¿Alguna vez has conocido a alguien de Estridón con ascendencia iliria?

Eusebio vino de allí y los amantes de las Escrituras le agradecen su servicio

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

Si bien nadie está seguro dónde se encuentra Estridón, algunos historiadores lo ubican en algún lugar cerca de la moderna Bosnia, Croacia o Eslovenia. Hace 17 siglos, nació allí alguien quien termino siendo un personaje clave en nuestro constante acercamiento a Cristo.

Eusebio, y no estoy hablando de un famoso arzobispo emérito que todos conocemos y amamos, fue, durante toda su vida, viajero y estudiante. Se convirtió al cristianismo después de una profunda experiencia religiosa cuando tenía alrededor de 20 años y era estudiante en Roma.

Allí estudió Gramática y Filología. Un filólogo estudia textos escritos y, en ellos, la estructura y evolución de una lengua, su desarrollo histórico y literario, así como la literatura y cultura que lo ha producido.

Al final de sus estudios en Roma, se fue a Tréveris, una ciudad en Alemania a orillas del río Mosela, para estudiar teología. Después de eso, se estableció por un tiempo en la antigua ciudad romana de Aquilea, ubicada a la boca del Adriático, a unas seis millas del mar. Mientras estuvo allí, convenció a algunos de sus amigos para que se unieran a él en una aventura. Viajarían al norte de Siria. Ese viaje cambió sus vidas para siempre.

Cuando el grupo de aventureros llegó a Antioquía, algunos cayeron enfermos y murieron. Eusebio también se enfermó gravemente, y durante mucho tiempo simplemente no pudo deshacerse de esa extraña enfermedad. Una noche, durante su batalla con este persistente padecimiento, tuvo una visión en la que el Señor lo invitó a dedicarse a las Escrituras. Él aceptó y comenzó una vida de oración y penitencia como parte de su compromiso de estudiar los idiomas bíblicos.

Con el paso del tiempo, Eusebio continuó viajando, estudiando y, sobre todo, siguiendo una vida de oración y penitencia. Se dedicó de todo corazón a la Palabra de Dios. ¡Incluso fue nombrado obispo!

Terminó en Roma una vez más y fue elegido para ser el secretario del Papa. Si bien hizo muchas cosas maravillosas, una cosa se destaca. Al ver sus dones para el lenguaje y su amor por las Escrituras, el Santo Padre le pidió a Eusebio que comenzara una revisión de la Biblia en latín. Gracias a él, no solo la Iglesia fue bendecida con la traducción de la Biblia conocida como la Vulgata, sino que también recibimos de él muchos comentarios maravillosos de diversos libros de la Biblia.

Durante la semana del 12 al 18 de noviembre de este año, celebraremos la 76ª Semana Nacional de la Biblia cuando todos los bautizados son llamados a unirse y dar honor especial a la Palabra de Dios. Ese domingo es el Día Internacional de la Biblia. En preparación para este evento, el Papa Francisco le dio la bienvenida y bendijo a los miembros del Comité de Relaciones de la Iglesia de las Sociedades Bíblicas Unidas en el Vaticano. Su mensaje para ellos fue poderoso.

“Somos servidores de la Palabra de salvación que no volverá al Señor vacía. Somos servidores de la Palabra de Vida Eterna, y creemos que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4, 4). Somos servidores de la Palabra de reconciliación, también entre los cristianos, y deseamos de todo corazón que ‘la Palabra del Señor siga propagándose y adquiriendo gloria’ (2 Tes 3, 1). Somos servidores de la Palabra que ha ‘salido’ de Dios y ‘se ha hecho carne’ (Jn 1, 14). Somos servidores de la Palabra de verdad (Jn 8, 32). Somos servidores de la poderosa Palabra de Dios que ilumina, protege, defiende, sana y libera.”
 
El nombre completo del santo de hoy es Eusebius Sophronius Hieronymus, pero lo conocemos como San Jerónimo, Doctor de la Iglesia.

Él nos recordó que la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo. San Jerónimo, ruega por nosotros y ayúdanos a honrar la Palabra de Dios siguiendo el ejemplo de tu amor y pasión por las Escrituras. Amén.