Programa ayuda a guatemaltecos combatir desnutrición

Por Judith Sudilovsky
Catholic News Service

MOMOSTENANGO, Guatemala – Cuando tenía 12 años de edad y trabajaba como obrera agrícola, Elvia Abac juró que sus futuros hijos nunca pasarían hambre como ella experimentó.

Siendo la mayor de nueve hijos, Abac tuvo que abandonar la escuela para trabajar en los campos y ayudar a su madre a proveer para la familia después que su padre los abandonó. Ella trabajaba largas horas y llevaba a casa las tortillas que le daban de cenar a sus hermanos, para que ellos tuvieran algo de comer.


Ahora casada y madre de un hijo de 8 años de edad y una hija de dos años, Abac, de 29 años, vive con sus suegros. El mayor reto como familia joven, ella dijo, es que su esposo, obrero, no siempre encuentra trabajo.

Muchos días no han tenido suficiente comida para todos, ella dijo.


Más de la mitad de los niños de Guatemala menores de 5 años de edad están crónicamente desnutridos. En zonas étnicamente mayas como en la región montañosa de Totonicapán, más del 70 por ciento de los niños sufre de desnutrición crónica.

Hay pocas oportunidades de empleo aquí y la mayoría de los residentes de la villa son obreros agrícolas para grandes terratenientes.

Abac se unió recientemente a un grupo de mujeres de su villa, un programa para resolver el problema de hambre, copatrocinado por Caridades Católicas, Caritas de San Marcos y una organización no gubernamental de desarrollo local. Conocido por su acrónimo SEGAMIL, el programa ayuda a mujeres a establecer sus propias hortalizas, les enseña la importancia de las buenas prácticas higiénicas y cómo incorporar a su dieta la proteína animal, como los huevos. En sus primeras etapas el programa da raciones de comida mensualmente a mujeres embarazadas, a madres que amamantan y a niños menores de 2 años.


Al mejorar el acceso a alimentos y agua limpia, el proyecto tiene la meta de reducir la desnutrición crónica, y muerte por falta de alimento, entre los niños. El programa tiene la esperanza de ayudar a 23,000 familias en ocho municipios cuando llegue a su término en julio del 2018.


"Daré todo para que mis hijos no sufran como yo", dijo Abac, cuyos suegros le dieron un pequeño terreno para comenzar una hortaliza casera. "Con mi hijo, solíamos darle el mismo alimento" que ellos comían antes de su nacimiento.


"Él tenía infecciones todo el tiempo", dijo Abac. Ahora, ella dijo, todos se lavan las manos apropiadamente "y él sigue lo que hago, de modo que toda la familia está más saludable. No hemos tenido que ir al médico tan a menudo". Estamos comiendo alimento y vegetales limpios".

Durante reuniones bimensuales con mujeres líderes locales que han sido entrenadas en el programa y con representantes de los patrocinadores, las mujeres de la villa están aprendiendo a sembrar vegetales y plantas como brécol, apio, coliflor, repollo, rábano y manzanilla para suplementar sus cosechas tradicionales de maíz y frijol.

Aprender cómo sembrar una variedad de vegetables para cosechar las ha hecho más conscientes de la importancia de dar una variedad de comida a sus hijos, dijo Idalia Carlichero, de 24 años de edad, promotora agrícola del grupo. Las mujeres han comenzado a experimentar con distintos métodos de cocinar los vegetales, en gran medida con la aprobación de sus familias, ella dijo. Los favoritos incluyen brécol empanado con huevos, habas en salsa roja con ensalada de rábano con chicharrón, lechuga y limón.


"Hacemos esto para asegurar que nuestros niños siempre tengan algo de comer", dijo Leticia Pérez, de 22 años, cuyo esposo trabaja como colector de boletos de autobús. "Aunque no podamos comprar algo en el mercado tenemos nuestro propio alimento".


Aunque el asunto de la desnutrición es de extensión local, el ministro guatemalteco de relaciones exteriores, Carlos Morales Moscoso, también ve ramificaciones nacionales e internacionales de gran alcance si el problema no se resuelve pronto.

La pobreza en su país de 17 millones de personas se ha más que doblado desde 1986 y hoy día casi el 60 por ciento de la población vive bajo el nivel de pobreza, él dijo en una entrevista reciente con periodistas estadounidenses. Él dijo que el hecho que más de la mitad de los niños de Guatemala están crónicamente desnutridos necesita verse como una preocupación a largo plazo porque esto afecta la manera en que el país funcionará en el futuro.

"Es una enfermedad invisible, pero es crónica", dijo Moscoso, quien es católico. "Los niños que viven crónicamente desnutridos no tienen la capacidad para aprender; eso daña su desarrollo cerebral. ¿Qué tipo de futuro tendrán? Serán obreros agrícolas todas sus vidas. El trabajo en granjas genera pobreza. La otra opción es una vida de crimen y, ya que muchos no quieren entrar en el crimen, su última opción es la migración".

Moscoso cree que los diferentes problemas han causado un aumento en la migración de trabajadores guatemaltecos hacia Estados Unidos desde la crisis del 2014, que vio 16,000 menores no acompañados entrando al país ilegalmente. Este año, él dijo, ese número ha aumentado a 23,000.

Más dinero tiene que invertirse en programas sociales que atiendan estos asuntos, él dijo, de otro modo el país seguirá el camino de Venezuela con su escasez de alimento, una profunda recesión e incertidumbre política y social.

Por ahora, Julia Martínez, viuda de 39 años de edad y madre de cinco que trabaja como promotora de sanidad para el proyecto SEGAMIL, dijo que cree que el simple hecho de poder sembrar sus propios vegetales para proveer alimento nutritivo para su familia le está permitiendo darles un mejor futuro.

"Esto está ayudándome a seguir adelante con mis hijos", dijo Martínez.