María, Madre de Misericordia

Guíanos hacia tu Hijo, fuente de Misericordia

Por Pedro A. Moreno, OP
Director, Oficina de Ministerio Hispano

Madre de Misericordia es uno de los títulos que la Iglesia le da a la Virgen María que tiene un significado especial y que toma un lugar especial en este momento en que comenzamos el Año Santo, Jubileo de la Misericordia.

El mes de diciembre, comienzo del Adviento y comienzo del Año Santo, Jubileo de la Misericordia, honra a la Madre de Dios con varios momentos especiales. En adición al primer sábado de mes, siempre dedicado a la Virgen María, también nos ofrece dos celebraciones más a la Santa Madre de Dios que toman un enfoque especial a la luz del Año de la Misericordia: Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, y Nuestra Señora de Guadalupe, el 12 de diciembre.

María es el camino a través del cual la Misericordia Divina llega a nosotros y las celebraciones de la Inmaculada y la Guadalupe son Foto CNS/Victor Aleman, Vida-Nueva.com.fiestas marianas íntimamente conectadas a la Misericordia de Dios.

¡Gracias María por el haber dicho si a Dios, gracias por aceptar ser el camino de Dios para llegar a nosotros!
La tentación que a menudo afecta a algunos que aún no conocen bien su fe es el de celebrar más el camino por el cual nos llega la Misericordia Divina que la llegada de la Misericordia Divina a nuestras vidas.

María, madre del Señor y madre espiritual de toda la Iglesia, ejemplo y modelo de lo que significa ser discípulo orante y servicial del Señor, nos acerca cada vez más a su Hijo y tiene muchos títulos válidos y reconocidos por la Iglesia.

Algunas personas en su entusiasmo comienzan a darle a María títulos y honores que son más propios de su Hijo. Ejemplo de este es el deseo de algunos de reconocer a María como Co-Redentora. La Iglesia Católica, en los documentos del Concilio Vaticano II, nos ofrece unos parámetros para la devoción a la Virgen, aquí les ofrezco un pedacito del capítulo 8 de Lumen Gentium, párrafo 67:

“El concilio… exhorta encarecidamente a los teólogos y a los predicadores de la palabra divina a que se abstengan con cuidado tanto de toda falsa exageración cuanto de una excesiva mezquindad de alma al tratar de la singular dignidad de la Madre de Dios. Cultivando el estudio de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y Doctores y de las liturgias de la Iglesia bajo la dirección del Magisterio, expliquen rectamente los oficios y los privilegios de la Santísima Virgen, que siempre tienen por fin a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad. En las expresiones o en las palabras eviten cuidadosamente todo aquello que pueda inducir a error a los hermanos separados o a cualesquiera otras personas acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia.”

La Iglesia desea no confundir más a nuestros hermanos en otras Iglesias con respecto a nuestra devoción a MaríaMaría no nos redimió. Cristo es el único y exclusivo salvador y redentor de la humanidad.

Pero volviendo a un título ya aprobado y totalmente valido de la Virgen, la Madre de Misericordia, escuchemos lo expresado por el Santo Papa Juan Pablo II hace 35 años este mes en su carta Sobre la Misericordia Divina, número 9:

“Nadie ha experimentado, como la Madre del Crucificado el misterio de la cruz, el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el « beso » dado por la misericordia a la justicia.  Nadie como ella, María, ha acogido de corazón ese misterio: aquella dimensión verdaderamente divina de la redención, llevada a efecto en el Calvario mediante la muerte de su Hijo, junto con el sacrificio de su corazón de madre, junto con su «fiat» definitivo. María pues es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es.”

Trece años más tarde el Santo Papa Juan Pablo II nos vuelve a hablar en su carta “El Esplendor de la Verdad sobre María como nuestra Madre de la Misericordia” en su número 118:

“María es Madre de misericordia porque Jesucristo, su Hijo, es enviado por el Padre como revelación de la misericordia de Dios. Él ha venido no para condenar sino para perdonar, para derramar misericordia. Y la misericordia mayor radica en su estar en medio de nosotros y en la llamada que nos ha dirigido para encontrarlo y proclamarlo, junto con Pedro, como «el Hijo de Dios vivo». Ningún pecado del hombre puede cancelar la misericordia de Dios, ni impedirle poner en acto toda su fuerza victoriosa, con tal de que la invoquemos. Más aún, el mismo pecado hace resplandecer con mayor fuerza el amor del Padre que, para rescatar al esclavo, ha sacrificado a su Hijo: su misericordia para nosotros es redención.”

Al celebrar la Inmaculada Concepción de la Virgen María celebramos como la misericordia de Dios que purifica de todo pecado se le adelanto a María desde el momento en que ella fue concebida en el vientre de Ana, su mama.

Al celebrar a Nuestra Señora de Guadalupe celebramos como la misericordia de Dios busca manifestarse incluso con las poblaciones más humildes y sencillas. La imagen de Guadalupe expresa la accesibilidad de Dios y como María es su madre. Los falsos dioses de los indígenas, conocidos por sus supuestas exigencias de sacrificios vacíos de toda misericordia, son descartados y el Dios verdadero de la vida y el amor viene a visitar al pueblo y nace de María Guadalupe.

María es nuestra Madre de Misericordia.

Oración escrita por San Juan Pablo II a María, Madre de Misericordia.

María,
Madre de misericordia,
cuida de todos para que no se haga inútil
la cruz de Cristo,
para que el hombre
no pierda el camino del bien,
no pierda la conciencia del pecado
y crezca en la esperanza en Dios,
«rico en misericordia» (Ef 2, 4),
para que haga libremente las buenas obras
que él le asignó (cf. Ef 2, 10)
y, de esta manera, toda su vida
sea «un himno a su gloria» (Ef 1, 12).

Amen.