¡Agradezco a Dios por las Comunidades Hospitalarias!

Increíble lo que sucede cuando la gente se ama

Por Pedro A. Moreno, O.P.
Director, Oficina del Ministerio Hispano

El Día de Acción de Gracias está a la vuelta de la esquina y mientras tengo muchas bendiciones por las cuales debo darle gracias a Dios en mi vida personal también hay una bendición especial que deseo darle gracias desde la perspectiva de mi ministerio en la Arquidiócesis. El impacto fue profundo y la memoria viva de aquella bienvenida todavía me trae alegría. Yo vi el amor.

En septiembre pasado recibí una llamada del párroco de Holy Name Catholic Church en Chickasha. El Padre Prasad quería que visitara una de las misiones de la parroquia. La invitación fue para la Iglesia Católica de San Pedro en Lindsay. El me explicó que era una comunidad de diversidad cultural que pasaba por una transición y él estaba muy interesado en posibles recomendaciones pastorales que le podría ofrecer. Inmediatamente dije que sí.

A medida que el domingo se acercaba, empecé a repasar mis lecturas de varios documentos de los obispos de los Estados Unidos sobre el multiculturalismo y escritos sobre parroquias modelo. Me estaba preparando para ofrecer varias sugerencias prácticas.

¡Este es un tema fascinante para mí! Nacido en la ciudad de Nueva York, el Lower Eastside de Manhattan, estaba rodeado por muchas parroquias nacionales en los años 60 y el multiculturalismo fue una parte integral de mi realidad católica. Mi parroquia de origen fue Nuestra Señora de los Dolores, una parroquia irlandesa. (Probablemente soy uno de los pocos hispanos que pueden hablar con un ligero acento irlandés, después de una cerveza Guinness.)

A medida que el domingo pasaba, comencé a preguntarme qué podría estar pasando en la parroquia dedicada a mi homónimo. ¿Será prejuicio, discriminación o racismo? ¿Serían problemas con algunos hispanos ingratos tratando de imponerse? ¿Qué podría estar pasando en Lindsay? Me fui temprano después de visitar la comunidad hispana en San José en Norman.

Este fue mi primer viaje a Lindsay. A pesar de que mi GPS dijo que estaba a sólo cinco minutos todo lo que podía ver era un vasto espacio rural sin casas o edificios, pero los milagros suceden. Cinco minutos más tarde estaba en medio de la pequeña comunidad rural y me estacione justo enfrente de San Pedro.
Estaban cortando la grama y el cantor estaba adentro practicando algún canto gregoriano. Fui tan temprano que pude pasear por la ciudad y tuve un pequeño aperitivo antes de la Misa. Lindsay es una hermosa ciudad pequeña. Me encantaría vivir allí.

Antes de que comenzara la Misa, los maestros de la catequesis comenzaron a llegar y se reunieron con el de facto director de la catequesis que también era el cantor para la Misa. Entonces llegaron los niños. Los estudiantes son todos hispanos y el programa es bilingüe, quizás inclinándose un poco más hacia el español.

Mientras los estudiantes estaban en clase el cantor y el de facto director del coro/organista, ninguno de los cuales hablaba español, practicaban el salmo responsorial en español. ¡Fue grandioso! Unos minutos más tarde, el organista me preguntó por qué el Salmo se refería a Dios haciendo salsa de los pobres. (Confundió las frases "en salsa a los pobres" y "ensalza a los pobres.")

La Misa fue en español e inglés. Es la única Misa en Lindsay. La comunidad ha pasado de tener casi ningún hispano, hace siete o diez años, a una comunidad que ahora es aproximadamente el 80% hispana. Luego, después de unas pocas palabras del Padre Prasad la reflexión que el domingo fue muy buena, centrada en las lecturas de ese domingo, celebrando la unidad de todos en Cristo y fue hechas en español e inglés.

En la Comunión, cuando me acerqué para recibir la Eucaristía, el ministro de la Comunión, oriunda de Oklahoma, ¡me habló en español! ¡Sangre de Cristo! ¡Esto fue una bienvenida muy acogedora!
La cena potluck, donde cada persona trae algo diferente para la cena, después de la Misa continuó manifestando la acogida que los miembros angloparlantes más antiguos de la comunidad estaban dándole a los hispanos recién llegados. La comida fue estupenda, el amor y la fraternidad fue genial. La forma en que todos se llevaban fue sobresaliente. Hablé con tantos. Los hispanos me repetían cómo se sintieron tan acogidos y bienvenidos en San Pedro.

Mientras me disponía a irme y me estaba despidiendo algunos de los líderes angloparlantes se acercaron a mí con una pregunta: "¿Qué más podemos hacer?" Sonreí y respondí con alegría en mi corazón, Nada, ni una sola cosa. Ustedes se aman, son acogedores, les dan la bienvenida, comparten el espacio y se reúnen para compartir a Cristo. Esta es una comunidad modelo de fe. (Haciendo lo que recomendaron todos los libros académicos.) También recibí un retrato de Nuestra Señora de Guadalupe como regalo por haberlos visitado.

Este Día de Acción de Gracias, al unirnos como familia para dar gracias a Dios por tantas bendiciones y con mucho entusiasmo buscando como elevar nuestros niveles de azúcar en la sangre, daré gracias por las muchas bendiciones en el Ministerio Hispano. Daré gracias por el amor y el ambiente hospitalario en San Pedro en Lindsay, Oklahoma.