Encuentro íntimo con el amor desde un pesebre

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

Navidad 2016

Cuando miramos al niño en el pesebre, el amor nos está mirando a nosotros.

A medida que crecemos y maduramos como discípulos de Jesucristo, tomando conciencia del amor infinito y misericordioso de Dios presente en este niño, el Verbo Encarnado, naturalmente queremos compartir esta Buena Noticia con todos los que nos rodean.

No podemos resistir la bendita necesidad de decirle al mundo: "¡Mira en el pesebre! ¡Somos amados! ¡El amor nos está mirando a nosotros a través de este niño! "Él nos está diciendo a todos que todo estará bien”.

Cada discípulo tiene que asegurarse de que su situación sentimental en Facebook dice "En una Relación", porque miramos en el pesebre y encontramos al amor mirándonos a nosotros. Háblale al amor y deja que el amor te hable. Sus palabras son dulces, amorosas, misericordiosas y alentadoras; Siempre llamándonos a seguirlo y a vivir como él vivía. Háblale al amor en el pesebre y tu corazón será tocado por él.

Pídele a ese niño en el pesebre por aquellos cuyos sufrimientos y dolores los ciegan a su presencia. Ore por su gracia y bendiciones diarias para su familia, amigos y por usted mismo. O simplemente quédate mirando al amor recién nacido en el pesebre y agradécele por su amor y la esperanza que nos trae a todos. Que tu corazón sea tocado por su vida y compártela, muchos han mirado en el pesebre y no han encontrado el amor que tú ves ahí.

No se apresure al pasar por el pesebre. No te apresures al pasar por el amor que está ahí recostado sonriéndote.  El amor es paciente, nunca se apresura. ¡Todo lo demás puede esperar! ¡Saboree al Salvador! ¡Siga con el Señor! ¡Reflexione sobre el Redentor! ¡Él es la razón de esta estación del año y el tiempo con él es el mejor regalo que te puedes dar a ti mismo!

¿No es hermoso este niño? El verdadero amor siempre es hermoso y excitante. El verdadero amor es don de Dios. Él es el regalo más grande que podemos compartir. Él es exactamente lo que todo el mundo realmente necesita, independientemente de lo que está en su lista de regalos de Navidad.

Al mirar al pesebre, vemos ahí la respuesta a todos nuestros mayores deseos; Él es el regalo perfecto, la alegría para el mundo.

Permítanme compartir una cita del Papa Francisco.

"Toda la vida de Jesús, su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, y finalmente su entrega total, todo es precioso y le habla a la propia vida.

Cada vez que uno vuelve a descubrirlo, se convence de que eso mismo es lo que los demás necesitan, aunque no lo reconozcan. … A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno.

Cuando se logra expresar adecuadamente y con belleza el contenido esencial del Evangelio, seguramente ese mensaje hablará a las búsquedas más hondas de los corazones. … El entusiasmo evangelizador se fundamenta en esta convicción. Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor”  (Evangelii Gaudium # 265).

La Navidad es una oportunidad para que cada discípulo renueve esa experiencia de mirar al pesebre y saber que el amor también lo está mirando a él o ella. Su amor, su mensaje, nos da vida. Esta vida, la compartimos. Esta vida da esperanza.

Como sus discípulos, estamos convencidos de que es mejor tener una Navidad llena del niño Dios, Jesucristo, que nos mira desde un pesebre. Los árboles, las luces, las fiestas, las comidas, la música en Navidad sólo tienen sentido cuando nacen de nuestra alegría de haber encontrado la mirada amorosa de Jesús que nos sonríe desde su pesebre. Sin él, no es Navidad.

Para todos mis hermanos y hermanas que podrían estar un poco cansados de todos los quehaceres y las muchas actividades que nos ocupan en esta temporada, los invito a tomar una pausa, respirar profundamente y mirar en el pesebre. Él te ama; Camina contigo, habla contigo, respira contigo, trabaja contigo y nunca te deja solo o sola.

Que tu corazón sea el pesebre donde se recueste el niño Dios, desde donde puedas contemplar su amor y llenarte de la alegría y el entusiasmo que necesitas para ayudarlo a transformar el mundo.

Bendecida Navidad.