¡Tan profundamente enamorado de Cristo que necesitaba estar atado!

Santidad y humilde servicio nacido del amor

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

Era torpe, tardo y probablemente sufría de algún tipo de discapacidad intelectual o de aprendizaje. Despreciado, lo insultaban llamándolo burro y era visto por su propia familia como un fracaso, un bueno para nada, y un ser humano inútil.

Su propia madre, que lo trató con dureza, creyó que no llegaría a nada que valiera la pena en este mundo. Rechazado, ridiculizado y maltratado por sus limitaciones mentales, pero él siguió perseverando.

¡Toda esta negatividad que rodeaba su vida y hoy es un santo con una basílica dedicada a él en Italia!

José, hombre de profunda fe y con una vida de oración aún más profunda, creía que tenía una vocación, creía que Dios lo estaba llamando a la vida religiosa. Luchó para responder a este llamado a pesar de ser continuamente desalentado por tantos dentro de la iglesia, y fuera de la iglesia.

Fue rechazado por una comunidad religiosa que frunció el ceño ante su pobre historial académico. Después de ser recibido en los capuchinos fue expulsado ocho meses más tarde. Finalmente, aceptado en la comunidad de los franciscanos conventuales, comenzando como hermano lego, se le dio la tarea de cuidar a la mula y a los demás animales de la comunidad. Humildemente sirvió a su comunidad y creció en su vida de oración amorosa e intimidad con nuestro Señor Jesucristo y su devoción a la Virgen Maria.

José quería continuar hacia el sacerdocio. La comunidad estaba convencida de que él no poseía la capacidad para manejar los estudios, pero le siguieron la corriente convencidos de que fracasaría.  Estaban convencidos de que no sería capaz de pasar sus exámenes y ser ordenado. Pero José, convencido de que Dios estaba de su lado sólo siguió adelante, no se dio por vencido. Entonces Dios intervino.

Para su examen de diaconado, el examinador abrió la Biblia al azar y le preguntó a José sobre un verso. Este fue el único verso que José realmente había aprendido. Esto no es suerte, ésta es la Divina Providencia. (Por causa de este detalle de su vida hay una oración para estudiantes que van a tomar un examen pidiéndole al santo que interceda ante Dios y para que sólo les pregunten sobre lo que han estudiado).

En su examen final, para que pudiera ser considerado para el sacerdocio, otro pequeño milagro ocurrió.

El primer grupo de franciscanos que estaban siendo examinados individualmente por el obispo en ese día salieron muy bien en sus exámenes. El obispo estaba tan impresionado que supuso que todo el grupo tenía el mismo grado avanzado de aprendizaje. Por lo tanto, el obispo decidió aprobar a todo el grupo incluyendo a nuestro santo y algunos otros que todavía no habían tomado su examen. Todos fueron ordenados al sacerdocio.

José continuó creciendo en su profundo amor por Dios y todo lo que es sagrado. Una vez, mientras celebraba la Santa Misa, estaba tan atrapado en la maravilla del milagro eucarístico ante él que se desconectó de todo y de todos los que le rodeaban. Él estaba conectado únicamente con Dios, Su Amor, delante de él en la eucaristía. José fue bendecido con la experiencia de un éxtasis ante Dios y comenzó a ser elevado en el aire. ¡Tan enamorado de Dios que comenzó a flotar en el aire!

Estas experiencias místicas de éxtasis y levitación, sucesos fuera de su control y únicamente manifestaciones de Dios a través de él, se hicieron más frecuentes y la noticia se extendió por todo el pueblo de entre ellos había un hombre santo que volaba en el aire. José es conocido por muchos como el santo volador. El "volar" era un signo exterior de lo que estaba sucediendo dentro de él con Dios en ese momento.

El Padre Thomas Dubay, S.M., en su gran libro "The Fire Within" describió el éxtasis como un estado de oración contemplativa, un don extraordinario de Dios. En otras palabras, es como si Dios, sin advertencia, se apoderara completamente de la persona en oración con un abrazo especial, un momento de unidad y amor.

El tumulto de personas que comenzaron a buscar a este sacerdote franciscano para oraciones, bendiciones y curas se hizo tan grande que fue continuamente trasladado de una casa religiosa a otra. Lo mantuvieron oculto y él disfrutaba de esto porque le daba tiempo para estar a solas con Dios a quien amaba tanto.

Estoy hablando San José de Cupertino, lo celebramos el 18 de septiembre, el día de su entrada al cielo. Es el santo patrón de los viajeros en avión, pilotos, astronautas, discapacitados en el aprendizaje, personas tomando exámenes y estudiantes con malas calificaciones.

San José Cupertino, hombre tan enamorado de Cristo que necesitabas estar atado, ruega por nosotros.