Primero, una intensa hambre de Dios

Segundo, el deseo de compartirlo

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

Cuando una mujer que es esposa y madre tiene un amor intenso por Jesús, tanto el matrimonio como la familia son bendecidos. El amor de la esposa por Jesús enriquece y fortalece su amor por su esposo y sus hijos. Cuando todos en la familia están abiertos a la presencia y amor de Cristo en su hogar, fluyen las gracias.

C.B. creció en este hogar y muy pronto se acercó a su madre y le hizo una pregunta muy sencilla: "Madre, ¿cómo puedo convertirme en una santa?" No me malinterpreten, este hogar no fue un ambiente limitado a la oración, penitencias y siempre preparándose para ir a la iglesia. Esta fue una familia trabajadora que tenía a Cristo como su fundamento.

C.B. también sabía coser, hilar y tejer tejido. Y, fue muy buena en sus tareas del hogar. Este era el sustento de su familia y complementaba el salario de papá mientras estaba vivo. Más tarde, se convertiría en el ingreso primario para el hogar.
Además, un poco fuera de lo común (aunque no debería serlo), C.B. tuvo un comienzo temprano en su formación catequética en su casa. Ella no sólo aprendió su fe, sino que creció cada día más en su amor por nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

A mediados del siglo XIX, la costumbre era que los adultos fueran los que hicieran su Primera Comunión. La Primera Comunión, recibir la Eucaristía por primera vez, no se convirtió en costumbre hasta el Papa Pío X en el siglo XX. Pero, C.B. era especial. Debido a su inusual preparación catequética y su profunda espiritualidad, C.B hizo su Primera Comunión a los 11 años antes de se estableciera las costumbres modernas donde sería algo común.

Fue en esa ocasión especial donde tuvo su primera experiencia mística: arrepentimiento y piedad excepcional por sus propios pecados y los del mundo. ¿Cómo puede un Jesús amoroso que siempre se da a nosotros de muchas maneras, ser ofendido por cada uno de nosotros cuando cometemos pecado? La realidad del pecado la atormentaba.

Ella fue inspirada a dedicar su vida a la oración y a las buenas obras para tratar de compensar por tanto pecado en el mundo. Ella lo haría no con una cara triste, sino con un rostro lleno de alegría y amor mientras trabajaba en casa y atendía a los necesitados. Ella incluso comenzó a hablar de Jesús a sus amigos y compañeras de trabajó. Siempre con alegría.

C.B. encontró esperanza e inspiración en el crucifijo y Nuestra Señora de los Dolores. Ella hacia muchas visitas al Santísimo, con muchas horas frente al Sagrario. Visitaba al Señor tan a menudo como podía, y allí fue donde su vida de oración, y su vocación de llegar a los pobres y los necesitados, comenzó a crecer.

Se unió a su equipo local de catequistas, que eran principalmente los hombres católicos en la ciudad. (¡Cómo han cambiado los tiempos!) C.B. comenzó como catequista asistente y en pocos años, se convirtió, lo que hoy llamaríamos Directora o Coordinadora de la Educación Religiosa. El número de catequistas creció y la parroquia se llenó de nueva energía al proclamarse la Buena Nueva de Jesucristo.

Los hombres de la ciudad estaban claramente impresionados con su fe y su belleza. Varias propuestas de matrimonio salieron a su encuentro, pero su corazón estaba puesto en un hombre diferente.

Su biografía del Vaticano menciona que las catequistas formaron un grupo y eligieron a C.B. como su líder y "concibieron la idea de una comunidad dedicada a un modo de vida apostólica y contemplativa. Esta sería una vida de servicio que surgiría de la Eucaristía, con la Santa Comunión diaria, y se ennoblecería con la enseñanza del catecismo a los campesinos y trabajadores de la zona ".

Este grupo de catequistas se convirtió en la orden religiosa Suore Minime dell'Addolorata. Se han expandido y siguen creciendo. Se extienden por toda Italia, India y Tanzania. Como solo tenía 23 años en el momento de su muerte, Clelia Barbieri es la fundadora más joven de una comunidad religiosa en la historia de la iglesia.

Fue canonizada por San Juan Pablo II el 9 de abril de 1989.