Reconcíliense con Dios, revivan esperanza en los demás, insta el papa en Pascua

Por Cindy Wooden y Junno Arocho Esteves
Catholic News Service

CIUDAD DEL VATICANO  -- La Pascua es una fiesta de esperanza, una celebración de la misericordia de Dios y un llamado a orar y a ayudar a todos los que sufren, dijo el papa Francisco antes de pronunciar su bendición solemne "urbi et orbi" (a la ciudad y al mundo).

El Jesús resucitado "nos hace personas que comparten la vida inmortal de él y nos capacita para ver con sus ojos de amor y compasión a aquellos que tienen hambre y sed, a los desconocidos y presos, a los marginados y rechazados, a las víctimas de opresión y violencia", dijo el papa el 27 de marzo después de celebrar la Misa matutina de Pascua.

La Pascua en Roma amaneció clara y brillante; en la Plaza de San Pedro los escalones que llevan a la basílica fueron convertidos en abundantes jardines con miles de tulipanes, narcisos y arbustos florecientes.

En la mañana de la Pascua el papa no ofrece una homilía. En vez, con sus manos juntas en oración y cabizbajo, él lideró las decenas de miles de personas en la plaza en una reflexión silenciosa.

Después de la Misa, antes de ofrecer su solemne bendición, el papa Francisco dijo que la Pascua debe darle a la gente la valentía de "abrir caminos de reconciliación con Dios y con todos nuestros hermanos y hermanas".

Hablando del poder de Cristo sobre la muerte y el pecado, el papa oró para que el Señor toque lugares del mundo marcados por la guerra, el terrorismo, la pobreza y la destrucción ambiental.

"El Cristo resucitado apunta a caminos de esperanza hacia la querida Siria, país rasgado por un largo conflicto, con su estela de destrucción, muerte, desprecio por la ley humanitaria y la descomposición de la concordia civil", dijo el papa. "Al poder del Señor resucitado confiamos las conversaciones que ahora están en curso".

"El oró para que la Resurrección "supere los corazones endurecidos y promueva un fructífero encuentro entre pueblos y culturas", particularmente en Irak, Yemen, Libia y Tierra Santa.

"Que el Señor también acompañe los esfuerzos de lograr una solución definitiva a la guerra en Ucrania, iniciativas inspiradoras y sustentadoras de la ayuda humanitaria, incluyendo la liberación de aquellos que están detenidos", él oró.

En la Pascua y durante todas las liturgias precedentes de la Semana Santa, el papa Francisco mostró una preocupación principal por el destino de los refugiados y migrantes que huyen de la violencia y la pobreza y por los cristianos que enfrentan persecución en el Oriente Medio y en otras partes del mundo.

El 25 de marzo, durante el servicio de Viernes Santo en el Coliseo Romano, después de presidir el Vía Crucis, el papa ofreció una larga meditación sobre cómo Cristo sigue siendo despreciado, torturado y crucificado en la gente que sufre en todo el mundo.

Celebrando la Vigilia de Pascua el 26 de marzo, el papa Francisco dijo que la Pascua es una celebración de esperanza, una que debe comenzar dentro del corazón de cada cristiano.

"Cristo quiere venir y llevarnos de la mano para sacarnos de nuestra angustia", él dijo durante su homilía. "Esta es la primera piedra a ser movida a un lado esta noche: la falta de esperanza que nos aprisiona dentro de sí mismos. Que el Señor nos libere de esta trampa, de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiese resucitado, como si nuestros problemas estuviesen al centro de nuestras vidas.

"Hoy es la celebración de nuestra esperanza, la celebración de la verdad: nada ni nadie podrá jamás separarnos de su amor", dijo el papa.

"El Señor está vivo y quiere ser buscado entre los vivos", dijo el papa Francisco. "Después de haberlo encontrado, cada persona es enviada por él a anunciar el mensaje de la Pascua, a despertar y resucitar la esperanza en los corazones agobiados por la tristeza, en aquellos que luchan para encontrar significado en la vida. Esto es tan necesario hoy día".

Durante la Vigilia Pascual el papa Francisco bautizó a ocho mujeres y cuatro hombres, incluyendo a Yong-joon Lee, embajador surcoreano ante Italia, quien tomó el nombre bautismal de Esteban. La esposa del embajador, tomando el nombre Estela, también fue bautizada. Los demás catecúmenos provenían de Italia, Albania, Camerún, India y China.

Uno a uno, los catecúmenos se acercaron la papa, quien les preguntó si querían recibir el bautismo. Después de responder "sí, quiero", ellos inclinaron sus cabezas mientras el papa, usando una concha plateada, derramaba agua sobre sus frentes.

Confirmando a los 12 durante la vigilia, el papa pidió que los cardenales, obispos y sacerdotes presentes se le unieran levantando las manos y orando sobre los recién bautizados para que Dios los enviara con el Espíritu Santo sobre ellos.

Al principio de la vigilia, después de la bendición del fuego pascual, el papa entró a la basílica oscura, suavemente iluminado por la luz del cirio pascual.

Durante su homilía, reflexionando sobre el relato de la Pascua en el Evangelio de San Lucas, el papa señaló que los discípulos dudaron del testimonio de las mujeres que regresaban de la tumba vacía.

Pedro, él dijo, fue el primero en levantarse y correr hasta la tumba, optando por no "sucumbir ante el sombrío ambiente de esos días, ni estaba abrumado por sus dudas".

"Esto marcó el comienzo de la resurrección de Pedro, la resurrección de su corazón. Sin ceder ante la tristeza ni la oscuridad, él hizo espacio para la esperanza; él permitió que la luz de Dios entrara en su corazón, sin apagarla", dijo el papa.

Como Pedro y las mujeres, él añadió, los cristianos no pueden descubrir la vida estando "faltos de esperanza" ni "aprisionados dentro de sí mismos", sino que en vez tienen que permitir que Cristo traiga vida y abra rompiendo sus tumbas, selladas con "las piedras de nuestro rencor y las piedras de nuestro pasado".

Aunque los problemas siempre quedan, el dijo, la resurrección de Jesús es un cimiento seguro de la esperanza cristiana y no "mero optimismo ni una actitud psicológica ni un deseo de ser valiente".