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Summer is almost here! Register your child for an unforgettable week at Our Lady of Guadalupe Catholic Youth Camp.

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Blessing for the OKC National Memorial 20th Anniversary Ceremony

Archbishop Paul S. Coakley
Archdiocese of Oklahoma City
April 19, 2015

Lord God, we lift our hearts in prayer and remembrance this beautiful day. We praise you for your faithfulness and love. We are standing on holy ground. This place has been consecrated and made forever sacred by the lives of your children who suffered and died here, and by the countless acts of kindness and service of so many who came to the aid of their neighbors, coworkers, friends and even strangers twenty years ago today.

 

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2015 Priest Assignments

Archdiocese of Oklahoma City
Priest assignments effective July 1. 2015

Retirement
Fr. Dominic Hoang
Fr. Charles Murphy
Fr. Joseph Ross

Pastor
Fr. Krupavara Prasad Boddu             Holy Name of Jesus, Chickasha (St. Peter, Lindsay)
Fr. Gregory Nguyen                        St. Andrew Dung-Lac, OKC
Fr. Balraj Sagili Jusudas                   Sacred Heart, Alva (St. Cornelius, Cherokee, Our Mother of Mercy, Waynoka)
Fr. Cory Stanley                             Prince of Peace, Altus (St. Helen, Frederick)
Fr. Shane Tharp                             Blessed Sacrament, Lawton
Fr. James A. Wickersham                 St. Mary, Guthrie (St. Margaret Mary, Crescent)

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Travel to the World Meeting of Families & see Pope Francis!

 

The Archdiocese of Oklahoma City has arranged a pilgrimage to Philadelphia from Sept. 22-28, 2015, to participate in the World Meeting of Families with the Papal Visit and Mass.

Don't miss out!

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Videos

 

Podcasts

Archbishop Coakley shares his story of faithPodcast
by Archbishop Paul Coakley
Archbishop Paul Coakley was raised in a Catholic family. But when he went to college, his life soon went adrift. Last month, our archbishop spoke at a conference in Minnesota, where he told the very personal and compelling story of how the Lord gradually led him back. (It may take a few minutes to load.)
Date: 11/5/14
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Let mercy season justice

Archbishop Paul S. Coakley

 Like most Americans old enough to remember April 19, 1995, I recall the moment when I learned of the devastating blast that destroyed the Alfred P. Murrah Federal Building in Oklahoma City. It was the worst act of terrorism ever committed on U.S. soil up to that time, claiming the lives of 168 innocent men, women and children, plus the lives of several unborn children killed in their mothers’ wombs. In truth, those numbers hardly begin to tell the whole story of those affected that terrible day. The rest of the story would tell of the survivors who were injured and those who walked away, the first responders, the families, the members of the media, clergy and counselors, and so many others who were touched and changed forever that day.

 I was living in Kansas at that time. And, like people all over the world who followed the story, I was profoundly moved by the way this community responded to such unspeakable violence and evil. Those tragic days brought out the best in this community and its people. A remarkable spirit of kindness, hospitality and care for one another and for strangers was on display before the world. That spirit of solidarity has come to be known as the Oklahoma Standard. It was a light shining in darkness.

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Dejemos que la justicia sea sazonada con la misericordia

Arzobispo Pablo S. Coakley

 Como la mayoría de los estadounidenses de edad suficiente para recordar el 19 de abril 1995, recuerdo el momento en que me enteré de la devastadora explosión que destruyó el edificio federal Alfred P. Murrah en Oklahoma City. Fue el peor acto de terrorismo jamás cometido en suelo estadounidense hasta ese momento, cobrando la vida de 168 hombres inocentes, mujeres y niños, además de la vida de varios niños no nacidos muertos en el vientre de sus madres. En verdad, esos números apenas comienzan a contar toda la historia de los afectados ese día terrible. El resto de la historia hablaría de los sobrevivientes que resultaron heridos y los que se fueron a pie, los primeros rescatistas, las familias, los miembros de los medios de comunicación, el clero y los consejeros, y tantos otros que fueron tocados y cambiados para siempre ese día.

 Yo estaba viviendo en Kansas en ese momento. Y, al igual que la gente de todo el mundo que siguieron la historia, me conmovió profundamente la forma en que esta comunidad respondió a esa malévola e indescriptible violencia. Esos trágicos días hicieron florecer lo mejor de esta comunidad y su gente. Un notable espíritu de amabilidad, hospitalidad y el cuidado por los demás y por los extraños se exhibió ante el mundo. Ese espíritu de solidaridad ha llegado a ser conocido como el estándar de Oklahoma. Fue una luz que brilla en la oscuridad.

