¿Cuáles fueron esas semillas de fe y amor?

Fruta santa de la primera evangelización

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

Mientras reflexiono sobre la vida de santidad de esta jovencita, no puedo dejar de preguntarme, ¿cuáles fueron esos ejemplos y mensajes que fueron compartidos con ella que la llevaron a enamorarse de Cristo?

Ella creció en un hogar sencillo y amoroso. Su padre no era católico, pero su madre sí lo era y de una manera especial, como la mayoría de las madres lo hacen, compartiría su fe en Jesucristo y fue ejemplo de oración para sus hijos. Ni su hermano menor, ni ella, fueron bautizados de niños. Su comunidad era una interesante mezcla de creyentes en un poder supremo y aquellos que habían aprendido que el poder supremo tenía un hijo y su nombre era Jesucristo.

Fue un trágico acontecimiento cuando su comunidad fue devastada por la enfermedad y la muerte. Se quedó sin familia y físicamente debilitada y marcada para la vida por lo que hoy se conocería como una simple enfermedad infantil.

Sus tíos y tías la adoptaron y después de cumplir los dieciocho años de edad, incluso recibió permiso para ir a la instrucción religiosa y aprender más sobre ese Jesús del cual su madre le había hablado tanto. Los relatos del evangelio que los misioneros compartieron con su comunidad la llenaron de entusiasmo y más hambre de Jesús. Su amor por el Salvador y Redentor del mundo crecía y se hacía más intenso. Esta era una mujer muy enamorada del Señor.

¿Qué es lo que dijeron estos misioneros? ¿Cómo lo dijeron? ¿Cuál fue su metodología? ¿Cuál fue su estilo de predicación? ¿Qué materiales o métodos de evangelización utilizaron? ¿Pertenecía a un estudio bíblico, a un grupo de discipulado o a un grupo del rosario? ¿Qué le dijo su madre antes de morir? ¿Qué vio esta joven en su madre, y en esos misioneros, que despertó en ella un amor tan intenso por Cristo? ¿Cómo lo hicieron ellos?  ¡Para que nosotros lo podamos hacer también!

Aprender más acerca de Jesucristo, y la Fe Católica significó mucho para ella, mientras que también fue mal visto por la mayoría de los miembros de su comunidad. Este ambiente hostil hacia la fe no la desalentó. Ella estaba más enamorada de Jesús cada día que pasaba y en una mañana de Pascua, cuando tenía unos 20 años, recibió su bautismo.

Como nueva cristiana, su fervor y su sincero y devoto amor por Jesucristo continuaron creciendo. No sólo progresó en su vida de oración, también comenzó a ofrecer penitencias y sacrificios sólo para poder sentir un poco de lo que Cristo sintió cuando sufrió y murió por nosotros.

Cuanto más devota se volvía, más fue rechazada por su comunidad. El rechazo fue tan intenso que decidió abandonar su comunidad y migrar hacia el norte. Sobre 200 millas más tarde, la distancia entre Fort Worth, Texas y Oklahoma City, Oklahoma, fue recibida en una fuerte comunidad católica.

En su nueva comunidad, creció en su fe y finalmente pudo recibir, en una Navidad, algo, o mejor dicho recibió a alguien, que ella deseaba con todo su corazón, su Primera Comunión. No había vuelta atrás, dio toda su vida a Cristo e incluso hizo un voto de virginidad. ¡Sólo Cristo podría ser su cónyuge y ella sería totalmente suya!
Continuó con sus muchos actos de servicio caritativo y se esforzó por vivir una vida de lo que más agradaba a Dios. A pesar de que los misioneros trataron de desalentarla, ella también estaba dedicada a muchos actos de penitencia, algo que no ayudaba a su debilitada salud.

En medio de una Semana Santa, con su salud tan deteriorada, murió. Sus últimas palabras fueron: "¡Jesús, te amo!".

Invoco su intercesión para que también yo pueda crecer en mi amor por Cristo. Cuanto más lo pienso, más estoy convencido de que los mejores sembradores de las semillas de fe y de amor a Cristo, los mejores evangelizadores, son aquellos que están verdaderamente enamorados de Cristo. ¡Un profundo amor por Cristo, que nos amó primero, es muy contagioso! Este es el secreto de la evangelización efectiva.

Santa Kateri Tekakwitha, ruega por nosotros.