Con Cristo, el matrimonio ordinario se convierte en un extraordinario ejemplo

Un ejemplo santo de matrimonio y discipulado

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

Era domingo, 21 de octubre de 2001. El estado del tiempo en el Vaticano era tempestuoso. La lluvia estaba cayendo fuertemente y la gran ceremonia de beatificación que estaba programada para ser celebrada al aire libre en la Plaza de San Pedro fue trasladada a la Basílica. La beatificación es el paso antes de ser declarado santo.

Dentro de la Basílica, entre la multitud de personas, dos ancianos sacerdotes se revestían en la enorme sacristía, iban a concelebrar esta celebración eucarística con el Papa Juan Pablo II.

Aunque este domingo era conocido en toda la Iglesia Católica como el Domingo Mundial de las Misiones, DOMUND en la mayoría de los países latinoamericanos, este tema era lo más lejano de sus mentes. Estos hermanos estaban a punto de celebrar ser familia de una manera única.

Esta celebración dominical, esta misa de beatificación, era algo histórico. Ambos ancianos sacerdotes, el Padre Paolino y el Padre Tarcisio, estaban a punto de celebrar con el Papa la misa de beatificación de su propia madre y padre.

Nunca, en los casi 2.000 años de historia de la Iglesia Católica, se había visto que los hijos estuvieran presentes en una misa de beatificación de sus padres. Su hermana, Enrichetta, estaría sentada en frente. Ocho años antes de este día especial, había fallecido la primogénita Stefania, que se había convertido en monja benedictina tomando el nombre de Cecilia.

Una familia, cuatro hijos y cuatro vocaciones únicas; Dedicada laica, monja benedictina de clausura, monje trapista y sacerdote diocesano. ¡Qué familia! Y pensar que los comienzos de esta familia no eran nada tan especial.

El papá, nacido en 1880, fue criado por su tía y tío. Fue a la escuela como la mayoría de los niños de su edad y fue bendecido con la oportunidad de ir a la escuela de derecho gracias a la generosidad de varios miembros de la familia. Se convirtió en un funcionario público y sólo dos meses antes de cumplir 26 años, se casó con la chica de sus sueños.

La madre, nacida en 1884, pertenecía a una familia noble. Ella tuvo una educación sólida y se convirtió en maestra y escritora. También era muy dedicada a su vida espiritual y pertenecía a varios grupos de mujeres y servía bien dentro de aquellos grupos.

Durante su cuarto embarazo, su más difícil, los médicos recomendaron un aborto. Estaban convencidos de que tanto la madre como la hija morirían si el embarazo llegara a término y querían por lo menos salvar la vida de la madre. Ella dijo "no", y su marido la respaldó. Más tarde, nació una niña sana y la madre también estaba muy bien.

La vida familiar para esta pareja tan común estaba llena de eventos deportivos, momentos de diversión en casa además de momentos de oración familiar y devociones. La pareja incluso formó grupos de exploradores para niños pobres en su vecindario. También dirigieron varios ministerios matrimoniales y familiares para su parroquia y diócesis.

Con este tipo de ambiente para sus hijos que iban creciendo no es de extrañar que esta familia fuera bendecida con tantas vocaciones religiosas. Permítanme compartir un breve fragmento de la homilía de San Juan Pablo II de la misa de beatificación:

"Estos esposos vivieron, a la luz del Evangelio y con gran intensidad humana, el amor conyugal y el servicio a la vida. Cumplieron con plena responsabilidad la tarea de colaborar con Dios en la procreación, entregándose generosamente a sus hijos para educarlos, guiarlos y orientarlos al descubrimiento de su designio de amor. En este terreno espiritual tan fértil surgieron vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que demuestran cómo el matrimonio y la virginidad, a partir de sus raíces comunes en el amor esponsal del Señor, están íntimamente unidos y se iluminan recíprocamente."

"Los beatos esposos, inspirándose en la palabra de Dios y en el testimonio de los santos, vivieron una vida ordinaria de modo extraordinario. En medio de las alegrías y las preocupaciones de una familia normal, supieron llevar una existencia extraordinariamente rica en espiritualidad. En el centro, la Eucaristía diaria, a la que se añadían la devoción filial a la Virgen María, invocada con el rosario que rezaban todos los días por la tarde, y la referencia a sabios consejeros espirituales. Así supieron acompañar a sus hijos en el discernimiento vocacional, entrenándolos para valorarlo todo "de tejas para arriba", como simpáticamente solían decir."

Esta pareja ordinaria se conocen ahora como los Beatos Luigi y María Beltrame Quattrocchi. El calendario de la Iglesia celebra su memoria no el día de su entrada en el cielo, sino el 25 de noviembre, su aniversario de boda.