¿Alguna vez has oído hablar de San Diritelmo?

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

Este señor, originario del siglo VII de Inglaterra y con un nombre extraño que nunca había escuchado antes, fue desde cualquier punto de vista un católico muy decente y devoto. Su amorosa esposa e hijos parecían ser cristianos ejemplares, y no he encontrado nada fuera de lo ordinario escrito sobre ellos.

Una vez llegó una devastadora epidemia que mató a muchos en todo el país. Incluso Diritelmo se enfermó gravemente. Durante una crisis intensa en su enfermedad, tuvo una experiencia cercana a la muerte. Mientras su esposa, sus amigos y su familia llevaban una vigilia junto a su cama, pues creían que estaba en transición hacia la vida eterna, Diritelmo se levantó de su cama y les informó a todos que había regresado.

Esto causó cierta conmoción y todos, excepto su esposa, salieron corriendo y gritando de la casa.

Compartió con su esposa su deseo y compromiso de vivir una vida muy diferente de la que había vivido. Durante los siguientes días, comenzó a pasar muchas horas en oración en la iglesia local y poco después dividió sus riquezas y las repartió a sus familiares, incluyendo a su esposa.

Diritelmo fue a visitar al rey. Compartió con su majestad la historia de su visión durante su experiencia cercana a la muerte. La historia que compartió con el rey fue tan fuerte que el rey intervino por él y Diritelmo fue admitido en la Abadía de Melrose. Allí vivió una vida monástica y penitencial hasta el final de su vida.

Entre sus muchas penitencias, haría algo que nunca había escuchado antes. Pasaba horas en las aguas heladas de un río cercano.

Pero ¿cuál fue esta visión? ¿Cuál fue esta experiencia cercana a la muerte que cambió su vida de manera tan dramática? ¿Qué vio Diritelmo que lo motivara a una vida tan penitencial?

Diritelmo fue bendecido con ver la vida después de la muerte. Tuvo tres visiones: el cielo, el infierno y lo que hoy llamamos purgatorio.

El Venerable Beda cuenta la historia del viaje de este hombre a través de un lugar que no es el cielo y seguramente no es el infierno.

"La tercera visión era de un agradable prado lleno de flores de olor dulce y gente feliz. El guía dijo: ‘Este no es el Reino de los Cielos’. Cuando llegaron a ese reino y sintieron de lejos su luz y dulzura, el guía no lo dejó ir más lejos. Luego le explicó a Diritelmo que el primer valle estaba lleno de gente que sólo habían sido salvados en el momento de su muerte. Tenían mucha purificación que soportar, pero las oraciones y Misas ofrecidas por ellos en la tierra acortarían su sufrimiento. La agradable pradera era para aquellos cuya necesidad de purificación era más ligera. Aquellos que murieron sin imperfección, dijo, entrarían al cielo inmediatamente. Pero, aquellos que entraron en el oscuro agujero del infierno nunca podrían escapar. El guía entonces le dijo a Diritelmo que debía volver a la vida, pero debería vivir mejor después de eso. En realidad, Diritelmo estaba triste por tener que abandonar este mundo del más allá." 

Esta visión de un lugar temporero para la purificación antes de entrar en la eternidad con Dios suena hermosa. Saber que nuestras oraciones y Misas por los muertos son tan eficaces me da esperanza y le doy las gracias a San Diritelmo por haber compartido su visión.