La Madre Laura y los pobres

De huérfana a maestro

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

La colombiana María Laura de Jesús Montoya Upegui nació en la ciudad de Jericó, estado de Antioquia, un 26 de Mayo. Sus padres Juan y María juntos con sus dos hermanos, Carmelina que había nacido el año antes y Juan que nació después de ella, formaron un hermoso hogar, pero esto no duro mucho.

Su padre, que era médico, murió asesinado cuando Laura tenía solo dos años. Esto llevó la familia por un camino de pobreza y mucho dolor. Pero Dios siempre estuvo presente y la familia no soltaba a Dios.

Mientras que Laura iba creciendo también creció su espiritualidad. Su vida de oración, centrada en la meditación de la Palabra de Dios y reflexión, fue donde ella recibió la fuerza para soportar las diversas cruces y sufrimientos que formaron parte de su vida desde una temprana edad. Esta espiritualidad centrada en Cristo también despertó en ella más hambre de Dios. Y fue en esa hambre de tener a Cristo más cerca donde fue descubriendo su vocación.

A los 16 años esta joven huérfana, pobre, y sin estudios fue recibida en una casa de estudios para comenzar una carrera de maestra de escuela elemental.

Fue una excelente estudiante. Tan excelente que pronto comenzó a formar a otros jóvenes, escribir libros mientras seguía creciendo en su intimidad con Dios a través de su vida espiritual.

Al Final de su vida terminó escribiendo sobre 30 libros.

Faltando poco para cumplir sus cuarenta años, Laura, con el respaldo del Obispo de su diócesis, y con seis catequistas, se convierte en fundadora de una nueva familia religiosa. El nombre de su comunidad es, Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena.

Laura y su nueva comunidad se dedicaron a la formación religiosa de los indígenas y otros apostolados en las misiones de Colombia.

Su dedicación a evangelizar los más pobres y abandonados, en lugares extremadamente difíciles donde vivir, le afectó su salud. Los últimos nueve años de su vida estuvo limitada a un sillón de ruedas y con fuertes sufrimientos físicos. La Madre Laura murió un 21 de octubre a los 75 años.

Al morir su congregación de misioneras contaba con 90 casas en con más de 400 religiosas en tres países.

Ella es la primera santa de Colombia.

El Papa Francisco la canonizó el 12 de mayo del 2013.