Arzobispo de Puerto Rico ve renacimiento espiritual después de huracán

Por Carol Zimmermann
Catholic News Service

BALTIMORE (CNS) -- Casi dos meses después de los vientos y lluvias que causaron mayor daño durante el huracán María en Puerto Rico, todavía no hay un camino claro hacia la recuperación.

Aunque en algunas partes la electricidad y el servicio telefónico han sido restaurados y provisiones de socorro están entrando poco a poco, la limpieza y la reconstrucción apenas comienza.

La gente sigue adelante día a día, pero el proceso es pesado y traumático, dijo el arzobispo Roberto González Nieves de San Juan, Puerto Rico.

El arzobispo, quien asistió a la asamblea de otoño de los obispos estadounidenses en Baltimore, está agudamente consciente del impacto al momento y lo que siguió después de la tormenta. Después del huracán, él ha visitado 57 parroquias de su arquidiócesis y le faltan otras 100. Todas las parroquias al noroeste de la isla en su arquidiócesis fueron impactadas por el huracán y sufrieron daños mínimos y algunas extensos.

Él dijo que los católicos de Puerto Rico comienzan a enfrentar las ruinas y daños a edificios parroquiales empapados de lodo y algunas casas sin techo, a la vez que lidian con poca electricidad, alimentos y agua. Aún así ellos no han perdido su fe. Para muchos, su fe se ha profundizado. 

"Las tragedias y adversidades de alguna manera refuerzan nuestra fe y nuestro sentido de espiritualidad, nuestra dependencia de Dios", lo cual va de la mano con un "intensificado espíritu de compartir, generosidad y solidaridad", él dijo.

El arzobispo González, quien vivió en Puerto Rico cuando era niño y ha dirigido la Arquidiócesis de San Juan durante 18 años, dijo que ha notado que en algunas Misas recientes "los coros continúan cantando los himnos que cantaban antes, pero con mucho más vigor y alegría".

"En cierto sentido estamos rejuveneciendo", él dijo a Catholic News Service el 13 de noviembre.

A él no le sorprende la manera en que se atienden los unos a los otros o, como lo dijo, "la enorme cantidad de compartir que sucedió y continúa sucediendo", ya que, por ejemplo, las personas cocinan para los vecinos en estufas de gas.

Él también ha tenido personalmente la experiencia de esta atención en las llamadas y mensajes de correo electrónico -- una vez que pudieron entrar -- de otros obispos, junto con donaciones y ofertas de ayuda para reconstruir. En la reunión en Baltimore él dijo que varios obispos le habían dicho: "Estamos contigo y estaremos enviando ayuda".

El arzobispo González y el obispo Herbert A. Bevard de Santo Tomás, Islas Vírgenes de Estados Unidos -- otra región impactada fuertemente por el huracán María -- fueron invitados como observadores a la reunión de otoño de los obispos y fueron presentados por el cardenal Daniel N. DiNardo de Galveston-Houston, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

Puerto Rico, territorio de Estados Unidos, tiene su propia conferencia de obispos católicos y participa en el Consejo Episcopal Latinoamericano, conocido como CELAM.

Durante la reunión en Baltimore, la hermana dominica Donna Markham, presidenta de Caridades Católicas USA, le dijo a los obispos que a principios de noviembre la agencia de socorro le había entregado $2 millones a padre Enrique Camacho, director de Cáritas Puerto Rico, afiliada de Caridades Católicas en la isla, y que acababa de entregarle al obispo Bevard $1 millón para sus necesidades de recuperación.

Los fondos han sido distribuidos para vivienda de emergencia, alimento, agua, provisiones de limpieza, ropa, artículos de cama, pañales y otras necesidades para bebés. La agencia también ha enviado 150 trabajadores a zonas abatidas por la tormenta para ayudar a la gente navegar la tarea de procurar ayuda.

En una discusión no programada sobre los desastres naturales recientes, al final de la sesión pública de los obispos el 14 de noviembre, el obispo Frank J. Dewane de Venice, Florida, director del Comité sobre Justicia Nacional y Desarrollo Humano de los obispos estadounidenses, instó a sus compañeros a pensar qué más podría hacerse para ayudar a Puerto Rico. Él se preguntó si había cansancio de parte de donantes ya que el huracán ocurrió después de otros desastres naturales.

"Debemos, como cuerpo, pensar cómo podemos ayudar. Ellos están destruidos", él dijo.

El arzobispo González no niega que la isla necesita ayuda monetaria, pero dijo que también se necesitan oraciones.

"Creemos en el inmenso poder y la eficacia de las oraciones. Lo hemos sentido. He sentido el impacto de tantas oraciones", él dijo. "Todavía hoy estamos en modalidad de emergencia. Necesitamos agua, alimento, ropa, las necesidades básicas de la vida. A largo plazo necesitaremos ayuda para reconstruir casas, iglesias, escuelas, techos".