¡Feliz y bendecida Temporada de Todos los Santos!

Es mejor pensar en una temporada que en un solo día

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

Honrar a los muertos es una antigua costumbre en todo el mundo. Cada país, estado, ciudad y pueblo tiene un cementerio oficial. Puedes ir, e incluso antes, a la época de las pirámides para estudiar las antiguas prácticas para enterrar y honrar a los fieles difuntos.

Deuteronomio 34,5-6, menciona un famoso sepelio. “Allí murió Moisés, siervo de Yavé, en el país de Moab, conforme Yavé lo había dispuesto. Lo sepultaron en el valle, en el país de Moab frente a Baal Peor, pero nadie hasta hoy ha conocido su tumba.”

El Evangelio de Marcos 6, 29, menciona el entierro de Juan el Bautista. “Cuando la noticia llegó a los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cuerpo y lo enterraron.”

El mejor ejemplo de esta antigua costumbre de honrar a los muertos con un entierro apropiado es lo que le sucedió a Jesús el primer Viernes Santo. El Evangelio de Juan menciona este hecho en el capítulo 19, versículos 41 al 42. “En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde todavía no había sido enterrado nadie. Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.”

Hoy, la tumba del Señor es la tumba vacía más visitada del mundo, después las catacumbas.

El Catecismo de la Iglesia Católica, párrafo 1690, nos recuerda un aspecto importante del entierro cristiano.

“El adiós ("a Dios") al difunto es su recomendación a Dios por la Iglesia. Es el último adiós [...] por el que la comunidad cristiana despide a uno de sus miembros antes que su cuerpo sea llevado a su sepulcro La tradición bizantina lo expresa con el beso de adiós al difunto: Con este saludo final «se canta por su partida de esta vida y por su separación, pero también porque existe una comunión y una reunión. En efecto, una vez muertos no estamos en absoluto separados unos de otros, pues todos recorremos el mismo camino y nos volveremos a encontrar en un mismo lugar. No nos separaremos jamás, porque vivimos para Cristo y ahora estamos unidos a Cristo, yendo hacia Él [...] estaremos todos juntos en Cristo»”.

El párrafo 2300 también agrega un recordatorio esencial. “Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal, que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo.”

Después de la muerte de nuestros hermanos y hermanas en Cristo todavía los recordamos. Ofrecemos oraciones a Dios en su nombre y valoramos las buenas lecciones y los recuerdos que nos dejaron. Algunas familias pueden tener una Biblia o un rosario de alguien que ha pasado a mejor vida. Otros pueden tener un mechón de cabello o un juguete de un niño fallecido. Los recordamos por el impacto en nuestras vidas. Nos regocijamos en su recuerdo con un amor agradecido.

Dentro de la familia católica de los discípulos, celebramos los recuerdos de aquellos que ya no están con nosotros y que la iglesia nos asegura que ahora están en el cielo con Dios, los beatos y los santos. Nuestros recordatorios de ellos se llaman reliquias.

Durante los tres días de la temporada de Todos los Santos, su víspera conocida como Halloween, el Día de Todos los Santos y el tercer día conocido como el Día de Todos los Fieles Difuntos, muchas iglesias sacan sus reliquias, las colocan en un altar con velas, e invitan a los fieles a celebrar y venerar a estos santos hombres y mujeres de Dios que ahora pueden interceder por nosotros.

Mientras que la octava de Todos los Santos ya no es parte de nuestro calendario litúrgico, la mayoría de las parroquias nos invitan a presentar listas de nuestra familia y amigos que ya partieron de este mundo y luego colocan estas listas en los altares para todas las misas durante la semana.

Los santos han sido santificados por Dios, tocados por Él, y puestos para nuestra edificación y beneficio. En la Oración del Señor, al decir “…santificado sea tu nombre…” significa honrar el nombre de Dios. Significa que reverenciamos a Dios y le damos el respeto y la obediencia que se merece. Es la primera petición en la Oración del Señor donde pedimos y nos comprometemos a asegurar que Dios sea conocido, amado y servido por todos nosotros.

El Día de Todos los Santos y su víspera, es un día de precepto que tuvo su origen en 609, cuando el Papa Bonifacio IV dedicó el Panteón a la Santísima Virgen María. Al principio celebrado en Roma el 13 de mayo, el Papa Gregorio III (731-41) cambió la fecha al 1 de noviembre, cuando dedicó una capilla en honor de Todos los Santos en la Basílica Vaticana. Más tarde, Gregorio IV extendió la fiesta a toda la Iglesia. Este es el día para recordar, celebrar, y Dios mediante comprometernos a imitar a los mejores amigos de Dios. Si ellos pueden estar tan cerca de Cristo, e imitarlo tan bien, nosotros podemos hacerlo también.

La Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos es una fiesta celebrada el 2 de noviembre para todos los los que partieron de este mundo. Esta celebración tuvo sus orígenes con el abad Odo de Cluny en sus monasterios en 998 y fue adoptada gradualmente por toda la Iglesia. El Papa Benedicto XV le concedió a todos los sacerdotes el privilegio de ofrecer tres misas en este día: una para todas las benditas animas, otra para las intenciones del Papa y una tercera para las intenciones del sacerdote.

Quisiera terminar mi reflexión con algunas palabras de San Juan Crisóstomo. Esto fue tomado de la Homilía 62 de su libro de Homilías sobre el Evangelio de Juan. “Porque el honor de los muertos no es llanto y lamento, sino himnos y salmodias y una vida excelente. El buen hombre, cuando se va de este mundo, partirá con los ángeles, aunque nadie esté cerca de sus restos mortales; pero el corrupto, aunque tiene una ciudad asistiendo a su funeral, no le será beneficioso. ¿Honrarás a quien se ha ido de este mundo? Hónrale de otra manera, dando limosnas, por actos de beneficencia y servicio público.”.

¡Feliz y bendecida Temporada de Todos los Santos!