Un joven enamorado de Cristo!

La intensa fe de un joven catequista filipino

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

En el Océano Pacífico occidental, justo al sur de la costa oriental asiática, un grupo de más de 7,000 islas se unen para formar el país isleño de las Filipinas.

Estas islas se dividen en tres secciones o regiones. En el norte, tienes a Luzón, la isla más grande y más poblada de la región de Filipinas. En el sur, tienes la segunda isla más grande en las Filipinas, Mindanao. Esta isla, y las islas más pequeñas que la rodean, componen el grupo de islas del mismo nombre. La sección central de las Filipinas, las islas Bisayas, consiste en varias islas que rodean el Mar de Bisayas.

El santo de hoy, un joven con una intensa pasión por Cristo, nació en las Islas Bisayas alrededor del año 1654.

Esta región fue evangelizada por muchas comunidades religiosas, incluyendo misioneros jesuitas. El estilo jesuítico de evangelización y catequesis es fuertemente influenciado por los Ejercicios Ignacianos.

Los jesuitas siempre han tenido una manera especial de comunicar no sólo verdades específicas de la fe, sino de ayudar a los fieles a crecer en amistad, y luego ayudar a que esta amistad crezca en profundo amor e intimidad, con la persona de Jesucristo.

Este enfoque centrado en Cristo, la fuente y centro de toda verdad y cada doctrina, siempre ha sido especialmente eficaz con corazones jóvenes que anhelan amor, significado y un propósito a sus vidas y existencia. Tenga en cuenta que los apóstoles, y muchos de los primeros discípulos, nunca tuvieron una copia del Nuevo Testamento o un catecismo, pero muchos de ellos se convirtieron en mártires simplemente porque estaban profundamente enamorados de Jesucristo.

Nuestro joven modelo de vida cristiana se convirtió en catequista y con su celo por compartir su fe en Jesús con los demás, se unió a los misioneros jesuitas. Se unió a un equipo misionero dirigido por el padre Diego Luis de San Vítores, S.J., que saldrían a llevar el evangelio a las Islas Marianas. Su misión específica seria evangelizar al grupo indígena de los Chamorro que vivían en esa isla.

Esta experiencia resultó extremadamente difícil por muchas razones. Falta de suministros, medioambiente duro, persecución y mentirosas acusaciones. Pero nuestro joven misionero ardió con el amor de Cristo y abrazó su cruz y continuó proclamando la Buena Nueva a pesar de todo.

Este joven fue un gran testimonio para los demás de lo que significa verdadero discipulado. Estaba lleno de tanta fe y amor que como catequista era extremadamente eficaz. Sus palabras, unidas a su vida, impactaron a aquellos con quienes compartió el mensaje del Evangelio; Los conversos eran muchos y los números crecieron. Él estaba ganando muchas almas para Cristo cada día.

El 2 de abril de 1672, un enemigo del mensaje del Evangelio silenció su voz cuando protegía a un sacerdote que estaba bajo ataque. Su bendición final fue recibir la absolución del mismo sacerdote que estaba defendiendo. El sacerdote también murió momentos después.

Lamentablemente, esta historia se ha repetido una y otra vez a lo largo de la historia de la Iglesia. Incluso con uno de nuestros propios sacerdotes de Okarche, el Padre Stanley Rother.

Este joven catequista de las Filipinas es San Pedro Calungsod.

Recordamos y celebramos su amor y compromiso con Cristo el 2 de abril, el día en que lo dio todo por Cristo. Necesitamos más jóvenes como él; Jóvenes profundamente enamorados de Cristo.