Obra Espiritual de Misericordia

Por Álvaro Marfull Meléndez
Director Asociado, Oficina de Ministerio Hispano

Esta obra está conectada con el corazón de la acción redentora de Cristo. Esto quiere decir que
dando y recibiendo el perdón hacemos presente a Cristo en su rasgo más identificatorio y más
conectado con la Liberación que nos vino a traer: La Reconciliación.

 

Perdón etimológicamente, significa “dar o donar mucho”. O sea es una “gran donación o regalo”.
(En verbos el prefijo “per” implica muchas veces intensidad como en “perdurar” y otros)
Verdadero perdón está hecho para dar, no para retener. En Inglés una de l
as palabras que se usa es traducción literal de ello: “For” (intensidad) y “give” (dar).

La Historia Sagrada menciona en el Antiguo Testamento a un nieto de Adán, llamado Lamec, hijo de Caí
n.Este simboliza la malicia, el resentimiento y la venganza llevada al extremo. Les
dice a sus mujeres “Yo maté a un hombre por una herida que me hizo, y a un muchacho por un
moretón que me recibí. Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete”
(Génesis 4,23-24).

Este sería el dato que tendría en sus pensamientos Jesucristo, en el momento en que le
explica a Pedro que se debe perdonar 70 veces siete (Mateo 18,21-22).

Es perdonando como se neutraliza y deshace el poder de la maldad. Solo el perdón permite la
evolución sana de una sociedad y de la civilización.

Sabemos que en ocasiones no es fácil hacerlo. A veces
pueden pasar años hasta que estemos libre del dolor del daño recibido por otros o infringido a otros. Y solo entonces consideramos que estamos preparados para soltar nuestro dolor y dejar
“libres” a quienes nos han ofendido y hecho daño.Y  liberarnos, también, de culpas propias.
El perdón tiene grados y también es un proceso. Hay disculpas que son más fáciles de otorgar
dependiendo de la ofensa y del daño. 

El perdón más extremo es la Misericordia. Esta otorga el perdón casi “porque sí”. El único
motivo que se tiene para disculpar con Misericordia a alguien, es solo el considerar que perdonar
totalmente y de manera diligente algo que merece ser castigado tiene un valor o premio en sí
mismo. En el perdón con Misericordia se produce una semejanza especial entre la humanidad y
Dios. También puede indicar una especial amistad con El. El perdonar no puede aparecer como
un acto de orgullo sino un acto de fe y de discipulado en el que se comparte el proceso
desgarrador, a veces, que vivió el mismo Jesús. Pero es el proceso que permite que la Vida venza
gracias a su fruto: la Paz propia y ajena.

Hemos de perdonar las ofensas y todo tipo de daño. Este imperativo tiene su fundamento en la Voluntad divina.
Pero también su necesidad se basa en razones humanas y de salud integral.

El “anger management” tiene principios útiles que nos ayudan a vivir el proceso del perdón. Por
ejemplo ayuda a considerar que “el resentimiento es un veneno que uno bebe esperando que otro
muera”. También ayuda a pensar en que nuestra manera de comprender la vida,  está llena de
distorsiones que hacen que nuestras reacciones sean producto de una imaginación herida. La
mayoría de nuestros problemas están solo en nuestra imaginación y en cómo interpretamos las
acciones de los demás. Hay ocasiones en que hay ofensas y daños objetivos pero depende de uno
manejar el grado en que nos afecta y en cómo respondemos con justicia sana.

Nuestra convivencia es una convivencia de egos en proceso de rede
nción y de sanación. Decíamos que perdonar significa “no retener un don”, el soltar dolores y resentimientos
pero hacerlo sin dirigirlo a nadie es esencial para poder  practicar esta obra de Misericordia. Porque ocurre
que a veces nos hemos “enamorado” de un dolor y de una ofensa y esto se transforma en el
motivo para una vida triste, amargada, depresiva. Esta obra de misericordia entonces parte muchas
veces experimentando el perdón dentro de sí mismo.

Pero el ser humano lo tiene que aprender todo. Necesitamos aprender a amar por eso es que
también a perdonar y ser perdonado se aprende. De a poco. Con amor. Con autocomprensión y
comprensión de los demás. Y por supuesto con sentido del humor. El buen humor implica madurez humana pero
también de Fe. Alguien con buen humor sabe con claridad lo que es importante y lo que no.

¿Dónde aprendemos a perdonar? Ahí mismo donde aprendemos a amar. El catecismo destaca el
lugar privilegiado de la familia “El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y “escuela
del más rico humanismo” (GS 52,1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor
fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la
oración y la ofrenda de la propia vida” (1657) 

Nuestra capacidad o incapacidad para amar entonces, la podemos descubrir en la familia dónde
venimos. Y descubrir que necesitamos mucho perdonar y ser perdonados.