Visitar a los enfermos en el siglo 21

 Lo que hice este verano

Por Pedro A. Moreno, O.P., MRE
Director, Oficina de Ministerio Hispano

Hace tan sólo unas semanas fui bendecido con una emergencia médica. Después de una cirugía oral que resultó muy bien, me fui a casa y empecé a tomar mis medicamentos, y eso no me resultó tan bien. ¡Qué noche aquella!

 Sin entrar en demasiados detalles puedo compartir que fui de mi sala en casa a la sala de emergencias y luego a un cuarto en el hospital en tan sólo unas horas. Mientras que en mi opinión había superado la peor parte de la crisis médica a la mañana siguiente, los médicos no estaban de acuerdo con mi diagnóstico.

Sintiéndome algo mejorado hice lo que cualquier católico del siglo 21 haría. Lo publiqué en Facebook. Todavía no estoy seguro de cómo interpretar un “Like” al publicar sobre mi estancia en el hospital, pero estoy seguro de que alguien me lo hará saber.

Correos electrónicos, mensajes de texto, FaceTime, Skype e incluso llamadas de teléfono comenzaron a llegar, además de una larga lista de buenos deseos en Messenger y también otra lista de notificaciones de Facebook en relación con los comentarios a lo que publiqué. No Tweeteo ni hago Instagram, Snapchat ni me involucro en cualquier otra forma de los nuevos medios de comunicación social.

Un buen amigo, párroco de una Iglesia local rápidamente me llamó y preguntó si alguien había venido para el Sacramento de los Enfermos. Dije que no. Una hora más tarde estaba a mi lado.

Otro sacerdote, después de Misa, también me trajo la Santa Comunión un par de horas más tarde. Al día siguiente en el hospital tuve tres diferentes ministros de comunión que me trajeron la Eucaristía. A uno de ellos le dije que no, el capellán del hospital, debido a que acababa de recibir nuestro Señor sólo una hora antes.

En mi enfermedad estaba experimentando el amor de Dios a través de mi familia de fe, la iglesia. Le dejé saber a mi familia católica que estaba enfermo. Pedí oraciones. La familia respondió, de manera impresionante.

En este año de misericordia se nos recuerdan las Obras Corporales de Misericordia, y una de ellas es visitar a los enfermos. Desde el punto de vista de alguien que de manera renuente fue obligado a recostarse en las verdes praderas de un hospital (Nunca leeré el Salmo 23 de la misma manera otra vez) el visitar a los enfermos, por vía electrónica o en persona, es un medicamento tan fuerte, y hasta más fuerte, de lo que fue directamente a las venas de mi brazo.

Estuve enfermo y me atendieron, véase Mateo 25, 36. Para todos aquellos amigos y familiares que de una forma u otra visitan a los enfermos, les digo que son ejemplos vivientes de la misericordia de Dios, y deseo darle las gracias por ser Cristo para los demás.

Mientras que la iglesia nos invita a ver en los enfermos y moribundos una imagen de Cristo, lo contrario también es cierto. Desde la perspectiva de un hombre enfermo en una cama de hospital cada visitante, por vía electrónica o en persona, es Cristo visitándome en un momento de debilidad y dependencia de los demás. Este amor sana y da esperanza.

No dejes de visitar al enfermo: con tales obras te harás amar. (Eclesiástico 7, 35)

A todos los enfermos, y amigos y familiares de los que están enfermos, os animo a dejarle saber a su familia de fe de  que usted, o alguien que conoce, está pasando por un momento difícil y está en necesidad de oración. Déjele saber a la parroquia de que tienen hambre de Cristo en la Eucaristía. Pida el Sacramento de los Enfermos.

¡En el siglo 21 una visita a un enfermo puede iniciarse con tan solo una llamada telefónica!