero se ha disculpado por su manejo del idioma, dijo: "Un experto en español preparó una traducción hermosa y absolutamente impecable de mi homilía, pero Mons. (Raúl) Treviso, quien está a cargo del ministerio Hispano, me instó a descartarla".
 
"Él me dijo: 'La verdad, nadie se va a fijar si usted comete errores'. Y mi experiencia me dice que eso es cierto, así tengan paciencia conmigo, ya sea que hable en inglés o español, por unos momentos".
 
Después de presentar la homilía en español, el obispo dijo en tono de broma, "Apuesto que para quienes no hablan español lo que dije sonó bien. Y para quienes hablan español...", dijo pausando mientras se golpeaba el pecho tres veces en señal de penitencia, "...bueno, voy a mejorar".
 
Asistieron a la Misa de investidura más de veinte obispos, entre ellos el Arzobispo Coakley, Arzobispo Beltran, Cardenal Cardinal Roger Mahony, el nuncio apostólico, el arzobispo Christophe Pierre y el arzobispo de Santa Fe, John Wester, quien fue el celebrante principal inicial hasta que el obispo Weisenburger recibiera su báculo y tomó posesión de la cátedra, o asiento del obispo. La catedral estaba colmada de asistentes que incluían alrededor de 1,100 sacerdotes, familiares y amigos de Kansas y Oklahoma, líderes ecuménicos y cívicos y cientos de fieles católicos de parroquias de toda la diócesis.