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Escuelas Católicas: Comunidades de fe, conocimiento y servicio

Amo a nuestras Escuelas Católicas. Me hacen sentir orgullosos de esta Arquidiócesis. Cada año espero con interés la oportunidad de visitar a cada una de nuestras escuelas. En esta edición del Sooner Catholic queremos compartir algunas de las razones por las que estamos tan orgullosos de nuestras escuelas. En anticipación de la Semana de las Escuelas Católicas (26 de enero al 1 de febrero) se encuentra un suplemento especial en las páginas que siguen celebrando nuestras Escuelas Católicas como Comunidades de Fe, Conocimientos y Servicio. Esta celebración anual ofrece una oportunidad para afirmar, promover y renovar nuestro compromiso con la misión importante de la educación Católica.

La Iglesia en Estados Unidos ha sido bendecida con la red más fuerte de Escuelas Católicas de cualquier parte del mundo. Además de las muchas finas escuelas fundadas y atendidas por las congregaciones religiosas, nuestro sistema nacional de escuelas parroquiales Arquidiocesanas y Diocesanas no tiene igual.

Las Escuelas Católicas son una parte muy importante de la historia de la Iglesia en los Estados Unidos. De manera significativa, la primera santa nacida en Estados Unidos, Sta. Elizabeth Ann Seton, estableció la primera escuela parroquial en los Estados Unidos. Fue San Juan Neumann, el primer obispo estadounidense en ser canonizado, quien estableció el primer sistema de escuelas diocesanas y sentó las bases de un legado de educación católica que perdura hasta nuestros días.

La fuerza de nuestras Escuelas Católicas es un testimonio de la determinación y el compromiso de nuestros antepasados de entregarle la fe católica a la próxima generación. El clima cultural de la época era a menudo hostil a los católicos, especialmente los católicos inmigrantes. Reconocieron que, además de proporcionar una excelente educación para sus hijos Escuelas Católicas también proporcionan una manera para ellos para transmitir sus valores más importantes, costumbres y creencias a la siguiente generación. Entonces y ahora la primera y principal misión de las Escuelas Católicas es la transmisión de la fe a través de una educación y formación integral de la persona. Las Escuelas Católicas existen para formar discípulos de Jesucristo, que están preparados para vivir su fe y cumplir su misión al servicio de la Iglesia, familia y sociedad. Buenos Católicos son buenos ciudadanos. Siempre ha sido así. Las Escuelas Católicas son insuperables como comunidades de fe, conocimientos y servicio a los demás.

Nunca ha sido fácil el mantener a nuestras Escuelas Católicas. Han florecido gracias al compromiso compartido de padres, congregaciones religiosas de hombres y mujeres y, por supuesto, párrocos y feligreses. En años posteriores, los profesores y personal no docente laical han contribuido con su enorme energía y talento. Todos compartían la convicción de que el sacrificio por las Escuelas Católicas vale la pena. Son una buena inversión. La educación católica ofrece un servicio insustituible a los padres en la proveer la educación, especialmente la educación religiosa, a sus hijos.

Directa o indirectamente, todos nosotros nos beneficiamos de las Escuelas Católicas. Con el fin de garantizar que la educación Católica se encuentre disponible en nuestra arquidiócesis para las generaciones futuras tenemos que asumir nuestra responsabilidad compartida para preservar y fortalecer el legado que hemos recibido de aquellos que vinieron antes que nosotros. Somos los beneficiarios de los sacrificios de los demás. Y tenemos que pensar en los que vendrán después de nosotros.

No podemos dejar que los padres de los niños de las Escuelas Católicas de hoy tengan que asumir a solas el costo total de la educación católica. Para la mayoría de las familias estaría simplemente fuera de su alcance. Las Escuelas Católicas no pueden ser sólo para unos pocos privilegiados que puedan pagarlos. Nuestras Escuelas Católicas han prosperado porque los Católicos han reconocido y aceptado que lo que se requiere es un compromiso compartido y un sacrificio compartido. El futuro depende de nuestra capacidad de mantener este espíritu de mayordomía, o buena administración de nuestros bienes.

Si somos capaces de igualar la creatividad y la gestión que caracterizó la dedicación y el apoyo de las Escuelas Católicas de nuestros antepasados, entonces el futuro de la educación Católica en la Arquidiócesis de Oklahoma City será realmente brillante. Ahora es nuestro turno.